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'Dune, parte dos': espectacular ciencia ficción sobre mesías y tramas políticas

El canadiense Denis Villeneuve regresa a la obra de Frank Herbert con una segunda entrega tan brillante como potente

‘Dune, parte dos’: espectacular ciencia ficción sobre mesías y tramas políticas

Rebecca Ferguson como Jessica Atreides en la película. | Warner Bros

Hay tres adaptaciones al cine de Dune, el hito de la literatura de ciencia ficción de Frank Herbert (1920-1986): la inexistente, la fallida y la que podríamos considerar como definitiva. De esta última, nos llega ahora la espectacular y estupenda segunda entrega, dirigida como la primera por el canadiense Denis Villeneuve (Trois-Rivières, Quebec, 1967), que retoma la odisea de su protagonista, Paul Atreides, justo donde la dejó la anterior con su final abierto. 

La adaptación inexistente es la que no consiguió rodar en la década de los setenta del siglo pasado Alejando Jodorowsky, tras años de minuciosa preparación. En 2013 Frank Pavich presentó Jodorowsky’s  Dune un magnífico documental sobre el ambicioso y delirante proyecto fallido: Salvador Dalí tenía que interpretar al emperador, Pink Floyd compondría la banda sonora, H. R. Giger y Moebius colaboraron en el diseño de producción…

En cuanto a la adaptación fallida, es la que sí consiguió rodar en 1984 David Lynch, pero acabó en desastre por desavenencias con el productor, Dino de Laurentiis, que recortó tanto la versión final que a ratos se hacía difícil comprender la compleja trama. Además, esa tentativa se enfrentó a un segundo problema muy serio: en aquel entonces los efectos digitales no estaban preparados para tamaño reto y eso pasó evidente factura. 

En cuanto a Denis Villeneuve, ya había demostrado sus dotes para la ciencia ficción de gran presupuesto y gran nivel cinematográfico con La llegada y Blade Runner 2049, que lo colocaban como el director idóneo para afrontar el difícil reto de adaptar Dune. La primera decisión sensata que tomó fue entender que no se podía sintetizar en una única película de duración estándar la enrevesada saga literaria de Frank Herbert. Nos llega ahora la segunda entrega, de nuevo con final abierto, y será necesaria como mínimo una tercera para cerrar el arco narrativo de Paul Atreides, el heredero de un clan familiar aniquilado en las guerras imperiales de un futuro lejano y cuyo destino es convertirse en el líder y mesías de una revolución en el remoto planeta Arrakis. 

No es tarea fácil trasladar a la pantalla las múltiples capas del universo imaginado por Frank Herbert. El autor publicó el primero de los cinco volúmenes de Dune en 1965 y la novela es un destilado de los temas que formaban parte de las corrientes culturales –y sobre todo contraculturales– de esa época: fascinación por las espiritualidades orientales, experimentación con la alteración de la conciencia mediante alucinógenos, interés por la ecología y la conexión con la naturaleza, y denuncia de las conspiraciones políticas… Herbert aborda de una forma inusualmente compleja para la ciencia ficción temas como las maquinaciones y equilibrios del poder político (las conspiraciones del emperador que enfrenta a los clanes; la enorme influencia en la sombra de la hermandad femenina de las Bene Gesserit). Y también el asunto de la lucha por la posesión de los codiciados recursos naturales que se vende como supuesta guerra patriótica o santa (la preciada especia, que se recolecta en las arenas de los desiertos de Arrakis). 

Escena de la película. | Warner Bros

El desierto de Arrakis

El worldbuilding de Herbert entrecruza la ciencia ficción más futurista con un imaginario que toma elementos medievales como clanes, hermandades e imperios (algo que ya estaba presente en el pionero de la ciencia ficción Rice Burroughs —Una princesa de Marte— y en los cómics de Flash Gordon). Además, el escritor creó elementos de gran impacto como los gusanos gigantes que se mueven bajo las arenas del hostil desierto de Arrakis. 

En la primera parte de su adaptación a la pantalla, Villeneuve conseguía hacer inteligible para el espectador todo este complejo tablero político de clanes e intereses, dosificando muy bien la información necesaria sin que eso afectara al ritmo narrativo de la película. En esta segunda parte, con los contendientes ya presentados y las reglas del juego ya establecidas, se centra en desarrollar la acción y en construir la personalidad de Paul Atreides (interpretado por un convincente Timothée Chalamet). En esta entrega, el escenario principal es el desierto de Arrakis, poblado por los primitivos y muy religiosos fremen, que acogen a Atreides como un mesías redentor anunciado en sus profecías.  

Este tipo de propuestas centradas en un elegido para liderar una misión son un clásico en la literatura y el cine de género. Siempre corren el peligro de desprender cierto tufillo fascistoide, algo de lo que Villeneuve es consciente y por eso tiene la picardía -la inteligencia- de confrontar este elemento mesiánico con las maquinaciones políticas y los intereses de dominio que se ocultan detrás de los dogmas de la fe. En esta segunda parte, gana mucho protagonismo el personaje interpretado por Javier Bardem, una suerte de profeta del mesías llamado a liderar a los fremen en su revuelta contra losa dominantes y sanguinarios harkonnen. 

Escena de la película. | Warner Bros

Imaginario fascista

Es precisamente con los harkonnen con los que el director vuelca todo el imaginario fascista: hay planos de masas convocadas ante su líder (el siniestro barón al que da vida un perturbador Stellan Skarsgard) que están calcados de El triunfo de la voluntad de Leni Riefenstahl, el famoso documental que encumbró a Hitler como führerLos malvados Harkonnen dan pie a algunas de las secuencias más potentes de la película, como una rodada en un impactante blanco y negro y ambientada en un estadio que remite al circo romano y los rituales sacrificiales de los gladiadores. El protagonista de esa escena es el psicótico sobrino del barón, interpretado por un impresionante Austin Butler (calvo y sin cejas, sin el tupé de Elvis).

Cartel de la película. | Warner Bros

Como en la primera parte, se combinan con sabiduría las escenas de espectacular acción con otras íntimas, en las que los personajes se relacionan y filosofan. En esta entrega hay en el apartado de la acción tanto batallas resueltas de forma brillantísima (destaca el ataque a una cosechadora de especia en el desierto) como las protagonizadas por los gusanos gigantes que se mueven bajo la arena. La parte íntima se dedica sobre todo la construcción mística y política del liderazgo mesiánico de Paul Atreides. Este es el camino para los blockbusters: el que marcan cineastas como Villeneuve (y Nolan). Dune, parte dos tiene una factura impecable, está bien narrada, los efectos especiales y digitales están siempre al servicio de la historia, se trabaja la espectacularidad, pero tratando al espectador como un adulto. Si les gustó la primera entrega, ya están tardando en meterse en una sala de cine con ganas de disfrutar la segunda.

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