El PCE quiso reanudar la Guerra Civil: Arán, 1944
En ‘Historia Canalla’, Jorge Vilches repasa la trayectoria de personajes polémicos y desmonta mitos con ironía y datos

Ilustración de Alejandra Svriz.
La invasión del valle de Arán en octubre de 1944, conocida como «Operación Reconquista», es uno de los episodios más singulares y mitificados de la resistencia antifranquista. Su relato combina épica, improvisación, error estratégico, memoria débil y un modo muy sesgado de leer el final de la Segunda Guerra Mundial. Fue un intento de conectar la resurrección de la República española con el final del conflicto internacional. Los hechos señalan que entre los días 19 y 24 de octubre de 1944, un contingente de entre 6.000 y 7.000 guerrilleros —la mayoría vinculados al PCE y encuadrados en la Unión Nacional Española (UNE)— atravesó los Pirineos desde Francia con el objetivo de ocupar el valle de Arán, tomar su capital, Viella, y desencadenar un levantamiento general contra la dictadura de Franco.
Tras el desembarco de Normandía en junio de 1944 y la entrada en París el 24 de agosto, la derrota del Reich alemán parecía inminente. En el sur de Francia, la Resistencia había recuperado amplias zonas del territorio. Entre esos soldados destacaban miles de españoles que, tras haber combatido en la Guerra Civil y luego en la Resistencia, se veían con fuerzas como para derrotar a Franco. La moral de estos combatientes era altísima, alimentada por el reconocimiento obtenido en Francia y por la presencia simbólica de unidades como La Nueve, a la que ya dedicamos el episodio 95 de Historia canalla.
En ese clima de euforia, Jesús Monzón, que se había dedicado a reconstruir el PCE, impulsó una estrategia basada en la idea de que España se hallaba en situación prerrevolucionaria. Monzón llegó a creer que el triunfo aliado desencadenaría un movimiento simultáneo en España que se sumaría a la caída del fascismo europeo. El PCE consideró que había llegado el momento de intervenir directamente en territorio español y forzar así una reacción diplomática de las potencias vencedoras contra Franco. La Unión Nacional Española, una coalición republicana en manos de los comunistas, proclamó la necesidad de la Reconquista de España.
La operación tenía el objetivo de ocupar un enclave en territorio español para instalar un gobierno provisional de la República. Esto, a su entender, crearía un efecto simbólico, alimentaría a las guerrillas del interior y animaría a la intervención aliada para derrocar a Franco. A nivel operativo, la invasión se planteó como un avance por varios puntos de los Pirineos. La mayor densidad de fuerzas se concentró en el Valle de Arán, que conectaba Francia con Cataluña. Los planes esperaban que la población del valle se sumara a los invasores, y que eso demostraría que los españoles no querían al Caudillo.
Las columnas guerrilleras comenzaron a cruzar la frontera el 19 de octubre de 1944. Tomaron con facilidad localidades muy pequeñas con destacamentos casi insignificantes de la Guardia Civil. Los primeros movimientos parecían confirmar que el plan podría funcionar. El error fue otro: el gobierno franquista estaba avisado, y desplegó fuerzas en la frontera en previsión de la invasión. Franco había ordenado reforzar la línea pirenaica con unos 50.000 soldados al mando de generales como Moscardó, Yagüe, García Valiño o José Monasterio, veteranos de la Guerra Civil. La Unión Nacional Española solo pudo movilizar a 6.000 o 7.000 combatientes, número insuficiente para sostener un combate convencional.
La gran sorpresa fue que el pueblo del valle o el del país no se levantó contra la dictadura. El plan no tuvo en cuenta que el régimen de Franco se asentaba en la represión, lo que infundía terror a la comisión de actos subversivos. Tampoco pensaron que los españoles estaban exhaustos de conflictos, y que no deseaban una guerra.
El avance hacia el Valle de Arán quedó detenido por la imposibilidad de tomar Viella, cuya captura habría permitido anunciar la formación del gobierno provisional contra la dictadura. Muy pronto, a la resistencia de las fuerzas del régimen se unieron otras unidades cercanas. La operación quedó estancada, y al poco se convirtió en una retirada organizada. El 24 de octubre de 1944, cinco días después del inicio, los últimos guerrilleros cruzaron de nuevo la frontera hacia Francia. La ofensiva había fracasado y con ella, el PCE.
El balance de pérdidas humanas no dejó lugar a dudas. Hubo 588 bajas guerrilleras frente a 248 bajas franquistas. Las pérdidas no solo afectaron a la tropa, porque el fracaso supuso la desarticulación de redes, la pérdida de material bélico y el hundimiento de la moral en el exilio. Para el régimen de Franco, el fracaso comunista fue una victoria que utilizaron de forma propagandística. La dictadura seguía siendo, a su entender, el freno al comunismo internacional, lo que justificaba la represión y el papel del Ejército.
La derrota de la Operación Reconquista cambió la estrategia del PCE. Desde entonces desecharon la vía armada para derribar al régimen. Sin apoyo internacional, sin insurrección popular y con un ejército franquista más sólido de lo esperado, la guerrilla se revelaba como una herramienta inútil. Tras el fracaso de la invasión, el movimiento guerrillero, el maquis, entró en una fase de debilitamiento en camino a la extinción. En 1948, el PCE adoptó la estrategia de la clandestinidad urbana y la reorganización política del partido. Los maquis sobrevivirían todavía varios años más en los montes, pero sin apoyo de ningún tipo.
Por cierto, el PCE buscó un responsable en la derrota y lo encontró en Jesús Monzón, su planificador. La dirección comunista lo citó en Toulouse para que diera explicaciones. En su viaje desde España fue detenido por la policía franquista, que lo juzgó y condenó. Esto le salvó la vida, porque, según Enrique Líster, histórico dirigente comunista, si no hubiera sido arrestado por el régimen, «el PCE lo habría asesinado al cruzar la frontera, antes de llegar a Toulouse», para reparar el error y la pérdida de prestigio frente a la URSS.
Con la perspectiva actual, la Operación Reconquista de España y la invasión del Valle de Arán revelan más sobre el estado moral y psicológico del exilio republicano que sobre la situación interna de España. La decisión de lanzar la operación fue, en gran medida, un acto de fe en los Aliados y el mito del pueblo en armas contra el tirano. Sin embargo, los españoles de 1944 no querían más guerra, ni los Aliados consideraron intervenir en España, en parte por el miedo a la influencia comunista en los inicios de la Guerra Fría. El fracaso de la reanudación del conflicto civil en España supuso el fin de la esperanza para el exilio, incluso para el PCE, que ya no pensó más en propiciar un levantamiento armado en nuestro país.
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