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El Mundial de Fórmula 1 se le escapa a Ferrari y Carlos Sainz puede ser clave para evitarlo

Con un calendario reducido a 22 ‘meetings’ tras la caída de la cita rusa, cualquier cambio de timón técnico a mitad del año puede descolocar el panorama

El Mundial de Fórmula 1 se le escapa a Ferrari y Carlos Sainz puede ser clave para evitarlo

Dicen que el mundial de Fórmula 1 no empieza de verdad hasta que pisa suelo europeo tras el ciclo de pruebas lejos del Viejo Continente. Pues si exceptuamos la rareza espaciotemporal de Imola, ya lo ha pisado, así que puede decirse que tras el GP de España el mundial ya ha comenzado extraoficialmente. Por ello, porque los problemas de madurez de los monoplazas han sido solventados tras esta carrera, ya se pueden empezar a sacar conclusiones.

Con un calendario reducido a 22 meetings tras la caída de la cita rusa, cualquier cambio de timón técnico a mitad del año puede descolocar el panorama, pero en principio la cosa va de dos, dos pilotos y dos equipos; el resto no está ahí. Charles Leclerc, líder hasta el pasado domingo, lleva cuatro pole positions en lo que va de año y que ha convertido en dos victorias. Su Ferrari F1-75 parecía irrompible en los compases iniciales pero el calor de Montmeló le sentó mal hasta el punto de averiar su motor de forma irremediable. Una vez hecha la autopsia en Maranello, se sabe que el propulsor feneció por lesión grave en el turbo y el regenerador MGU-H.

A resultas del estropicio el monegasco cedió el liderato al incontestable Max Verstappen, que acumula cuatro victorias, no sin cierta polémica esta última. En principio y al menos en esta cita parecía que el mexicano Checo Pérez tenía alguna posibilidad de ganar la prueba, pero órdenes de equipo le obligaron a apartarse y dejar paso al holandés. El premio final fue ver a los dos corredores subidos en lo más alto del cajón con la sensación agridulce para el de Guadalajara de saberse, de forma visible y oficial, como segundo piloto en orden de beneficiar a su compañero de equipo.

Si en la formación de bandera austriaca la jerarquía queda clara con un ordenamiento de calibre político, en Ferrari el monegasco Leclerc no es líder por imposición sino por resultados. A Carlos Sainz, recién renovado para las dos próximas campañas, le está pesando demasiado un coche al que le cuesta domar. La arquitectura dictada por una reglamentación revolucionaria ofrece un coche con dos problemas de mala solución y que pesan en sobremanera al madrileño. El hijo de El Matador se queja amargamente del porposing, el rebote de alta velocidad, y advierte de que el nocivo efecto puede acabar pasándoles factura física. Lleva mal esto no ya por el padecimiento físico sino porque no se siente del todo a gusto con que el coche no se mantenga firme justo antes de las frenadas, lo que conduce a una pérdida de confianza en su mecánica cuando más lo necesita. El otro dolor de cabeza retiene su ritmo al salir de esa circunstancia. Los monoplazas y en particular el Ferrari tiende a subvirar, a salirse recto en las curvas, le cuesta trabajo girar. Con mayor peso y mucho agarre en alta velocidad pero poco en baja, a Carlos le agradaría más un monoplaza que rotase con más facilidad a la hora de enfilar la siguiente recta y se ve sometido a una lucha con un volante que le pesa en demasía.

El madrileño es sumamente apreciado en el seno de Maranello por diversos motivos y nada hace pensar que se hayan arrepentido de renovar su contrato, pero necesita avanzar, por él y por su equipo. Si el ritmo dubitativo de inicio de temporada era algo asumible, la sangría de puntos les puede pasar una costosa factura cuando se encaren con su enemigo natural, Red Bull, en la brega del título de constructores a finales de año. Muchos observadores empiezan a echarle en cara que lleve 146 pruebas sin conocer la victoria, aunque deberían saber que el mexicano Pérez alcanzó su primera en la participación 190 y no por ello se le deja de apreciar. El campeón, tanto de pilotos como de constructores, saldrá de entre los citados en estas líneas previas.

¿Y el resto? Muchos esperaban que Lewis Hamilton y su Mercedes estuvieran en primera fila de la contienda, algo que no ha ocurrido… hasta Montmeló, donde adquirió un loable ritmo en carrera. Tras un incidente en la primera vuelta tuvo que parar en boxes y remontó desde la última plaza hasta la quinta, lo que hizo merecedor del título de ‘piloto del día’ a petición popular. Las flechas plateadas acumulan problemas de diseño y que poco a poco sus ingenieros van parcheando. De vez en cuando asoman con algún destello de velocidad, pero se calcula que están a unas 6-7 décimas de los de delante. Esta diferencia podría ser limada antes de terminar el año, aunque es más que probable que sus predecesores avancen en una medida similar.

Si Lewis ya se borró de la disputa por el título, el que está sorprendiendo a propios y extraños es su compañero, George Russell. En su primer año en un equipo con posibilidades de ganar se está mostrando como acreedor al título de ‘el mejor del resto’. Situado cuarto en la tabla, por delante de su jefe de filas, se ha encaramado dos veces en el pódium y nunca ha bajado del quinto puesto con una eficiencia pasmosa. Tras todos los citados el único que ha sido capaz de pisar la madera, al menos en una ocasión, es el brillante Lando Norris, que en Imola llevó su McLaren hasta el tercer puesto. A pesar de esto, la creencia general es que los seis anteriores se estarán repartiendo lo que haya de champán en lo que queda de temporada con invitados incidentales. 

Con la llegada de la nueva reglamentación sí es cierto que los coches pueden correr algo más apiñados, y las posibilidades de adelantamiento se han visto incrementadas, que es lo que se buscaba. A pesar de esto el resultado de conjunto es que los que sabían hacer coches buenos los siguen haciendo con mínimas variaciones; los que campaban en la zona media siguen por ahí; y los menos dotados de toda la vida continúan cerrando la parrilla sin que haya ocurrido el milagro de los Brawn de hace años. Mientras, tan solo queda reseñar la extraña atmósfera que flota en el aire alrededor de la renovación de Fernando Alonso con su contratante, Alpine. Ninguna de las dos partes afirma con solidez la posibilidad de que esto ocurra, ninguna despeja dudas ni se muestra firme ante la continuidad; parece como si ya no se quisieran. Desde Aston Martin, que se sepa, tientan al asturiano para cubrir la plaza que aparentemente deje Sebastian Vettel al final del año. La escudería Alpine está sexta en la tabla tras el GP de España, y Aston Martin novenos, así que si Alonso da ese paso nadie le arrendaría las ganancias. Bueno, las dinerarias si, pero las deportivas no tanto, y es una lástima.

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