The Objective
Historias de la historia

Anatomía de otro instante

Una foto de un joven aficionado fijó el instante de la explosión de una bomba, en la boda de Alfonso XIII y la princesa Ena

Anatomía de otro instante

La carroza de los reyes en el instante de la explosión, captado por un estudiante de 18 años.

Para los interesados por la historia, el final de noviembre ha tenido un protagonismo: el cincuentenario de la muerte de Franco, punto de partida de la transición hacia la democracia y asunto que todavía provoca tensiones entre las fuerzas políticas. Pero coincidiendo con la efeméride, buscando ese momento oportuno de interés público por nuestro reciente pasado, se han estrenado dos series españolas de televisión muy interesantes, Anatomía de un instante y Ena.

Anatomía de un instante es la recreación del golpe de Estado del 23 F. Toma el título del libro de Alejandro Cercas, que le sirve de base a su guion, articulado en torno a los tres protagonistas, Adolfo Suárez, Santiago Carrillo y el general Gutiérrez Mellado, que no se tiraron al suelo cuando los golpistas empezaron a disparar en el hemiciclo de las Cortes, mientras vociferaban: «¡Al suelo, todo el mundo al suelo!». Ese es el instante que Cercas interpretó agudamente, viendo en estos tres hombres erguidos con valor —mientras toda la clase política se escondía debajo de los escaños— los auténticos protagonistas de aquel milagroso paso de la dictadura a la democracia, hoy tan denostado por la izquierda.

La serie de cuatro capítulos, producida por Movistar Plus, es bastante rigurosa históricamente, de factura cinematográfica impecable y con unos actores que empatizan con el espectador, desde el rey Juan Carlos hasta el secretario general comunista Carrillo. Un nivel muy inferior de calidad cinematográfica ofrece la producción de Televisión Española Ena, aunque tiene la virtud de rememorar a un personaje tan desconocido de nuestra historia reciente como fue la reina Victoria Eugenia, y de llevarnos al principio de las convulsiones sociales y políticas que desembocarían en la Guerra Civil. Curiosamente, en la Galería de las Colecciones Reales se inaugura la semana que viene la exposición Victoria Eugenia, la primera que se dedica en España.

Ena es un biopic, una serie biográfica sobre la princesa británica que se casó con Alfonso XIII, convirtiéndose en reina de España. Pero en el primer capítulo hay una historia paralela, la de Mateo Morral, el terrorista que el día de la boda lanzó una bomba contra la carroza de los recién casados, provocando una masacre con 25 muertos y más de 100 heridos, aunque Alfonso y Ena salieron indemnes.

Ese brutal atentado ocurrió el 31 de mayo de 1906, pero si alguien piensa que eso queda demasiado lejos en el tiempo, debería leer el artículo Sumar pide anular la condena a un anarquista implicado en dos atentados contra Alfonso XIII, publicado por Luca Constantini en THE OBJECTIVE del pasado lunes 24 de noviembre, día del estreno de Ena.

Es obvio que un conglomerado de wokes, extrema izquierda clásica y abertzales lleva adelante una campaña de blanqueo de crímenes cometidos en nombre de la revolución, desde el terrorismo anarquista al etarra. En el primer capítulo de Ena se presenta a Mateo Morral como un ser tierno y compasivo, víctima de una madre ultracatólica, que intenta mejorar la situación de los obreros de la fábrica de su padre, un burgués adinerado.

Morral, lleno de buenas intenciones y con una gran confusión ideológica, acude en busca de orientación a Francisco Ferrer Guardia, el pedagogo anarquista catalán que sería fusilado en 1909 por instigador de la semana trágica de Barcelona, en la que murieron entre 100 y 150 personas. Ferrer Guardia es precisamente el anarquista cuya condena quiere anular el partido de Yolanda Díaz, como hemos señalado antes. Manipulado por unos y otros —y otras— Morral tira la bomba sobre el cortejo nupcial de Alfonso XIII y Victoria Eugenia. Luego será asesinado por los propios anarquistas para que no los delate, según la serie Ena, que no es nada rigurosa con la historia.

Diez pesetas por foto

Es precisamente ese momento trágico y sin retorno del lanzamiento de la bomba, el «otro instante» del que queremos hacer la anatomía. Porque si de la entrada de los golpistas de Tejero en las Cortes y la gallardía de Gutiérrez Mellado, Suárez y Carrillo tenemos la filmación de Televisión Española, del atentado contra el cortejo nupcial tenemos uno de los mejores testimonios fotográficos de la Historia, el equivalente en imagen fija de la retransmisión televisiva en directo del atentado de las Torres Gemelas de Nueva York en 2001.

La fotografía, que encabeza este artículo, fue publicada por el diario ABC al día siguiente del atentado. ABC tenía algo más que interés periodístico en el asunto, era lo que se llamaba un periódico «dinástico», es decir, que más allá de su ideología monárquica y conservadora, realizaba un auténtico activismo a favor de la figura de Alfonso XIII, la familia real y la Corona.

La boda de Alfonso y Ena era, además, algo que ABC consideraba un asunto propio, por la forma en que había maniobrado a favor de esa princesa. Luca de Tena, el propietario que ejercía de director, se enteró enseguida que Ena era la novia preferida por Alfonso XIII, y comenzó una campaña a su favor, publicando una fotografía en la que se mostraba su belleza, o artículos como el de Azorín que decía: «No podéis imaginaros una muchacha más linda, más delicada y espiritual que esta princesa rubia».

Pero el órdago fuerte fue la convocatoria de un concurso para que las lectoras de ABC —atención al acento feminista— votasen por su candidata. El 18 de agosto de 1905 publicó una página con los retratos de ocho bellas princesas, y las lectoras enviaron más de 72.600 «papeletas de votación» (véase Concurso de verano: elija reina de España, en Historias de la Historia, THE OBJECTIVE de 18 de agosto de 2024).

Como era de esperar, ganó la que ABC presentaba como favorita, Ena de Battenberg, que recibió 18.427 votos, 5.000 más que la segunda. Ese respaldo «del pueblo español» resultaría una baza definitiva para Alfonso XIII, con la que les hizo «tragar» a Ena tanto al Gobierno como a su temible madre, la reina María Cristina. Es explicable, por tanto, que Luca de Tena viera la boda de Alfonso XIII como asunto personal e hiciera un despliegue de reporteros gráficos insólito para la época. Sin embargo, ninguno de ellos estaba presente en la parte final de la Calle Mayor cuando a las 14.20, desde el cuarto piso del número 88 lanzaron un ramo de flores con una potentísima bomba en su interior. 

La deflagración fue terrible, el mismo terrorista resultó herido, y en los otros pisos del edificio hubo muertos, entre los que estaban la marquesa de Tolosa y la condesita de Adanero. Fallecieron ocho militares, pero sobre todo hubo una carnicería entre el pueblo que se agolpaba en las aceras. Sin embargo, la bomba no había alcanzado la carroza real. Los ocho caballos tordos que tiraban de ella se desbocaron, el cochero cayó del pescante, y los caballos atropellaron y mataron al primero del tiro, pero esto impidió que la carroza saliera corriendo desmandada. El rey salió por su pie y se puso a dar órdenes, dando muestras de su valor personal.

Una carroza de respeto recogió a la pareja real y Alfonso XIII ordenó al cochero: «A Palacio y despacio, muy despacio», para demostrar que no tenía miedo y tranquilizar a la gente con su serenidad. En la redacción de ABC estaban desolados, pero activos, había que sacar el periódico con la mejor información posible. No había más fotos del atentado que una de un caballo muerto. Pero alguien le dijo a Luca de Tena que había llegado un joven estudiante que insistía en hablar con el director. Por una corazonada lo recibió.

ABC había publicado que compraría por 10 pesetas cualquier foto que le llevasen de los acontecimientos nupciales. Y el chico en cuestión, un estudiante de medicina llamado Eugenio Mesonero Romanos, había salido por Madrid a la caza de imágenes con una máquina barata que le había regalado su padre. No había pillado ninguna buena instantánea, y con la última placa que le quedaba (ese era el soporte de las fotografías de entonces) se había ido a la Calle Mayor. Pero estaba tan nervioso por lo vivido allí que no sabía si había hecho su última foto antes o después de la explosión.

Luca de Tena ordenó revelar la placa, y cuando le trajeron la fotografía impresa resultó que ni antes ni después, la imagen captada era el momento de la explosión. Se podía ver el humo de esta, y los caballos de la carroza real espantados, aunque todavía no habían derribado al cochero. Incluso había otro caballo encabritado del que aún no se había caído el jinete. 

Era realmente la anatomía de un instante histórico.

Luca de Tena no le pagó 10 pesetas al estudiante, sino 300, y cuando publicó su foto al día siguiente escribió sin falsas modestias que era el éxito informativo «más grande que se conoce en los anales de la prensa universal». Sin embargo, Eugenio Mesonero Romanos no volvería a hacer ninguna foto de prensa, siguió sus estudios, se doctoró y sería jefe médico de la Beneficencia Municipal de Madrid.

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