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Cultura

Zenet: «Antes evocaba los géneros, ahora me he metido de cabeza»

El cantante presentará en directo su último disco, ‘Las manos y la voz’, en Zaragoza y Madrid

Zenet: «Antes evocaba los géneros, ahora me he metido de cabeza»

El cantante y actor malagueño Zenet. | EP

Toni Zenet rima con Tony Bennet, aunque el nombre artístico elegido por Antonio Mellado Escalona (Málaga, 1967) venga del apellido de raíces bereberes de su abuela. Moderno crooner de particularísima voz, inició en 2008 una carrera como cantante en solitario con un disco que fue  de boca en boca colándose en el corazón de la gente, Los mares de China, que tenía su aire de jazz, de chanson, de bolero, de tango, de son. La fusión no solamente está en su música sino en su vida, porque es cantante y también actor —el único que, de manera casual y a lo largo del tiempo, ha interpretado más veces a Pablo Picasso— y artista plástico y, además, ayuda a otros que, como él, han batallado con las adicciones. Jalona su carrera una decena de discos, el último de ellos, Las manos y la voz, que presentará en directo a partir de los próximos días —el 25 toca en Zaragoza, el 28 en Madrid, y suma y sigue desde ahí—. Cuando se le dice que hay que tener valor para sacar un disco cuya promoción casi coincide con la de Rosalía, contesta: «hacen más daño los culebrones políticos que los compañeros».

PREGUNTA.- Las manos y la voz se llama este disco, que, como suele pasar con los títulos, es una declaración de intenciones. ¿Qué ha querido decir?

RESPUESTA.- Este es quizás el más «360» de todos mis discos, poesía, música y creatividad van unidas. La portada es un cuadro mío, he hecho un collage por cada una de las 12 canciones. Es muy matérico. Siempre ha sido para mí una cosa extraña que la música sea de las artes que no se tocan. No se puede tocar físicamente, el único tacto que hay con la música es cuando notas tu voz que vibra, o con los instrumentos, cuando tocas y notas la vibración, pero se te escapa, es efímero. En cambio, cuando haces un cuadro, el cuadro queda.

P.- Es también pintor y actor, y en su música mezcla el folclore nuestro con el jazz, con la bossa nova, con el bolero, con el tango. Es usted la fusión en todos los sentidos.

R.- Con mi guitarrista anterior, José Taboada, cuya pérdida hace dos años fue muy, muy trágica, lo que hacía era evocar los géneros, no nos metíamos en ellos. Como en una cocina creativa: tienes una evocación a naranja, pero no es naranja lo que estás comiendo. Podíamos evocar —porque él era así tocando la guitarra— una armonía de tango, pero en cuanto la notabas, se te escapaba, y decías «ay, pero si parecía un tango». Eso no es fácil de hacer. Lo que he hecho en este disco es decir «de perdidos al río». Tengo que asumir la pérdida y voy a hacer lo que nunca me atreví a hacer. Voy a ir directo al centro del género. Voy a cantar un tango, y me he ido al especialista de tango mejor de todo Madrid, Raúl Chiocchio. Me he ido al mejor tocador de bossa nova, Arturo Lledó, que vive en El Escorial, y he ido buscarlo a su casa. Igual hice con Daniel Casares, guitarrista de clásico español que había hecho la gira con Dulce Pontes cantando fados. Fui a buscar los géneros a cada lugar.

P.- ¿Cómo trabaja en conjunto con estos especialistas?

R.- Hay algunos temas en este disco en los que la letra es completamente mía, como es el caso de Tan lejos, tan cerca y Mensajes borrados, que curiosamente hablan del móvil las dos. Están extraídas de mi diario personal y reconstruidas. Exceptuando ese caso, lo que yo suelo hacer es trabajar con tres poetas: Tito Muñoz, Magdalena Lasala —con la que hice Amarte en el disco anterior—, y Juanlu Mora, con el que hice La estación del momento. Los tres ya trabajaban conmigo de este modo, y me permite mucha libertad.

P.- ¿Cómo se inspira? ¿Es de los que se sientan a trabajar o las musas lo encuentran por ahí fuera? 

R.- Suelo tener mucho trabajo hecho. Tengo un cuaderno donde van cayendo un montón de ideas, de tal manera que vas a la cantera y en la cantera vas encontrando. En mi mochila siempre llevo donde apuntar. Voy con tiempo de sobra a los sitios y a las citas o a un ensayo, y una hora antes estoy en la cafetería más cercana, escribiendo. 

P.- Su formación es de actor. Y en esa faceta tiene esa cosa maravillosa de haber interpretado a Picasso de joven y de mayor. 

R.- Madre mía, qué fuerte. Es como un viejo amigo, son tres veces ya. Una con Juan Antonio Bardem [El joven Picasso, 1993], otra fue en El Ministerio del Tiempo y una última, hace unos meses, en un culebrón de las tardes que se llama La Moderna. Hago otras cosas, pero es verdad que esto es llamativo.

P.- ¿Cómo dio el salto de la actuación al canto?

R.- En tu época de estudiante no sabes cómo dar forma a tu carrera. Yo cantaba blues. Me gustaba mucho meterme en los conciertos de Tabletom y de Hermanas Sister de Málaga, o Danza Invisible, y me dejaban entrar a cantar algo con ellos. Entonces yo estaba estudiando Arte Dramático, pero estaba cantando también, y fue de manera natural. Cuando hice El joven Picasso, que fue un papel muy importante para lo inexperto que yo era —no había terminado los exámenes finales de Arte Dramático—, hago otras dos películas seguidas —Morirás en Chafarinas y La ley de la frontera—, pero por alguna razón hay un parón. En ese parón, digo «no puedo estar parado tanto tiempo». El dinero que había cobrado como joven Picasso tenía un límite, y me puse a cantar y a hacer un disco. Ahí surgió un grupito, Sur S.A., donde hacíamos un poco funky, todo muy andaluz, al estilo de La Barbería del Sur. Eran los tiempos en que Ketama estaba haciendo su fusión con los africanos. Y ahí le di forma al proyecto musical. 

P.- Como músico solista no se concreta la cosa hasta Los mares de China

R.- Sur S.A. estaba haciendo cosas, pero como éramos de autogestión, no llegamos a forjar nada. Yo maduro como músico —no sé si como persona— cuando escucho a Mayte Martín hacer boleros con Tete Montoliu. Estaba buscando una fórmula donde me sintiera cómodo. El jazz es un aceite de oliva que haces así, metes dos tensiones, dos acordes… Empiezo a escuchar el feeling cubano y escucho a Marta Valdés y digo ¿esto qué es? Empiezo a escuchar a todos los músicos cubanos que se fueron a Nueva York y digo: «aquí está la clave». No hay que cantar en inglés, se puede cantar en español teniendo estas armonías tan alucinantes que tiene Bill Evans y toda esta gente.

P.- Eso ha dicho siempre Santiago Auserón, con aquellos ritmos cantar en español.

R.- Estamos ahí pendientes a ver si hacemos algo. Me acabo de leer su libro Ars Sonora, que es una verdadera maravilla.

P.- Desde que empezó en solitario, ya hace 17 años, ¿ha cambiado la industria, o esos fueron los años en que ya había cambiado todo? 

R.- No había cambiado todavía. Empecé el proyecto Zenet tarde, con 45 años, ahora tengo 58. Estaban cambiando todos los soportes magnéticos, pero yo cuando llego la gente escuchaba CD, el boom de los móviles llega después. Me voy haciendo de un público analógico, y lo curioso es que ese público creció conmigo. También vienen a vernos muchos músicos jóvenes, y les gusta cómo toca mi contrabajista Lila Horovitz, o cómo toca el pianista Pepe Rivero. Y vienen muchos que se han educado en la Esmuc [Escuela Superior de Música de Cataluña] de Barcelona, como la Rosalía.

P.- O Las Migas

R.- O Las Migas, por supuesto, que acaban de ganar un Latin Grammy. Cuando empieza todo esto, yo arrastro un público que viene a verme pero que es un público analógico. Pero me adapto bien porque soy un tipo inquieto y no me importa hacer unas stories en redes. 

P.- La faceta de actor le ayudará. 

R.- Hay un peligro de hacer muchas cosas, y es que se difumina la comunicación. «Un tío que hace cinco cosas, tal, tal, tal y tal».

P.- En un mundo que pide especialización, lo suyo es todo lo contrario. 

R.- No puedo evitarlo. Soy TDAH [trastorno del déficit de atención] no diagnosticado en mi época, y me he ido haciendo de herramientas poco a poco en la vida. Por un lado, la gente como yo hemos sido vulnerables a un montón de cosas, como las sustancias, o automedicarse por falta de dopamina interna. Y por otro lado, hemos tenido que hacer una especie de traje de protección ante el mundo, porque somos los que llegamos tarde, los que no vemos el reloj, los que no podemos aprender cosas de memoria porque se nos olvidan. Yo he tenido la gran suerte de poder contar, al menos, con cierto talento, compartir con los demás y que eso me sirva para vivir. Pero no todo el mundo en mi situación ha podido ni puede. 

P.- Sus canciones sirven para enamorar, emocionan mucho. ¿El público se lo dice? ¿Tiene esa retroalimentación?

R.- La más potente de todas, la más espiritual, la más bestia, es la que ocurre en directo. Si a mí se me ponen los ojos vidriosos y yo te canto en este último disco frases como «Tú y yo nos quisimos con la furia de lo que nunca seremos». Nunca vamos a ser pareja, lo sabemos. Cuando tú cantas eso, y lo cantas en ese acorde delante del público, con esa emoción que te que te llena de aquí dentro y ves que la primera persona de la primera fila está sintiendo exactamente lo mismo porque le ha pasado algo parecido, esa es la Primera Comunión, eso es bestial.

P.- Ha mencionado que ha sido vulnerable a las sustancias. Lejos de evitar ese tema, dio un paso al frente en su momento, agarró esa bandera para ayudar a los demás. Sobre este tema hay tabúes, malentendidos y mucha ignorancia. ¿Qué piensa que la gente no acaba de entender sobre las adicciones? 

R.- La adicción es una enfermedad, crónica, mortal y que se niega a sí misma. La gente tiene que entender que es una enfermedad, y además así lo dice la Organización Mundial de la Salud. La gente piensa que la adicción es un problema de falta de voluntad, y esto no es así. Igual que el TDAH. Muchos TDAH acabamos siendo adictos, pero básicamente por un trauma del desarrollo. En muchas familias puede que no se den cuenta que están fraguando una adicción futura, porque con un apego inseguro, un apego ambivalente o un apego desestructurado está fraguando un futuro adicto. Siempre hay cuatro o cinco factores y si tienes la mayoría de ellos, vas a desarrollarla, el primero el factor genético. Yo tenía todos los factores para que eso ocurriera. 

P.- ¿En el debate de la legalización de las drogas entra? 

R.- Estamos ahora en un documental para hacerlo, precisamente, hablando de todas las caras de la enfermedad. Aquí hay una llamada muy importante a los servicios sociales de nuestra Seguridad Social, porque hay una demanda muy grande en una sociedad que clínicamente está mal, neurótica, sobremedicada. No lo digo yo, lo dicen todos los estudios del Plan Nacional de Drogas. Cualquiera que quiera leerlo lo puede hacer. Yo he hecho mi tratamiento con la privada, pero hay un montón de gente que no tiene medios. Por eso trabajo también con una fundación, la Fundación Hay Salida, del doctor Luis Carrascal. Se tienen que poner las pilas los políticos, hay que hacer algo. Porque si no, la privada absorbe todo esto, y si supieras el negocio que son las adicciones. Muchos grupos de inversión están empezando ya a invertir en ellas aprovechándose de un mal de la sociedad.

P.- ¿Piensa que las drogas tienen un prestigio que no deberían tener? 

R.- Es un debate grande. El problema de la adicción no está en la sustancia, está en la persona. No desviemos el foco. Ahora estamos volviendo a hacer las terapias psicodélicas porque en su día los estadounidenses describieron los psicodélicos, los enteógenos, con consecuencias muy graves dentro del DSM-5, [Manual Estadístico de los Trastornos Mentales, por sus siglas en inglés] cuando no era así en el DSM-3. Por culpa de eso, muchas personas no han tenido tratamiento para una depresión aguda endógena, y podían haberlo hecho si nuestra Seguridad Social tuviera microdosis de enteógenos para poder sacarlo de su depresión. 

P.- ¿Y a usted qué fue lo que más le ayudó? 

R.- Yo soy un caso muy común, donde suele ser la pareja o alguien cercano quien te da un ultimátum: «o haces algo o terminamos». «Tocar fondo», lo llamamos nosotros. Sin tocar fondo es muy difícil ingresarse. Trabajo todos los días con personas que o bien ya están en tratamiento, están ya encarrilados, o bien que vienen a informarse, y cuando les dices lo que tienen que hacer, piensan que no es el momento. Vienen un año después, dos años después, habiendo pasado ya barbaridades en su familia.

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