Procesionar en tiempos de catolicismo pop
«Portan al Cristo yacente compungidos, dignamente erguidos, cuadrándose ante él»

Fotografía de Pío Cabanillas.
¿Buena, mala muerte, muerte a secas? La que cantan estos soldados dicen que es buena, de entre todas las procesiones que saldrán a las calles en miles de puntos de España en esta Semana Santa, de las más señeras, los legionarios desembarcando en la mañana del Jueves Santo en el puerto de Málaga para pasear por la tarde a Cristo recién clavado en la cruz, de cuerpo presente, y aun así apodado el Cristo de la Buena Muerte, como le esculpió Pedro de Mena, sereno, digno, en paz y sin sufrimiento espiritual, para espolear nuestros desfallecimientos anímicos tan propios de estos tiempos.
En este inicio de la Semana Santa, si uno pregunta qué es el fervor religioso, encuentra respuesta en esta imagen que Pío acertó a captar el año pasado y que envuelve un homenaje, porque quien la encabeza es el cabo primero José María Martín Urbaneja, «el legionario del pelo blanco», figura icónica para los malagueños por haber portado al Cristo durante 30 años, y que ya no veremos el próximo jueves porque ha pasado a la reserva. Esto es el fervor religioso, el recogimiento espiritual de un Cabo que no decaerá ni por jubilación; fervor es consolarse con esta imagen porque el AVE no te ha llevado hasta la calle; en Málaga, fervor es un pegamento entre el poder militar y el civil que consagra la soberbia romería espiritual y ceremoniosa que supone procesionar.
Fíjate bien. Solo hay que ver los gestos de los legionarios, solemnes. Portan al Cristo yacente compungidos, dignamente erguidos, cuadrándose ante él, rindiéndole honores como si le hubieran visto morir momentos antes; no en vano es Jueves Santo. A estas horas, el Cristo de Mena espera en la iglesia de Santo Domingo la llegada del centenar de legionarios que el próximo jueves le volverán a pasear, a paso rápido y marcial al son de tambores, entonando el emotivo himno El novio de la Muerte, que pone la piel de gallina.
En estos tiempos en que algunos inventan el catolicismo pop al ritmo de Rosalía, ver al Cristo de Mena entre la multitud agolpada en la calle Larios será celebración regocijantemente cool con el desfile de los uniformados con camisa abierta al pecho, auténtica contribución al repunte de la espiritualidad que se percibe en los nuevos tiempos en que reclamamos más humanidad frente a los algoritmos. Así lo anticipó Antonio Banderas antes de que los algoritmos nos marcaran el paso.
Texto de Gloria Lomana y fotografía de Pío Cabanillas.
