Lucio Junio Galión, el único español que aparece en la Biblia
Hermano de Séneca, este magistrado romano salvó a San Pablo de los judíos en Corinto

Fresco ortodoxo donde se muestra a San Pablo ante Galión.
No son muchas, pero las hay. En un puñado de ocasiones, la Biblia habla directa o indirectamente de España, o más bien de lo que hoy llamamos España. Los dos ejemplos más claros figuran en la Carta de san Pablo a los romanos, cuando informa a los habitantes de la Ciudad Eterna de que se dirigirá a Hispania y que, de camino, confía en poder visitarles.
Otros casos son las referencias a Tarsis, o Tartessos, una civilización localizada en el suroeste de la actual Andalucía entre los siglos XII y V a. C., y a la que se hace mención en el Génesis, en el primer libro de los Reyes, en el libro de las Crónicas, en el de Ester, en el Cantar de los Cantares y en algunos salmos. Además, también se hace referencia a la península ibérica con el término «Sefarad», mencionado en el libro de Abadías, uno de los profetas menores.
Galión, un patricio cordobés hermano de Séneca
Pero, más allá de estas referencias en algunos casos poéticas y en otras circunstanciales, solo hay un personaje en toda la Biblia que podamos considerar de origen español. Esta semana ahondamos en la figura de Lucio Junio Galión Anneano. Si este nombre no les suena, empezaremos diciendo que nuestro protagonista de esta semana era hermano de un tal Séneca, uno de los grandes intelectuales de la Antigüedad y tutor del emperador Nerón, y tío del poeta Marco Anneo Lucano, de quien ya hablamos hace unos meses.
El caso es que Galión nació en Córdoba en el año 3 antes de Cristo, aunque lo hizo con el nombre de Lucio Anneo Novato. Solo después de la muerte de su padre y de ser apadrinado por Lucio Junio Galión adoptó el nombre de Lucio Junio Galión. Pero, epítetos aparte, Galión hizo honor a su origen noble, el de una de las familias más importantes de la Bética, e inició el cursus honorum, esto es, el itinerario de cargos que ocupaban los patricios romanos en la vida pública.
Galión y San Pablo en Corinto
Tras unos años en la capital del Imperio, el césar Claudio envió a Galión a la región griega de Acaya, en calidad de procónsul. La capital de aquella zona era la ciudad de Corinto, escenario de intensa predicación por parte de un tal Saulo de Tarso. Aquel hombre, que había adoptado el nombre de Pablo, era el exponente más activo en la predicación de una nueva doctrina que era vista por los romanos como una mera escisión del judaísmo. Esta suerte de secta decía seguir a un tal Jesús de Nazaret, condenado a muerte por los romanos unos años antes.
El caso es que, estando Pablo en Corinto, los judíos de la ciudad le echaron mano y le llevaron ante el procónsul Galión. Así lo narran los Hechos de los Apóstoles, el libro del Nuevo Testamento donde se cuenta la vivencia de los primeros cristianos y la predicación de los discípulos de Cristo, con particular protagonismo de San Pablo:
«Galión era procónsul de Acaya cuando los judíos se amotinaron todos a una contra Pablo y lo condujeron al tribunal diciendo:
—Este induce a los hombres a dar culto a Dios al margen de la Ley.
Cuando Pablo se disponía a hablar, les dijo Galión a los judíos:
Judíos, si se tratara de un delito o de un grave crimen, sería razonable que os atendiera, pero si son cuestiones de palabras y de nombres y de vuestra Ley, os lo solucionáis vosotros; yo no quiero ser juez de estos asuntos». Y los expulsó del tribunal. Entonces, todos ellos agarraron a Sóstenes, el jefe de la sinagoga, y comenzaron a golpearle delante del tribunal, pero nada de esto le importaba a Galión».
Enfrentado a Nerón
En resumidas cuentas, el magistrado hispano hizo gala de un desdén absoluto por los judíos y sus polémicas religiosas, lo que tuvo como efecto la liberación de San Pablo. Este, cuentan los Hechos, todavía se quedó «bastante tiempo» en Corinto, para embarcarse después rumbo a Siria.
En lo referente a Galión, la muerte del emperador Claudio, en el año 54, provocó un giro en su vida. En un principio, trató de congraciarse con el nuevo césar, Nerón, pero, como muchos otros altos funcionarios romanos, acabó espantado de las formas de este. No está del todo claro, pero parece que participó en la frustrada conspiración pisoniana que pretendió acabar con el emperador. También se cree que, como su hermano Séneca y su sobrino Lucano, acabó suicidándose en torno al año 65 a causa de Nerón. El mismo emperador, por cierto, que ordenó decapitar a San Pablo.
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