THE OBJECTIVE
Cultura

Picasso, un poeta tras los pinceles

La editorial Akal da a conocer el ejercicio poético del artista malagueño, con un recorrido por 24 años de sus textos

Picasso, un poeta tras los pinceles

El artista español Pablo Picasso.

La multidisciplinariedad ha sido la característica de muchos artistas a lo largo de la historia. El Renacimiento trajo consigo ese creador total, que podía entregarse a la mayoría de las disciplinas y que sólo renunciaba a una cosa; la mediocridad. La especialización no era, como en la tecnocracia de hoy, un valor reverenciable. El refrán que reza: «La vida es demasiado corta para ser bueno en más de una sola cosa», no hacía cuerpo en tipos como Miguel Ángel, Leonardo o -por variar de las Tortugas Ninja- el gran François Rabelais; a quien debemos la parábola de la Abadía de Thelema en su magnífico Gargantúa (1534). El lema era: «Haz tu voluntad», y la voluntad, caprichosa, encontraba muchas formas de hacerse.

Con el devenir de los años, tan ambicioso leitmotiv fue cayendo en desuso. Quizás por incapacidad. Quizás por pereza. Seguramente por contexto, el sectarismo y la denotación fueron infectando a quienes, antaño, aspiraban al todo como única forma de aspiración. Pero en el siglo XX hubo quien, todavía, conservó el espíritu renacentista y practicó una enmienda a la totalidad reviviendo en sí el papel de creador absoluto. Picasso fue uno de esos hombres.

No merece la pena entretenerse bañando en alabanzas al artista malagueño. Sus obras y su figura son de sobra conocidas. También su talante megalómano y el egocentrismo narcisista que desprendía como el sudor ácido de un curtidor indio. Tampoco es menester escarbar en esa etiqueta sepulturera que pretende ahora denostar su arte por ser un machista. El asunto es que, lejos de la ponzoña que se haya derramado sobre su recuerdo, o de las constantes salvas preñadas de devoción que han recibido sus obras, Picasso fue lo que fue: un creador incombustible. Siempre poseído por un impulso que lo sometió hasta su muerte. De dicha incontinencia, nació su reconocida pintura, su admirada escultura o su imitadísima escenografía, pero, maldita sea, no se podía quedar tranquilo, también le tuvo que dar por escribir…

Almanaque de textos

La editorial Akal ha decidido publicar el libro Pablo Picasso, escritos (1935-1959). Un almanaque de los textos del artista que descubre, tal vez no la última pieza, pero seguro una importante, de la cosmología creativa en la que buceó. Y, ¿por qué decidió Picasso repantigarse en la orilla literaria? Pues, según dijo el historiador de arte y divulgador cultural, Miguel Ángel Cajigal (@Elbarroquista), durante la presentación del libro en Madrid: «Porque se aburría». Así de tajante se expresó el académico quien destacó en la figura de Picasso un obsesivo laboral que necesitaba de la actividad creadora tanto como de la sexual.

Cajigal, en un tono hipotético -pero altamente verosímil- también relacionó mucho la actividad literaria de Picasso -principalmente poética- con su artista de cabecera: Miguel Ángel. El ya mencionado «hombre del renacimiento» por excelencia, no sólo dejo para la posteridad una ristra de obras escultóricas, pictóricas y arquitectónicas, sino también una firme y lúbrica obra poética de austera y enérgica condición. Cosa que Picasso, en vista de su, como dijo el divulgador, olfato sibilino que «no dejaba nada al azar», quizás intentó emular como si él fuera una especie de reencarnación moderna del autor de El David.  

En una línea más objetiva, Cajigal también estableció conexiones entre el impulso literario del «artista francés nacido en Málaga» y sus compañías. Al fin y al cabo: «El ecosistema de Picasso era muy poético. Se rodeó siempre de poetas, mucho más que de artistas quienes, por lo general, lo temían. André Breton fue uno de sus amigos y referentes literarios, cosa que se deja ver en la naturaleza surrealista de la obra escrita por Picasso. Aunque los temas, en el caso del malagueño, son sobre todo España y su cultura popular, los toros, la mujer y el mediterráneo». Y, realmente, no debería sorprendernos que Picasso tuviera dotes literarias. Como señaló Elbarroquista: «Picasso se autodefinía muy bien. Sabía ser mordaz al hablar de otros artistas y tenía un juego verbal que volvía loca a la prensa. Les daba justo lo que querían».

Efectos figurativos

Ahora, sí cabe destacar, respecto a la emoción que descargan los textos de Picasso, un hecho que se reproduce asiduamente en las mareas culturales. Cualquier cosa que se alumbre, si proviene de una de las vacas sagradas del arte -sea cual sea el dominio-, se la halaga hasta lo indecible. Con esto no pretendo decir que los poemas de Picasso sean mediocres. En absoluto. Pero sí que estudiosos y editores serían capaces de decir que sus pedos componían arias mejores que las de Wagner. En cuanto se lee que Picasso escribió: «Los ojos de una mariposa reposan sobre su vestido de manzana», a todos se les caen los cojones al suelo. Si fuese, en cambio, su sobrino rarito, pero simpático, quien les recitara esos versos, lo más seguro es que le manosearan el hombro compadeciéndolo con cariño para, a renglón seguido, recomendarle un grado muy apañado de informática. Quizás, si el mozo es avispado, la carrera de Derecho. Desafortunadamente, en la poesía o en el arte pictórico, seguramente más que en ninguna otra disciplina, el nombre va por delante de la obra.

Lanzada esta piedra, hay que decir que la obra poética de Picasso es muy rica en figuras literarias. Seguramente, su valor más destacado es la capacidad para formular efectos figurativos, casi como cuadros suspendidos en el aire a los que damos cuerpo dejándonos arrastrar por sus versos. En un sentido más crítico, es increíblemente rimbombante. Sus textos están muy sobrecargados y padece con un ritmo asfixiante -desvestido de puntuación- que, sin duda, proviene de la naturaleza automática de sus escritos. Dicho esto, no cabe duda de que deja frases fabulosas, como las de un poema, quizás el único de corte marcadamente autobiográfico, donde asegura: «Esta es la historia yo nací de un padre blanco y de un vasito de aguardiente andaluz». O asume su dependencia hacia la pintura diciendo: «La pintura es más fuerte que yo me hace hacer lo que quiera».

Para más Picasso, vayan a la obra editada por Akal. Allí no solo encontrarán literatura, sino también dibujo, pues no son pocos los ejemplos de textos emborronados custodiados en los márgenes por figuras cubistas que, en sí mismas, ya son una firma del autor. Déjense poseer por un Pablo, quizás, desconocido. Pues bien sea para maravillarse, o criticarlo, lo que está claro es que el artista dejó una lección que ya se intuía con su pintura y escultura, pero que confirma en su literatura: hay que ir a por todas.

Pablo Picasso, escritos (1935-1959)
Editorial Akal Comprar
Publicidad
MyTO

Crea tu cuenta en The Objective

Mostrar contraseña
Mostrar contraseña

Recupera tu contraseña

Ingresa el correo electrónico con el que te registraste en The Objective

L M M J V S D