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Economía

Vuelve la NFL, donde hasta los autógrafos son (un gran) negocio

La empresa de ‘merchandising’ digital de Tom Brady, la superestrella del fútbol americano, ilustra la pujanza económica del deporte favorito de los estadounidenses

Vuelve la NFL, donde hasta los autógrafos son (un gran) negocio

El jugador de fútbol americano Tom Brady, tótem de la NFL. | Reuters

Superhombres con armadura al máximo (y más allá) de sus prestaciones fisiológicas chocan con violencia inusitada por el noble objetivo de situar un balón de forma apepinada lo más cerca posible del territorio rival. Millones de personas observan fascinadas. La NFL, la liga del deporte favorito de los estadounidenses, volvió el fin de semana con más fuerza que nunca, dispuesta a exprimir hasta el último dólar del american dream con una mezcla de moderna sofisticación y apego desmedido a sus leyendas. Por encima de todo, el tótem absoluto: Tom Brady.

Ya explicamos aquí cómo Roger Goodell, comisionado de la NFL (equivalente al CEO), dio el giro definitivo a su negocio en 2015, cuando convenció a los dueños de los equipos de que renunciaran al privilegio fiscal que el Gobierno concedía al fútbol americano. La autonomía ganada con ese movimiento permitió negocios tan jugosos como la venta de derechos de retransmisión de sus partidos en Estados Unidos para los próximos 11 años por 100.000 millones de dólares, el doble de lo que sacaban hasta ahora. La NFL salía de la pandemia por la puerta grande.

Los resultados aún se están desplegando. Mike Ozanian y Justin Teitelbaum publicaron hace un par de semanas en Forbes su tradicional (y canónico en el sector) reportaje sobre la valoración económica del fútbol americano con esta conclusión: «Con unos ingresos que se disparan y una rentabilidad que hace la boca agua, los equipos de la NFL tienen ahora un valor medio de 4.470 millones de dólares, un 28% más que hace un año».

Los partidos de la temporada pasada tuvieron una media de 17,1 millones de espectadores, un 10% más que el año anterior

Mientras las audiencias de noticias y entretenimiento caen, las de la NFL se disparan. El año pasado, los partidos de la temporada regular tuvieron una media de 17,1 millones de espectadores, un 10% más que el año anterior y la media más alta desde 2015 (ese año clave de Godell). No es de extrañar que, en la presentación de la temporada actual, el presidente de CBS Sports, Sean McManus definiese su producto como «un tren de mercancías” que “cada año adquiere mayor velocidad».

La última gran final a partido único de la competición, la famosa Super Bowl, congregó nada menos que a 208 millones de norteamericanos alrededor del televisor, dos tercios de la población. Desde Fox Sports, la cadena que la retransmitirá la próxima, aseguraron la semana pasada que ya habían vendido el 95% de los huecos para anuncios del partido, con precios entre seis y siete millones de dólares por el clásico spot de 30 segundos. 

Los negocios de Tom Brady, tótem de la NFL

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En este contexto tan dinámico, llama la atención que el principal foco de atención siga siendo un jugador de 45 años. Tom Brady, ganador de siete superbowls y poseedor de casi todos los récords de la competición, no tiene el mejor sueldo de la liga. Ni de lejos. Los Tampa Bay Buccaneers le pagan solo 15 millones de dólares, una miseria comparado con los 50 millones que los Green Bay Packers le van a soltar este año a su quarterback, Aaron Rodgers. Brady lo acepta para que la franquicia, limitada como todas por las estrictas normas financieras de la NFL (aquí no hay palancas que valgan), pueda rodearlo de un equipo competitivo. El dinero de verdad viene por otro sitio.   

Brady ostenta la corona de deportista con mayores ganancias del mundo, concedida por Forbes, que le atribuye 83,9 millones de dólares levantados el año pasado. Cuando se suponía que le llegaba la jubilación, tras ganarlo todo con los New England Patriots y superar los 40 años de edad, dejó a todo el mundo descolocado fichando en 2020 por los Buccaneers. Ese mismo año ganó la Superbowl. En 2021 no pudo repetir, pero cuajó una gran temporada, se suponía que la última: anunció su retirada en febrero, opacando la mismísma final, pero se desdijo en uno de esos regresos a lo Rocky que tanto gustan a los americanos. 

Entre sus negocios está la marca de moda y estilo de vida TB12 o la productora audiovisual 199 Productions, y Fox Sports ya le ha dicho que va a romper la hucha para tenerlo de comentarista en cuanto se retire. Aparte, por supuesto tiene todo tipo de contratos de patrocinio y publicidad con las mejores marcas: Christopher Cloos, Electronic Arts, Fanatics, FTX, Hertz, IWC Schaffhausen, Subway, T-Mobile, Under Armour, Wheels Up. Pero lo último de lo último, lo que está en boca de todos estos días, rompe la última frontera en la explotación del aficionado y sus emociones.  

En julio del año pasado, Tom Brady cofundó Autograph, una empresa de NFT que ya en enero recaudó 170 millones de dólares en una ronda de financiación

En julio del año pasado, Tom Brady cofundó Autograph, una empresa de NFT (activo digital encriptado) que ya en enero recaudó 170 millones de dólares en una ronda de financiación de serie B. Su materia prima, los autógrafos. Aquello que se decía de que la emoción de un niño ante su ídolo deportivo no tenía precio ha quedado obsoleto. El culpable, claro, ha sido internet. Lo contaba Yueqi Yang en Fortune: «A medida que el precio de las mejores colecciones de NFT se desploma durante el invierno de las criptomonedas, algunos compradores potenciales buscan tokens digitales que puedan servir como algo más que simples objetos de colección». Y la respuesta está en Autograph, que «está lanzando un nuevo producto llamado Experiencias de Firma». El invento conecta con la tradición del autógrafo y lo impulsa hacia la estratosfera del concepto influencer dando a los clientes acceso a eventos en los que puede ver en persona a sus ídolos, NFTs gratis que le aseguran que su autógrafo digital es único, merchandising de todo tipo y, claro, la posibilidad (no sabemos cómo de remota) de conocer a Tom Brady. A lo mejor incluso tocarlo. 

Una vuelta de tuerca al concepto de autógrafo y, quizás, al de deporte profesional. Lo puramente deportivo pasa a un segundo plano. Ojo, los Buccaneers de Brady tienen posibilidades de ganar el campeonato. Los apostadores de Las Vegas, por ejemplo, lo sitúan segundo, por debajo de los Buffalo Bills, que ganaron el primer partido de este año, el viernes, ante otro de los favoritos, Los Angeles Ram. Pero incluso cuando el balón estaba empezando a volar (este no rueda), todos los focos apuntaban a otro lado: la presunta pelea de Brady con su señora, la supermodelo Gisele Bündchen, por la que, supuestamente, había dejado la concentración del equipo unos días. La NFL respiró aliviada cuando el mismo Brady apareció en rueda de prensa para explicar que está bien y que lo va a dar todo por su equipo. Porque lo importante es el equipo, claro.

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