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El Baskonia sorprende y gana al Real Madrid la final de la Copa del Rey de baloncesto

Los vitorianos llevaban desde el año 2009 sin disputar una final copera

El Baskonia sorprende y gana al Real Madrid la final de la Copa del Rey de baloncesto

El ala-pívot del Baskonia Rodions Kurucs (c) celebra una acción durante la final de la Copa del Rey que disputan este domingo Real Madrid y Baskonia en el Roig Arena de Valencia. | EFE/ Kai Försterling

El Kosner Baskonia ha ganado (89-100) este domingo al Real Madrid y se ha proclamado campeón de la Copa del Rey 2026 celebrada en el Roig Arena de Valencia, de la mano de Timothé Luwawu-Cabarrot y Trent Forrest, en una final inédita que tuvo varios cambios de mando pero con un arreón final baskonista que les llevó a sumar su séptima Copa en diez finales jugadas, siendo ésta la primera desde 2009.

El cuadro baskonista volvió a alzar la Copa como hiciera en 2009, cuando ganó al CB Málaga en Madrid por 100-98. Desde entonces los vitorianos no volvían a una final copera, pero lo han hecho por la puerta grande para tumbar a un Real Madrid que era, para la gran mayoría, el favorito. Diecisiete años después, tras años de ausencias y de sufrimiento, regresa el mejor Baskonia. Con su garra y fortaleza.

Pintaba mal la cosa para los baskonistas, eso sí. Estuvo el equipo blanco casi 28 minutos ganando esta final, que se les escapó en el tramo final, cuando los jugadores del Baskonia hicieron caso del cántico de su afición (¿y si ganamos, qué?) y se lo enseñaron. En un gran final de partido de los de Paolo Galbiati, pese a quedarse por eliminación de faltas con su ‘MVP’ Luwawu-Cabarrot con 2:37 minutos de juego por delante.

En esta final inédita, con un público que en su mayoría remaba a favor del Kosner Baskonia, el Real Madrid llevó el peso del partido, pero los vitorianos pudieron aguantar el ritmo, no bajaron los brazos y pudieron incluso ponerse por delante, siempre con rentas bajas, en algún momento del tercer y último cuarto. Partido abierto, físico, de inercias cambiantes y, dentro de la deportividad, caliente.

Y tuvo especialmente sus muñecas calientes en el primer ecuador del último parcial el pívot baskonista Eugene Omoruyi, castigando desde dentro y también en el triple. Pero a quien no le sentó bien ‘calentarse’ fue a un Timothé Luwawu-Cabarrot que tuvo que dejar la pista con 2:37 minutos de juego por cometer su quinta personal, las dos últimas muy discutidas con el trío arbitral. Perdía Baskonia a su faro, a sus 28 puntos, pero aparecieron entonces Rodions Kurucs o Markus Howard, inéditos hasta entonces.

Howard, muy errático en semifinales y también en el arranque de esta final, vio en la eliminación de Luwawu-Cabarrot la ocasión de reivindicarse y, en parte, fue él quien llevó al Baskonia a su máxima diferencia del partido (86-92) a falta de 1:11 para el final, con 6 puntos en ese tramo final en el que Trent Forrest también se consagró. Intentó Mario Hezonja levantar el partido, como hizo en la semifinal contra Valencia Basket, pero un triple y una pérdida no pudieron con ello. Y estuvo solo.

No así al descanso, cuando el Real Madrid ya mandaba (52-47) tras una primera mitad de rachas muy marcadas y constantes cambios de inercia en el Roig Arena, pero muchos más minutos de liderazgo blanco y grandes minutos de Andrés Feliz o el propio Hezonja. El conjunto madridista salió desatado, con Mario Hezonja y Edy Tavares castigando cerca del aro y dos triples consecutivos de Sergio Llull y Facu Campazzo que dispararon un 11-0 (13-2) que obligó a Paolo Galbiati a parar el partido.

El Real Madrid alcanzó pronto una cómoda ventaja (+11, la máxima del duelo al descanso) y parecía imponer ritmo y confianza, pero los vitorianos reaccionaron endureciendo su defensa y encontrando puntos en Luwawu-Cabarrot, muy activo desde el tiro libre y en penetración, y en Omoruyi, hasta cerrar el primer cuarto en 26-26 tras un parcial que dio la vuelta al arranque blanco.

Pero en el segundo cuarto se mantuvo ese guión de partido-acordeón. Pese a que el Baskonia llegó a ponerse por delante y firmó su máxima ventaja (+4) con un triple de Mamadi Diakite (26-30), confirmando su crecimiento en el partido. Y ahí emergió Andrés Feliz para cambiar el pulso del choque y contentar a su minoritaria pero ruidosa afición presente en el Roig Arena. El base encadenó aciertos desde el perímetro y en segundas oportunidades y lideró un parcial de 14-0 que volteó el marcador hasta el 40-30, restaurando una renta cercana a la del inicio.

En ese tramo, el Madrid castigó el rebote ofensivo y encontró continuidad también en la conexión Hezonja-Len y en la presencia de Tavares en la pintura, aunque los de Paolo Galbiati resistieron como pudieron hasta el descanso. Luwawu-Cabarrot, sin duda el mejor, sostuvo la anotación exterior, Omoruyi sumó con agresividad y Trent Forrest dejó una acción de carácter atacando el aro incluso con un amte ‘in your face’ a Tavares, recortando la diferencia tras el +10 blanco.

Campazzo respondió con un triple clave para mantener margen, pero el intercambio final dejó el 52-47 al intermedio, reflejo de una primera parte en la que el Madrid ha sabido maximizar sus grandes rachas -11-0 en el primer cuarto y 14-0 en el segundo- y Baskonia ha demostrado capacidad para rehacerse y mantenerse vivo en una final que, por ritmo y alternativas, se iba completamente abierta a vestuarios.

Tras el esfuerzo de la primera mitad, el tercer cuarto pasó por unos minutos de más sosiego, de ir mucho ambos equipos al tiro libre, y pese a que los blancos llegaron a ponerse 8 puntos arriba, el Baskonia también gozó de un momento de lucidez para creer en sus opciones y empatar el partido en dos ocasiones. Pero se fueron de nuevo 5 abajo tras una mejor racha de tiros libres y un 2+1 de Usman Garuba para los blancos.

Y, en los últimos 10 minutos, que se hicieron eternos, el equipo de Paolo Galbiati -en un choque de técnicos italianos en esta final copera- supo leer bien el partido, demostrando que los ‘tapados’ pueden ganar al gran favorito si se mantienen siempre cerca, si no se bajan los brazos, si el físico acompaña y, sobre todo, si la grada anima como lo hizo una afición baskonista -con mucha ayuda de otras aficiones ‘neutrales’- en un Roig Arena que coronó al Baskonia.

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