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Quince viejos anuncios de televisión que hoy serían escandalosos

Emborrachar al marido como remedio contra el maltrato, alcohol desde la infancia, niños que pegaban palizas o Los Picapiedra fumando. Así era la publicidad televisiva hace unas décadas

Quince viejos anuncios de televisión que hoy serían escandalosos

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El mundo avanza y los tiempos cambian, afortunadamente. No tiene nada que ver la publicidad actual con la que se consumía en los años 50 y 60 del siglo pasado, cuando el papel asignado a la mujer era de mera comparsa de un hombre con el que firmaba un sumiso contrato matrimonial de por vida. Entonces se alcoholizaba a los niños casi desde la cuna porque era lo que se debía hacer «naturalmente» y fumaban todos los hombres, y solo alguna mujer atrevida, porque también eso era lo normal.

La vida y la publicidad han cambiado mucho desde entonces. De los anuncios rancios y moralistas de esos años pasamos a consumir otros en los 70 y los 80 en los que abundaba eso que llamaron ‘el destape’, pero solo si se trataba de cuerpos femeninos. Los masculinos seguían de traje mientras los limones del Caribe hacían su agosto durante todo el año. Eran otros tiempos en todos los casos.

Estos son algunos anuncios de televisión de aquellos años en los que lo normal era que la mujer idolatrara a su hombre, que se preparara a los niños para ser muy hombres aunque fuera a base de alcohol y que se alentara a las niñas para habituarse a un futuro hogareño repleto de responsabilidades que nadie les iba a agradecer.

Si tu marido te maltrata, emborráchale

Los anuncios de antes no eran como los de ahora tampoco en duración. Los espacios estándar actuales hace años que son de 20 segundos y a partir de ahí se abre un inusitado mundo en el que cobrarán lo que quieran por un spot más largo. Pero antes los más extensos no eran tan caros y podemos encontrar bastantes de más de treinta segundos, de un minuto y de minuto y medio. Es el caso de esta publicidad de coñac en la que el trabajo hogareño de una sufrida ama de casa no acaba de convencer a su marido, que la trata peor que mal e incluso le pega un bofetón. En su desesperación, ella acude a visitar a una pitonisa que de manera rauda le apaña la vida.

La adivina hace reflexionar a la esposa cuestionada. Le plantea, bola en mano, si ha pensado que su marido «trabaja muchas horas diarias y tiene derecho cuando llega a su hogar a encontrar un agradable recibimiento». Le espeta eso a modo de introducción a la materia, pero al instante le expone el planteamiento real y le pide a la señora que directamente emborrache a su marido si de verdad quiere ser feliz: «Procura que nunca le falte su copita de coñac, veras cómo no falla». Normal, y si le pones dos o tres, igual ya ni le sientes.

Por entonces una ‘buena esposa’ tenía que hilar muy fino para seguir siéndolo, pero a un marido de estos lo dejabas solo y una de dos: o volvía a casa a recuperar a su esclava madre o corría el riesgo de morirse de hambre sucio y arrugado. La publicidad evidencia que mucho trabajarían los hombres entonces fuera de casa, pero en el hogar eran unos huéspedes y aparentemente les parecía normal tanto a ellos como a ellas.

«La mujer se esfuerza menos» en su yincana diaria

Este anuncio es tan fantástico que, para que la mujer mantenga la casa en condiciones con menos esfuerzo, aporta un montón de productos de limpieza que la ayudan a tener el hogar como Dios manda. Lo cual no impedía que la esposa se pusiera sus mejores galas a última hora del día para recibir a ese macho que tan buena vida le procuraba. Y es que hay que tener en cuenta que «la mujer de su casa se esfuerza menos con Disa», así que cómpraselo, ‘macho’.

«El bienestar de una familia solo puede lograrse con el esmero de la mujer auténtica ama de casa». Esta frase la espeta una voz masculina mientras se ve a un hombre trajeado que lee tranquilamente sentado en un sillón. En este anuncio se publicitan hasta ocho productos, todos controlados por un ama de casa ideal que por ello merece esforzarse algo menos: «La bombona de butano Disa», el «jabón Disa», el «detergente en polvo Poldis», el «insecticida Trimosquil», ojo; «las pinturas Disa», las «bujías de parafina La Maga» y «Distergen, detergente líquido». El marido idílico igual era ingeniero, pero de estos asuntos de la casa no tenía ni idea porque eran cosa de mujeres.

Hombres terriblemente salidos

«Los grandes descubrimientos». Este otro reclamo publicitario de medias Mimi lo protagonizan, por una parte, una mujer rubia con cara de loba y taconazos y un presunto científico de profunda mirada lasciva que afirma: «Las descubrí». Se refiere a las piernas de esta primera chica del anuncio. No parece que le importen las medias.

Luego sale otra mujer con mini-minifalda que trabaja en una oficina -quizás una redacción- donde el resto de empleados, cinco, son hombres y están todos muy salidos. Tanto que llegan a agacharse al paso de la mujer para ver bien por ahí. Dan todos repelús, aunque aporta una grima especial el de la camisa de rayas.

«Justo lo que mi mujer necesita»

Los hombres, pilotos; las mujeres, azafatas. La aeromoza limpia el avión con una aspiradora después de tomar tierra, incluidos los ceniceros, que están llenos de colillas. Eso hace reflexionar al comandante cuando sale de la cabina. En esos momentos ve a una mujer limpiando y se acuerda de la suya porque sin duda la ama: Un aspirador Phillips es «justo lo que mi mujer necesita».

Criando macarras de barrio

Este spot publicitario de Nesquik es un tanto lisérgico. Una madre presenta a su «joven león», un niño cuanto menos hiperactivo que cabalga veloz para meterse en una trifulca en un salón del oeste. Allí le da una paliza a todo el que se le cruza y acaba sonriéndole a una rubia que también le sonríe y parece su madre convertida en madame. «Lo importante es que tenga energía», era otro cuestionable eslogan de la marca por entonces.

Pedro y Pablo fuman Winston 

La serie Los Picapiedra se estrenó en Estados Unidos el 30 de septiembre de 1960 y desde no mucho después ya tenían claro el tabaco que les gustaba. Mientras que Vilma y Betty trabajan a destajo en las labores de sus hogares de piedra, sus respectivos maridos, Pedro y Pablo, no pueden soportar ver cómo se esfuerzan tanto y se plantean echarse una siesta. Pero entonces a Pablo se le ocurre algo «mejor»: tomarse un «recreo Winston». Después, Vilma y Pedro también fuman Winston juntos.

Pensando en la «señora»

«¿Saben por qué recomiendo el detergente Tul a mi señora? Porque no quiero que venga cargada de la compra…». Esto es un esposo comprometido y no otros. Pero sus argumentos fracasarían estrepitosamente ahora que si quieres la carga de la compra la soporta Internet, la pide cualquiera y no hay que ir a por ella.

Tu-tú con quiniela «rellenada por un ‘celebro elétrogeno'»

A este anuncio le saldrían muchos detractores hoy en día. No se vislumbra actualmente a ningún fabricante de detergentes, o profesionales de otros ámbitos, que se planteen regalar «quinielas rellenadas». Lo protagoniza el aristócrata y actor Jaime de Mora y Aragón y su supuesta asistenta inculta: «Señorito, a ver cuándo me paga lo que me debe». «Calla, desdichada». Él está tieso y ella le dice que «Tu-tú regala quinielas rellenadas por un ‘celebro elétrogeno'». En fin, un despropósito todo.

Devorando conguitos

Los conguitos han creado numerosas polémicas sin pretenderlo, hasta el punto de que el envase fue rediseñado para adaptarse a los tiempos. En este antiguo anuncio con coña al final los conguitos son una pequeña tribu con lanzas que una enorme mano va reduciendo poco a poco. Luego el jefe se transforma en conguito.

Los dientes pueden esperar

Ser «una persona activa, dinámica y de acción» consiste en este anuncio de 1968 en ser un hombre que juega al tenis, sube por la derecha a un cochazo, presuntamente pilota una avioneta y se toma una galleta con una chica. Todo ello justifica que este hombre no tenga tiempo para lavarse los dientes y de ahí que deba utilizar Licor del Polo, puesto que ofrece una «acción prolongada».

Familias alcoholizadas con quina

Este anuncio de Kina San Clemente es brutal. «Su sillón», «su periódico», «y …naturalmente», «Kina San Clemente». Pero la marca no se conforma con que la fiel esposa le ponga un copazo al marido. Hay tres niños que juegan con un coche de cable, un Tiburón, aunque en realidad juega el niño de la casa y los otros dos miran embobados el juguete: «Sus juegos», «su merienda» «y, …naturalmente», «Kina San Clemente».

Utilizar a niños consumiendo alcohol para vender diferentes bebidas que disfrazaban de saludables estaba a la orden del día, y si no que pregunten en Cruzcampo por sus anuncios en prensa con menores atiborrándose de cerveza alegremente.

Kina San Clemente fue aún más lejos y creó a su propio personaje, Kinito, un niño de pelos alborotados cuyo muñeco te regalaban si enviabas «seis cápsulas de Kina San Clemente”.

Después, padre y madre salen en el anuncio departiendo con amigos «y, …naturalmente», «Kina San Clemente». La quina -que se escribe con Q, no con K- es un vino de Jerez que se produce añadiendo azúcar a restos de vinos fuertes que quedan en las botas. Esta familia era entusiasta y no paraba. Compraba más quina que leche.

Compresas por si pinchas

Este anuncio de compresas «Evax, la que cumple todas las reglas» se nota que es posterior, de los años 70, como delata el color o el coche que aparece y su matrícula. La dinámica chica protagonista pincha con su Dyane 6 y desde entonces el anuncio consiste en enfocarle el culo para que podamos comprobar que «no se nota», «no se mueve» y «no deja huellas». Lo de «no traspasa» llegaría más tarde.

Mustafá, poseído y adicto al humo

«A Mustafá, a Mustafá, le gusta el Camel como a los demás». Añadirle a una música popular y pegadiza una letra es otro clásico del que es buen ejemplo este anuncio de Estudios Moro de 1963, protagonizado por Mustafá y un camello con dos jorobas que simulan la C de Camel. Mustafá recuerda a Buenafuente, hace todo tipo de gestos raros y fuma cigarros que le llenan toda la boca y miden lo que un niño de ocho años.

Si ves una Siata 40, huye

«Ahorra un viaje de cada dos porque carga el doble». La Ebro Siata 40 fue una furgonetilla que se inspiraba en el Seat 600. Era pequeña, pero espaciosa y ágil. Tanto que en este anuncio primero sale a toda velocidad y luego atravesando cuatro carriles para escapar de un atasco. Sube bordillos, se mete por una boca de metro, atraviesa los andenes con gente más rápido que el coche de metro, sale a la calle por otra boca y finalmente aparca en mitad del banquete de una boda. Un vehículo «ideal para comerciantes tranquilos» cuando el concepto de conducción temeraria todavía estaba por llegar.

Mujeres abandonadas por oler mal

Un hombre de espaldas que se marcha, una mujer que se lamenta en un diván y una voz masculina que pregunta:»¿No marchan las cosas? Le abandonó su desodorante». «Ya lo sé, pero encuéntreme uno que no me abandone a media tarde». Ahí queda eso de «encuéntreme uno que no me abandone a media tarde», que no quiere aclarar si se refiere al desodorante o a un hombre. Rexona era una referencia que se anunciaba como «el único desodorante que contiene hexafloral»; a nadie más se le ocurrió esa palabra.

«¿Todavía sola?». Lo cierto es que al final del anuncio sale la chica en el mismo escenario en el que había sido abandonada porque le cantaba el alerón, pero esta vez entregada a un nuevo maromo trajeado. Entonces la voz parece congratularse al afirmar que ella «se sentirá segura durante todo el día y algo más». Importante ese «algo más».

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