The Objective
El purgatorio

Miguel Torres: «No me ha gustado cómo ha defendido Vinicius al Real Madrid»

El exfutbolista reflexiona en ‘El purgatorio’ sobre el madridismo, el fútbol actual, la sociedad y la vida después del deporte

Miguel Torres (Madrid, 1986) conoce el fútbol desde dentro. Formado en la cantera del Real Madrid y campeón de Liga con el primer equipo, el exdefensa ha vivido el vestuario de los galácticos, el peso del madridismo y la presión de la élite. Ahora, ya retirado, compagina su faceta como analista deportivo con su pasión por la gastronomía —que le llevó hasta la final de Masterchef Celebrity— y su vida familiar junto a Paula Echevarría. En esta conversación repasa su carrera, habla sin rodeos de Vinícius, Florentino Pérez y el caso Negreira, y reflexiona sobre el fútbol actual, la sociedad y la vida después del deporte.

PREGUNTA.- Bienvenido a El purgatorio, Miguel Torres, ¿cómo estás?

RESPUESTA.- Un auténtico placer.

P.- Dicen que en este país hay tres cosas de las que nunca se puede hablar en la mesa: política, religión y fútbol. Hoy intentaremos saltárnoslo un poco y tocar cada palo. ¿Qué es más complicado: intentar defender un resultado en un Camp Nou con 90.000 personas enfrente o tener que pasar por el jurado de Masterchef y que Jordi Cruz te diga que tu sofrito está soso?

R.- Pensaba que me ibas a decir lo típico: que en nuestro país todo el mundo sabe de fútbol y de medicina, que son dos conversaciones muy básicas o muy accesibles para cualquiera, pero abres con una pregunta compleja sobre la que yo no tengo ningún tipo de duda. Lo recuerdo perfectamente. El primer derbi que jugué con el Real Madrid terminó 3-3 con el Fútbol Club Barcelona y me tocó marcar a Messi. Messi marcó los tres goles y todavía hoy creo que no tuve culpa en ninguno de ellos. Pero bueno, es un sueño que tenía desde muy pequeñito, porque yo soy del barrio de Chamartín. La Comunidad de Madrid tiene, creo que unos siete millones de habitantes y la ciudad en torno a tres millones y medio. Y yo creo que del barrio de Chamartín, que hayan llegado al primer equipo del Madrid, te podría decir que Emilio Butragueño, Manolo Sanchís y yo: los únicos chicos que han vivido en el barrio y que han podido vivir del fútbol. Para mí, evidentemente, en tensión, en presión y en responsabilidad, me quedo con mi mundo, que es el fútbol.

P.- ¿Cómo de complicado es? Porque a un chaval de 20 años… Es una pregunta muy clásica que se hace mucho, pero es verdad que pocas veces tengo delante a un exjugador o jugador de fútbol profesional. ¿Cómo de complicado es que a un chaval de 20 años no se le suba este éxito a la cabeza?

R.- Bueno, yo he tenido la fortuna —o mis padres han tenido la fortuna— de que no tuvieron que explicarme muchas situaciones a medida que iba creciendo. La presencia constante del deporte me dio la posibilidad de ir tomando decisiones por la responsabilidad que iba adquiriendo desde pequeño con mi equipo, con mis entrenamientos y con mis compañeros. Eso te prepara para la vida adulta de forma más responsable, aprendes a controlar tu frustración de una manera más estable, racionalizas un poco más… Es cierto que yo debuté con el Real Madrid con 20 años e inmediatamente después me fui a vivir solo, pero siempre he sido muy curioso y he intentado ser muy independiente. Antes de irme a vivir solo, le pedí a mi madre que me explicara las cosas básicas: cómo se planchaba, cómo se cocinaba, cómo se cosía… Y no tuve miedo a la vida adulta.

P.- O sea, que antes de Masterchef ya sabías cocinar. Lo que hablábamos antes de grabar: un huevo frito.

R.- Sí, aunque tengo que admitir que desde emanciparme, comía bastante a menudo con mis padres porque son de aquí, de Madrid. Pero ya desde muy joven intentaba que mis amigos vinieran a casa y prepararles algo de comida, disfrutar juntos de ese momento gastronómico. Después, los equipos de fútbol fueron incorporando a sus estructuras cocineros que nos daban el desayuno, la comida e incluso viajaban con nosotros. A veces, comíamos en el autobús y todo, pero yo siempre les preguntaba, porque el mundo de la gastronomía siempre me ha despertado mucha curiosidad.

P.- Te preguntaba lo de la veintena porque es verdad que se nota en muchos campos y equipos que los jugadores están más centrados en ser figuras públicas que futbolistas, casi. No sé si es algo que se habla dentro de la liga o si se notan estas cosas.

R.- El fútbol en España es el deporte más importante y tenemos a figuras como Lamine Yamal, Vinícius o Mbappé, que son grandes referentes. El mundo del fútbol es un gran escaparate para muchos otros ámbitos, incluso para muchos países y políticos, porque ejerce mucha influencia sobre un gran número de personas. De ahí que sea importante que los equipos de trabajo que rodean a los jugadores sean capaces de trabajar desde el inicio su marca personal, su asesoramiento en inversiones, en temas legales y, en general, esa parte de crecimiento personal, que también me parece muy relevante.

P.- Hablando de Vinícius, ya que estamos, ¿eres Vinilover?

R.- No. Me gusta mucho como jugador cuando se centra en su trabajo y en lo que yo creo que realmente le hace sentirse bien: tener una pelota delante y competir contra rivales. Pero cuando intentas coger la bandera del racismo… Te voy a decir dos cosas: del racismo y del madridismo. A veces parecen ir de la mano, pero no tienen por qué, porque el Real Madrid siempre ha sido un club señor, así que hay que manejarlo con pinzas, porque se miran con lupa todas las situaciones que protagonices. No me ha gustado muchas veces cómo ha defendido al Real Madrid o cómo consideraba él que tenía que defender al madridismo. Tampoco le atribuyo toda la responsabilidad a él, porque creo que se le ha protegido y se le ha cuidado. Al final, es cierto que hay un sector del madridismo que está muy dividido con la figura de Vinícius.

P.- ¿No crees que es un exceso de protección lo que tiene Vinícius encima de sí mismo?

R.- Al futbolista se le tiene que proteger y cuidar, porque es un activo del club, pero no se le tiene que dar prioridad. En alguna situación creo que eso ha ocurrido con Vinícius, por ejemplo con el tema del Balón de Oro. No me gustó que el Real Madrid no estuviera presente en unos premios tan importantes como el Balón de Oro. Creo que el Real Madrid, históricamente —y lo dice parte de su himno—, sabe celebrarlo cuando gana y sabe dar la mano cuando pierde. Siempre ha sido ejemplar. En una actualidad como la que vivimos, tan dividida y polarizada, creo que en cierto aspecto Vinícius también se ha visto muchas veces señalado como responsable de muchas situaciones.

P.- ¿Te está gustando la nueva época, la era Arbeloa?

R.- Hice el curso de entrenador con él. Hemos sido compañeros y creo que a Arbeloa le ha llegado la posibilidad de entrenar al primer equipo del Madrid más por la lealtad que tiene con el club y la relación personal que mantiene con Florentino Pérez que por sus capacidades. Esa es la realidad si me ciño únicamente a su experiencia como entrenador. Como futbolista ha tenido una muy buena carrera: ha ganado muchos títulos y ha sido un jugador muy trabajador y muy profesional. Pero entrenar al Real Madrid es algo especial. A mí lo que me ha sorprendido es que, en el caso de Xabi Alonso, no haya llegado a cumplir ni el 20% de su contrato de tres años. No se le ha dado tiempo a desarrollar su proyecto. Su figura, en este momento del Real Madrid, me parecía más que interesante, porque creo que el club necesitaba muchas más herramientas a nivel futbolístico de las que tiene.

P.- Viviste una época gloriosa del Real Madrid. Ganasteis dos ligas, si no me equivoco.

R.- Sí, dos ligas y una Copa.

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P.- 2006, 2007… ¿Cómo era el vestuario? Porque tener a Guti, a Raúl, a Van Nistelrooy… ¿Quién era el jefe del vestuario en ese momento?

R.- Raúl, sin duda alguna: llegó al Real Madrid con 17 años, dio un golpe encima de la mesa y quiso ser capitán prácticamente desde el primer momento. Estuvo muy bien rodeado por Fernando Hierro y un gran Vicente del Bosque, que venía trabajando muy bien la cantera. Lo que consiguió Raúl facilitó que figuras como Guti o Iker Casillas —otra leyenda en toda regla— fueran referentes para muchos de los que trabajábamos en la cantera de manera silenciosa y con mucha ilusión.

Yo tuve la posibilidad de estar en la antigua Ciudad Deportiva; un espacio en el que, nada más entrar, lo primero que veías era el campo del primer equipo.

P.- ¿En Chamartín?

R.- Sí, donde están las cuatro torres ahora. En cuanto entrabas, veías el campo del primer equipo y, de camino a la cantera, con los campos al fondo, sentías que querías estar ahí. De alguna manera estabas a un paso, aunque no fuera tan fácil de dar. Hoy la Ciudad Deportiva del Real Madrid es justo lo contrario: la zona del primer equipo es como un búnker donde no solo no entra la prensa, sino que los chicos de la cantera tienen muy difícil estar cerca del primer equipo.

P.- Arbeloa está subiendo a bastantes chavales.

R.- Siendo entrenador del Castilla, entiendo que lo natural es que, conociendo bien a los jugadores, les dé cabida. La realidad es que los proyectos se sostienen por la idiosincrasia propia de los clubes y por jugadores como Iker, Raúl, Nacho o Carvajal.

P.- ¿Iker de joven estaba tan loco como ahora?

R.- A ver, los porteros son perfiles especiales. Yo tengo muy buena relación con gran parte de los porteros con los que he compartido vestuario, e Iker es uno de ellos. Pasan mucho tiempo en soledad, tienen un entrenador específico… Después de la situación médica que tuvo en Oporto, aun con la fortuna de estar cerca de los médicos y poder superarlo para seguir con nosotros, algo cambió en su forma de pensar. Es una de las personas que conozco que vive con más libertad, que tiene más personalidad y a la que menos le importa lo que opinen los demás. Hace lo que siente en cada momento y, por mucho que intentemos —incluso nosotros, que somos amigos cercanos— opinar u orientarle en alguna situación, es muy difícil. Los adultos no cambiamos.

P.- ¿Con quién era tu relación más cercana en ese vestuario?

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R.- Con Iker tuve mucha relación fuera del plano deportivo. Siempre ha estado muy unido a sus amigos de toda la vida, los del pueblo de Ávila, y muchas veces nos íbamos allí y lo pasábamos fenomenal. Pero, como me preguntabas por aquel Real Madrid que yo me encontré, era la etapa final de los Galácticos.

P.- Y luego vinieron los segundos Galácticos.

R.- Sí, si lo identificas con el de Cristiano Ronaldo, Kaká, Gareth Bale y toda esa generación, sí. Pero el primer proyecto, los verdaderos galácticos fueron Beckham —con quien coincidí en el vestuario— y otros jugadores de ese nivel. Además, Beckham y yo jugábamos bastante cerca en el campo. Su figura ha sido muy determinante para el mundo del fútbol, primero porque fue un jugador ejemplar y porque impulsó mucho la idea de potenciar la marca personal de los futbolistas. La primera vez que me puse un chándal militar o un pantalón militar fue porque se lo vi a él. Era un tipo al que veías llegar por las mañanas y todo le quedaba bien.

P.- Era flipante de repente llegar y decir: Beckham, Victoria Beckham también al lado… Tendría que ser una estrella del rock total y absoluta en ese momento.

R.- Sí. De hecho, una de las ligas que ganamos, cuando terminamos, fuimos a celebrarlo al Txistu y estaba Tom Cruise allí. Creo que vino a ver el último partido con nosotros y estaba con su mujer. Toda esa parte mediática internacional, que en aquel momento no estaba tan asentada en Madrid, llamaba mucho la atención.

Miguel Torres. | Carmen Suárez

P.- ¿Y Guti?

R.- Guti es un personajazo. En las distancias cortas te gana, la verdad. Uno de los mayores talentos futbolísticos que ha tenido este país. La gente especial y con talento suele ser muy particular. Basta con escucharle ahora, como entrenador, sobre cómo quiere que sean sus futbolistas en comparación con cómo era él cuando jugaba. Lo juzgo por lo que le he visto en los entrenamientos, por lo que era capaz de hacer con la pelota y por lo que he sentido como compañero. Siempre me ha parecido un gran compañero.

P.- Tú no llegaste a tener a Florentino cuando tú estabas como presidente del club.

R.- Coincidí con Florentino en cantera. Cuando subí al primer equipo, lo hice porque estaba Ramón Calderón en la presidencia. Míchel era el responsable de la cantera y entrenador del Castilla. El año que me marché, después de tres años en el primer equipo, fue cuando volvió Florentino Pérez al Real Madrid con ese proyecto que tú has llamado Galácticos 2.0.

P.- A eso me refería. Lo hablaba con mis amigos y me decían: «Bueno, sí… los galácticos». Ellos ya son los frikis del fútbol.

R.- La realidad es que Florentino ha hecho evolucionar el club. Tiene todo el reconocimiento, por supuesto. Para mí, si no es el presidente más importante de la historia del Real Madrid, no sé quién puede ser. Pero, como todo en la vida, también se necesitan renovaciones. Ahora el proyecto está en un momento crítico.

P.- ¿Cómo es Florentino en las distancias cortas?

R.- No he tenido mucha oportunidad de conversar con él.

P.- ¿Te hubiese gustado?

R.- Sí. Cuando me retiré del fútbol y tuve la posibilidad de conversar con mucha gente del entorno del fútbol, me di cuenta de que quizá habría sido importante, en muchas situaciones, haberme preocupado más por conocer a las personas que me rodeaban. Cuando un futbolista está metido en la dinámica del vestuario, se centra en entrenar, preparar los partidos, descansar y estar cerca de sus compañeros. Pero muchas veces la relación personal con el entrenador, con el director deportivo, con los periodistas o con el presidente son vínculos que, cuando te retiras, pueden abrirte otros caminos dentro del fútbol. Cuidar esas relaciones te brinda más oportunidades.

P.- A ti te entrenó Fabio Capello, era otro personaje de la época.

R.- Es un entrenador de una generación anterior, quizá incluso de dos generaciones anteriores. Hoy en día todo está muy basado en datos para la preparación de partidos. Recuerdo que cuando Capello tenía que analizarnos a un rival, nos sentaba en una sala y nos ponía el partido completo: los 90 minutos.

P.- ¿Qué opinas de tanto análisis en el fútbol, de tanta modernidad?

R.- A mí me gusta. Creo que al futbolista muchas veces no le ha gustado emplear su tiempo libre en ver partidos o estudiar rivales. Pero creo que es bueno que los cuerpos técnicos puedan facilitarte ese conocimiento —del rival, del jugador específico al que te vas a enfrentar o de determinadas tareas tácticas—. En el campo, con frío, calor o viento, hay veces que el entrenador no puede transmitir todo lo que quiere a los 25 futbolistas que están entrenando. En una sesión de vídeo puede explicar mejor qué y cómo lo quiere. Los futbolistas deben tener capacidad para adaptarse. El problema es que vivimos en una época en la que la capacidad de atención es muy limitada. Pasa con los teléfonos: muchas veces, más allá de 30 segundos, 40 segundos o un minuto y medio, cuesta mantenerla.

P.- ¿No crees que se está perdiendo un poco la esencia del fútbol con todo esto?

R.- La esencia se pierde porque incluso la normativa y las nuevas reglas buscan controlar todos los parámetros.

P.- El VAR fuera.

R.- Es una herramienta que me parece interesante, pero quizá el protocolo debería ajustarse mejor a la realidad. El fútbol nace en la calle, del niño que busca cualquier medio para hacer una portería y que, si no tiene una pelota, le da una patada a una lata o a una bola de papel. Así te labras tu camino. Recuerdo en el patio del colegio cómo coincidían dos, tres o cuatro partidos de fútbol a la vez, con niños mayores y pequeños, y tú intentabas regatear a cualquiera buscando el espacio hacia la portería que te dejaban. El fútbol tiene que conservar esa intuición y esa capacidad de buscarle las cosquillas al rival. Cuando se intenta parametrizar todo, se pierde parte de esa esencia.

P.- Siendo entrenador UEFA Pro, estando involucrado con LaLiga y con todos estos parámetros delante, junto con la corrupción en la Federación, ¿qué opina alguien tan involucrado como tú del caso Negreira?

R.- Me preocupa bastante que en casos tan determinantes la justicia no sea tan…

P. ¿Deberían quitarle las copas al Barça?

R.- La Justicia debería darle prioridad al caso y esclarecer realmente qué ocurrió, para que se dicte una sentencia. Es anómalo que un club de fútbol hubiera contratado a una figura tan relevante dentro del mundo arbitral, ya fuera por el Barcelona o cualquier otro. Es algo contra lo que debería luchar todo el mundo del fútbol. El colectivo arbitral debe ser independiente. Hoy en día está en una posición muy delicada. Lo he hablado muchas veces con representantes de los árbitros: es el único colectivo que no da declaraciones, ni antes ni después de los partidos. Igual que un futbolista puede equivocarse en el campo, un árbitro también puede hacerlo.

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P. Debería estar obligado.

R.- Debería estar obligado. Creo que, sobre todo, por defender sus propios intereses. Hoy en día, si te silencias ante una pregunta o ante una noticia, se acaba dando por hecho algo. Y si no te preocupas de mostrar tus argumentos, estás vendido. Yo creo mucho en el colectivo arbitral y, en ese sentido, la situación de Negreira me parece escandalosa. Ojalá se resuelva lo antes posible y, si alguien ha actuado mal, que lo pague.

P.- Como jugador, y más del Real Madrid, de un equipo tan grande, ¿te consta o te ha llegado alguna vez, en un vestuario o hablando con otros futbolistas, que haya habido amaños o cualquier tipo de irregularidad relacionada con el arbitraje?

R.- Siempre se han oído cosas sobre amaños, pero nosotros también hemos tenido muchas sesiones didácticas sobre lo que nos jugamos y la influencia y relevancia que tenemos como futbolistas, sobre todo en momentos puntuales de la temporada, como puede ser al final de la liga, cuando hay situaciones de ascensos o descensos. Esas sesiones venían de LaLiga, de los propios clubes o de departamentos que intentan que pongas el foco en lo que realmente tienes que hacer: tu trabajo. Además, creo que los futbolistas están muy bien pagados como para intentar buscar ingresos extra en situaciones relacionadas con apuestas. Dentro de los valores del deporte, un futbolista no debería entrar en ese tipo de cosas.

P.- En el fútbol, antes, imagino, se cobraba menos que ahora.

R.- Sí, aunque ya antes de mi etapa también se cobraba menos. Pero así es la vida: el nivel económico ha ido subiendo. Con Beckham, por ejemplo, el tema de los derechos de imagen se transformó bastante; se creó una especie de modelo híbrido. Hoy en día los futbolistas no solo generan dinero por lo que hacen en el terreno de juego, sino también por todo lo que generan alrededor. Era una evolución que tenía que llegar. De hecho, un jugador de mi nivel hoy en día puede estar ganando cuatro o cinco veces más de lo que ganaba yo.

P.- ¿Cuánto gana más o menos un jugador de Primera? Estoy un poco perdido.

R.- No lo sé exactamente. Depende mucho del club, porque no todos tienen el mismo presupuesto. Lo que sí existe es un salario mínimo que se le tiene que pagar a un futbolista por jugar en Primera División.

P.- ¿Hay un mínimo?

R.- Sí. No recuerdo la cifra exacta, pero creo que está en torno a ciento y pico mil euros al año. Cuando un club le da a un jugador un dorsal del primer equipo, tiene la obligación de pagarle al menos esa cantidad. Lo que no hay es un máximo. De todos modos, dentro de la normativa de LaLiga, todo está bastante controlado para que los clubes sean sostenibles y no haya impagos.

P.- Del Real Madrid pasaste al Getafe, pero quiero hablar de otra etapa: tu etapa en el Málaga. Te retiraste allí con 33 años. El otro día Marcos Llorente dijo que se retiraría cuando… ¿cómo fue?

R.- Seguro que dijo algo como que se retiraría cuando el fútbol dejara de complementarle del todo, algo así.

P.- ¿Te pasó algo parecido? ¿Sentiste que todavía tenías físico, pero que ya no…?

R.- Son situaciones diferentes. En mi caso —porque desconozco la mente de Marcos— yo era capitán del Málaga. El proyecto fue a menos y sufrimos un descenso a Segunda División. Coincidió además con el inicio de mi relación con Paula. En ese momento, muchos medios, que no eran estrictamente deportivos, empezaron a publicar informaciones, algunas de ellas inventadas.

P.- ¿Eso te perjudicó mucho a nivel mental?

R.- A nivel mental, no. Nosotros ya teníamos un psicólogo dentro del equipo. Además, yo siempre he creído en la figura del psicólogo como una parte importante del cuidado mental, no solo para un deportista, sino para cualquier persona. De hecho, después de retirarme también he ido al psicólogo en momentos puntuales de mi vida para buscar orientación profesional. No me afectaba porque me bloqueara mentalmente; yo creo que tenía la personalidad suficiente para saber lo que estaba haciendo bien y lo que estaba haciendo mal. Lo que sí me molestaba era que muchas veces se intentara influir en el aficionado, que al final es quien sufre, llevándolo a interpretaciones equivocadas.

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P.- ¿Y eso por la prensa?

R.- La prensa siempre tiene su poder. Málaga es una ciudad muy relevante e importante, con una afición extraordinaria. Entiendo que, cuando jugábamos el fin de semana y perdíamos, si lo único que salía en prensa el lunes era una foto mía paseando por la calle con mi pareja, eso podía incomodar al aficionado. No es que lo comparta, pero puedo entenderlo. A algunos aficionados les podía molestar que yo saliera a la calle, que fuera al cine o a cenar a un restaurante. A mí me parecen cosas normales, habituales, que haría cualquier persona o cualquier compañero. Pero hay aficionados que, igual que ellos no cenan cuando pierde su equipo, piensan que el futbolista debería meterse en una cueva.

P.- Era una escena muy agresiva, supongo, en ese momento.

R.- Era una situación incómoda, sobre todo porque yo no era el responsable del descenso del equipo. Desde que llegara, intenté aportar al equipo cada vez que tenía la oportunidad de jugar. Recuerdo que un día hablé con un responsable del club y le dije que, del mismo modo que muchas veces me habían utilizado para salir en ruedas de prensa después de perder un partido para defender al club, a la ciudad y a los aficionados, sentía que en ese momento me estaban dejando de lado. La respuesta que recibí fue que, en cierto modo, era mejor que se hablara de mí antes que del club. Además, en ese momento tenían otros problemas, como lo que estaba haciendo el jeque en el club, y no consideraban prioritario preocuparse por mi situación.

P.- De cierta forma te retiraste del fútbol porque era el comienzo de tu relación con tu pareja.

R.- No, eso fue un ingrediente más, pero no el motivo principal. No fue tanto la presión como el hecho de plantearme mi presente y mi futuro. Veníamos de un descenso a Segunda División, una categoría muy compleja. Además, llegó un entrenador que optó por lo fácil: me sentenció, me quitó la capitanía, me apartó del equipo y no se preocupó por conocer ni a la persona ni por valorar mi trayectoria. En ese momento me planteé si tenía la energía para buscar un nuevo proyecto, irme a otra ciudad, empezar de cero y construir nuevas relaciones. Después de tantos años fuera de mi ciudad, sentí que no me compensaba. Prefería seguir formándome y preparándome para otras cosas.

Recuerdo que en las duchas de los equipos —donde se suele hablar más, donde todos nos desnudamos, nunca mejor dicho— había un comentario muy frecuente; algún compañero decía: «Tenemos que vivir del fútbol el máximo tiempo posible, ganar mucho dinero y luego vivir tranquilos el resto de nuestra vida». A mí eso me parecía un abismo: imaginarme con treinta y pocos, sentado en el sofá de mi casa viendo pasar las horas. Yo necesitaba proyectos, ilusiones, equivocarme, vivir. Al final es lo que nos pasa a todos en nuestros trabajos. Por eso no tuve miedo al final de mi carrera. Decidí volver a Madrid, empezar a formarme, sacarme el título de entrenador, hacer un máster y seguir construyendo una nueva etapa.

P.- ¿Te apoyó Paula en esa decisión?

R.- Paula es un ejemplo de mujer enorme. Además, ella no conoce el mundo del deporte.

P.- El de la interpretación, sí.

R.- El de la interpretación lo he intentado vivir de cerca y me parece un mundo muy complejo. Por un lado es divertido, porque te da la posibilidad de ponerte en la piel de alguien que no eres y llevar ese personaje al máximo, pero es un mundo totalmente distinto al del deporte. Lo admiro muchísimo.

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P.- O sea, que te apoyó en la decisión.

R.- Me apoyó y tampoco me hizo muchas preguntas. Creo que simplemente percibió que mis necesidades iban en esa dirección. También estaba la ilusión de poder formar una familia estando los dos en una situación estable.

P.- Porque empezasteis estando a distancia, supongo.

R.- Sí. Nos encontramos un día en Madrid y, después de eso, estuvimos hablando a distancia durante tres meses más o menos. La siguiente vez que nos vimos fue cuando nos besamos por primera vez. Nos hicimos novios por teléfono. Fue un proceso un poco inverso a lo que suele pasar hoy en día: ahora las personas se ven, se besan y luego se conocen, y ahí es donde aparecen a veces los problemas. En nuestro caso fue al revés. Tuvimos mucho tiempo para conversar, para entender en qué momento estaba cada uno y qué pensábamos. Cuando las cosas tienen que fluir en la vida, es difícil explicarlo. Yo creo mucho en el destino y pienso que, si las cosas tienen que pasar, suceden.

P.-El destino, en tu caso, tiene una historia curiosa, pero luego hablaremos más de lo emocional; vamos a hablar un momento de actualidad: está siendo una semana curiosa. Estamos en 2026 y parece que no salimos de una cuando ya estamos entrando en otra. Tienes un hijo pequeño que va a cumplir cinco años dentro de poco. ¿Te da miedo tener un hijo tan pequeño en un mundo tan peligroso?

R.- Muchísimo. Me lo planteo a diario; cuando le miro con esa alegría que tiene, con esa inocencia de un niño que descubre las cosas por primera vez, muchas veces pienso: «¿Qué mundo se va a encontrar?». Estamos en un cambio generacional muy evidente, y de ahí surgen muchas de las disputas que vemos en nuestro país y en el mundo. De pequeño, viví cosas similares a las que vivieron mis padres o mis abuelos, pero mi hijo va a crecer en un mundo completamente distinto. La manera en la que se relacionará con sus amigos, en la que se comunicará… incluso el tipo de trabajo que tendrá o el mundo que encontrará es una incógnita.

Eso me inquieta; me preocupa que no se encuentre un mundo de libertad, un mundo feliz, un entorno donde desarrollarse con normalidad. Pienso incluso en cosas tan cotidianas como la comida: en España tenemos una cultura gastronómica muy fuerte y un clima mediterráneo que facilita mucho la vida. No sé si dentro de diez años todo eso seguirá siendo igual. No sé si se desplazará en dron, si tendrá un avatar que haga parte de sus funciones… no lo sé. Me genera mucha inquietud. También pienso en cuánto tiempo voy a vivir yo y si podré acompañarle el mayor tiempo posible, porque un padre siempre quiere proteger a sus hijos.

Miguel Torres. | Carmen Suárez

P.- Y viendo la situación de estas últimas horas, ¿crees que podría llegar a haber un conflicto bélico como el que se está comentando?

R.- ¿Puede extenderse y llegar a Europa? Está también la situación de Turquía, con una base importante de la OTAN. Oriente Próximo siempre ha sido un punto muy delicado. Las personas que viven allí son las que realmente lo sufren. Desde fuera es muy fácil posicionarnos a favor de unos u otros, según nos convenga. Pero yo me quedo con la base: una persona, cuando nace, debería tener la oportunidad de vivir feliz, en un entorno donde no sufra ni sea abusada.

En el caso de Irán, es un pueblo que durante mucho tiempo ha quedado relegado y que en algún momento tendrá que recibir ayuda. No soy partidario de las guerras, pero muchas veces los políticos, por cómo manejan sus discursos o sus intereses, no afrontan los problemas de raíz y los van posponiendo. Oriente Próximo tiene una cultura muy distinta a la nuestra y espero que la situación no llegue a afectarnos directamente en Europa. En cualquier caso, los líderes políticos deberían poner de su parte para evitarlo.

P.- ¿Crees que esos valores antiguos del fútbol se están perdiendo hoy en la sociedad?

R.- Sin duda alguna: la cultura del esfuerzo, el compañerismo, saber ganar, aceptar la frustración cuando no alcanzas tu objetivo… hoy en día cuesta verlos en la sociedad. Parece que muchas veces se premia el atajo. Veo a muchas personas que quieren vivir la vida de los demás, y la envidia es una de las cosas que más percibo.

P.- ¿Te ha afectado mucho la envidia?

R.- La envidia en sí no.

P.- Me refiero a que te hayan tenido envidia a ti.

R.- Puede que haya provocado envidia, claro. Al final soy un chico al que le ha ido bien en la vida: he jugado en el Real Madrid, tengo estabilidad económica, puedo permitirme ciertos lujos y estoy con una de las mujeres más guapas del país. Es posible que eso genere envidia en algunas personas. Pero no lo vivo así. Me considero una persona muy normal, con unos lujos bastante accesibles en comparación con lo que se ve hoy en día. Lo que sí me llama la atención es cómo muchas personas intentan vivir la vida de otros. En redes sociales, por ejemplo, la gente opina con mucha facilidad sobre lo que deberías hacer tú, tu hijo, tu padre o tu familia. Creo que, como sociedad, estamos en un momento complicado.

Recibo a diario muchos mensajes de gente que me pide cosas o me ofrece oportunidades. Mensajes del tipo: «Oye, ¿me puedes dar esto?», «¿Te vienes a esto?», «¿Quieres participar en esto?». Muchas veces la intención es obtener algo de ti o de alguien relacionado contigo, y eso me parece una pena.

P.- ¿Cómo fue el salto a la televisión? Porque, como decíamos al principio de la entrevista, hiciste tus primeros pinitos con Masterchef. ¿Qué tal la experiencia?

R.- Siempre he sido una persona que intenta salir de su zona de confort. He tenido la oportunidad de participar en algún programa de televisión, además de seguir vinculado a la televisión en el ámbito deportivo, pero quería probar en un mundo como el de la cocina, el gastronómico, para ver hasta dónde podía llegar.

En mi casa soy yo quien se encarga de ir al supermercado y de cocinar. Somos un caso un poco minoritario. En casa somos cuatro: Paula, su hija Daniela —que vive con nosotros—, mi hijo y yo. Tradicionalmente, se ha dado por hecho que la mujer o la madre es quien cocina, y yo tengo pocos amigos que lo hagan, aunque cada vez hay más. Me interesaba que en un programa como Masterchef se pudiera ver a un Miguel Torres más cotidiano: alguien que se preocupa por cuidar a su familia también a través de la cocina.

La experiencia fue muy enriquecedora. Pude viajar por toda España, conocer a cocineros a los que admiraba, reproducir algunos de sus platos y llegar a una final, que no es nada fácil.

P.- O sea, que en casa cocinas tú para los niños.

R.- A veces tengo que hacer hasta tres menús diferentes. Pero lo disfruto. Con mi hijo, por ejemplo, compré una especie de torre con peldaños para que se suba y ponga a mi altura en la cocina. Empezamos juntos una receta, con trabajo manual, y luego él puede comer lo que hemos preparado de forma saludable. Hoy en día, en los colegios están muy concienciados con la alimentación y les enseñan mucho sobre comida saludable. A menudo es él quien me explica cosas. Es curioso, porque cuando yo era pequeño no teníamos esa cultura en el comedor escolar.

P.- ¿Cómo es tu rutina por las mañanas? Porque Paula a veces tiene que irse a grabar durante meses. Imagina que tiene que irse tres meses a rodar a otro sitio y tú te quedas más en Madrid. ¿Cómo os organizáis en casa?

R.- Somos bastante autónomos en ese sentido. No tenemos un horario fijo de lunes a viernes. Los fines de semana sí están más estructurados porque suelo narrar partidos y tengo horarios marcados. Entre semana nos organizamos como podemos. Por ejemplo, Paula ha estado tres meses grabando una serie en Canarias y en ese tiempo me he encargado más de la casa y del niño.

Me levanto sobre las siete de la mañana, desayuno con Paula y el niño, preparo el desayuno, visto al niño y lo llevo al colegio. A partir de ahí, intento organizar mi día entre las nueve de la mañana y las cuatro y media de la tarde: entrenamientos, proyectos, a veces jugar al golf —otra de mis pasiones— o algún viaje de trabajo. Si surge algo y Paula no está, puedo contar con mis padres, que viven en Madrid, para que me ayuden con el niño.

En definitiva, llevamos una vida bastante normal. Una familia sencilla, con nuestro orden y nuestro funcionamiento. Y siempre intento priorizar el tiempo con mi familia. Me llegan muchos proyectos y propuestas —«Miguel, ¿te apetece esto?», «¿te interesa aquello?»—, pero antes de aceptar algo siempre pienso si encaja con el modelo de vida que quiero tener con mi familia. Si puedo ajustarlo a eso, mucho mejor.

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P.- ¿Compartís algún hobby cuando tenéis tiempo?

R.- El niño se suele dormir a partir de las ocho y media de la tarde y la hija de Paula incluso cena antes, así que a partir de ese momento intentamos tener un rato para nosotros. Preparamos algo sencillo para cenar —no tiene por qué ser nada sofisticado—; nos gustan mucho las conservas, abrir una botella de vino y sentarnos en el salón a hablar del día. A veces vemos una serie o una película. Es un momento de relajación.

Cada cierto tiempo también intentamos hacer algún viaje juntos y, sobre todo, compartir el día a día. Nos hacemos partícipes mutuamente de los proyectos en los que estamos. Antes me preguntabas por el mundo de la interpretación: intento ir a alguna grabación suya, conocer a su equipo de trabajo y ver de cerca lo que hace. Creo que ver cómo trabaja tu pareja te ayuda a conocerla mejor. Al final, cada uno tiene su talento, y cuando tu pareja no sabe cómo trabajas o cómo te relacionas con tus compañeros se pierde una parte importante de quién eres. Compartir eso también genera atracción.

P.- Total y absolutamente. Ni en el 25 ni en el 26… pero ¿cuándo os casaréis? Esta rima me la acabo de inventar, espero que haya caído bien. ¿Cuándo os casaréis?

R.- El tema de casarse hoy en día no me parece tan determinante.

P.- ¿Crees en Dios?

R.- Sí, creo. Y de hecho, tanto Paula como yo estuvimos casados antes. Durante mucho tiempo, al menos en mi generación, ha existido un modelo muy estandarizado: tener pareja, casarse y formar una familia. Un proceso casi obligatorio para ser considerado un ciudadano «correcto». Pero cuando te casas una vez y luego te separas, antes de esa separación le das muchas vueltas a cómo explicarlo a los demás. Y cuando finalmente lo haces, te das cuenta de que la gente lo entiende con naturalidad. En el colegio ves que hay muchos padres separados, familias adoptivas o modelos familiares muy distintos. Entonces comprendes que, al final, cada uno tiene que adaptarse a lo que realmente le funciona. En nuestro caso, la unión más fuerte que tenemos es nuestro hijo. Yo voy a estar conectado a Paula el resto de mi vida, nos casemos o no, porque tenemos un hijo en común. Casarnos no es una prioridad. Si acaso, haría una fiesta para celebrarlo y pasarlo bien. A veces, bromeo con Paula y le digo: «A ti ya te pidieron matrimonio una vez; en un mundo de igualdad quizá deberías vivir tú también ese momento».

P.- O sea, que estás esperando a que se arrodille.

R.- No lo va a hacer. Es una mujer de principios. Me dice que espere, pero la realidad es que ahora mismo no pensamos en ello.

P.- No es prioritario. Volviendo a Masterchef: después de tanta preparación y tantas horas de programa… ¿Estuviste con Roncero?

R.- No, estuve con Mario Sandoval. Con Paco Roncero tengo una historia curiosa. Cuando me retiré del fútbol —porque me decías antes que me retiré pronto— pensé en estudiar en Le Cordon Bleu, que está aquí en Madrid. Es una de las formaciones más prestigiosas del mundo de la cocina. Iba a apuntarme cuando hablé un día con Paco Roncero y me dijo: «Miguel, si no te vas a dedicar profesionalmente a la cocina, ¿para qué hacer ese curso? Vente a mi restaurante y te enseño yo».

Estuve tres meses con él justo después de retirarme. Aprendí muchas cosas. Como aquello no iba a convertirse en mi profesión, lo dejé como una experiencia personal y volví a mi mundo profesional, pero me dio herramientas. Tengo muy buena relación con Paco. Incluso durante Masterchef podría haber ido a prepararme a su cocina. El programa va evolucionando hacia la alta cocina y hay muchas técnicas que yo desconocía.

Los concursantes tenemos que buscar esas oportunidades por nuestra cuenta; el programa no nos conecta con restaurantes. Todo depende de las relaciones que tengas con los cocineros. En mi caso, en los últimos meses tuve más cercanía con Mario Sandoval y me abrió las puertas de Coque. Estuve dos meses trabajando allí. Es una casa que yo ya conocía de cuando estaba en Humanes, y ahora en el barrio de Salamanca es una auténtica maravilla.

P.- ¿Masterchef es más televisión o más cocina?

R.- Creo que es un híbrido. La televisión tiene sus propias reglas: quien está delante de la pantalla tiene que entretenerse y conectar contigo. Si solo vieras cocina todo el tiempo, la gente que no es tan aficionada como yo acabaría desconectando. Masterchef ha evolucionado mucho. Yo participé en la décima edición. Han sabido escuchar a la audiencia, a miles de personas, y ajustar el formato: elegir perfiles de concursantes muy distintos, generar dinámicas entre nosotros… Si nos hubieran metido a todos en una sala antes de empezar, ni siquiera habríamos sabido cómo relacionarnos. Pero cuando empiezas a convivir, a compartir experiencias y a trabajar en equipo, surgen las relaciones. Para mí la cocina siempre fue el hilo conductor. Yo disfruto cocinando. Quizá no todos mis compañeros lo vivieron igual porque hay momentos de mucha tensión, pero yo me lo tomé muy en serio desde el punto de vista culinario.

P.- ¿Qué te ha parecido la salida de Samantha de Masterchef?

R.- Fue una sorpresa. Cuando pensabas en Masterchef, inmediatamente te venía a la cabeza Samantha. No por restar valor a Pepe o a Jordi, que son excepcionales y cada uno tiene su carisma, pero ella era una figura muy identificable del programa. Ahora está Marta, que me parece muy preparada y representa también una nueva generación que se mueve mucho en redes sociales. Es una pena que un formato tan consolidado y tan accesible para todo el público tenga a veces menos conexión con la gente joven.

P.- ¿Cuán lejos crees que te quedaste de ganar a Mariló?

R.- No me quedé tan lejos. Al final fue cuestión de unos polvos llamados Procrema, que sirven para espesar o aligerar un líquido. En resumen: arriesgué más de lo necesario. Podría haber sido más conservador y hacer un postre más sencillo, pero en una final —y viniendo del deporte— hay que arriesgar. No me arrepiento. Además, sabía a quién tenía enfrente. Mariló llegó sin saber freír un huevo y demostró desde el primer día que, cuando dice que sí a un proyecto, lo da todo. En muchos viajes en autobús la veías al fondo con un libro, estudiando cocina desde el principio. Eso tiene muchísimo mérito. Yo puedo presumir de haber llegado a la final de Masterchef y sé aceptar la derrota.

P.- Pero ¿en ningún rincón de tu corazón hay algo que te diga que lo merecías tú?

R.- He recibido tanto cariño después del programa que, en cierto modo, me he sentido ganador. Muchísima gente me ha escrito diciéndome: «Miguel, has sido el más regular», «lo merecías por tu trayectoria». Creo que eso es lo importante: el legado que dejas en cada proyecto. Una final es solo un momento concreto. Ganas o pierdes. Pero yo tenía claro que quería mostrarme tal y como soy: una persona estable, natural y disfrutando de la experiencia. Y mucha gente lo ha percibido así. Para mí ese es el mayor premio. Sinceramente, no cambiaría cómo viví Masterchef por haber ganado el título.

P.- Hemos hablado de tu etapa en el fútbol, de tu vida con Paula, de tus hijos y de Masterchef. Si tuvieras que elegir entre tu vida antes —cuando jugabas al fútbol y aún no habías conocido a Paula— y tu vida actual, más vinculada a la televisión y a tu familia, ¿con cuál te quedarías?

R.- Me quedaría con un híbrido. El escenario ideal habría sido conocer a Paula con 20 años, tener ese núcleo familiar mientras jugaba al fútbol y que mi hijo hubiera podido ver a qué se dedicaba su padre. A muchos futbolistas nos hace ilusión que nuestros hijos vengan a los entrenamientos o a los partidos. Mi hijo no ha vivido esa etapa. Pero no me puedo quejar. He tenido muchos años para conocer gente, relacionarme con perfiles muy distintos y aprender de todo eso. Y cuando encontré a una persona que para mí era realmente especial, decidí centrarme en ella. La lealtad es un valor muy importante para mí.

P.- Vamos con las preguntas clásicas del programa. Si tuvieras que enviar a alguien al cielo, en sentido metafórico, ¿a quién sería?

R.- Antes te cuento algo. Hace poco, hablaba con Álvaro Pérez «el Bigotes», del caso Gürtel, que tiene un sentido del humor increíble. Él dice que no va a llevarle la contraria al Tribunal Supremo en la Tierra cuando habla de lo de los trajes de Camps, pero añade: «Que se prepare cuando llegue al cielo, porque allí no se puede mentir». Yo enviaría al cielo a todos los que han mentido en la Tierra y tendrán que rendir cuentas allí, especialmente a los grandes políticos que nos han engañado.

P.- Si tuvieras que enviar a alguien al infierno…

R.- A todos los hombres o mujeres que han abusado de niños. Son personas que no deberían haber nacido.

P.- ¿Y al purgatorio?

R.- Al purgatorio mandaría a Iker Casillas.

P.- Luego le llamamos. Miguel Torres, un placer. Muchísimas gracias por pasarte por aquí.

R.- Un placer. Muchas gracias.

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