The Objective
El podcast de El Liberal

Lorenzo Bernaldo de Quirós: «La economía española es un enorme espejismo»

«El progreso de un país avanzado no puede apoyarse en el gasto público, el incremento de la inmigración y el turismo»

Lorenzo Bernaldo de Quirós (Ávila, 1959) es presidente y socio de la consultora Freemarket Corporative Intelligence, especializada en estrategia y operaciones. Es también académico del Cato Institute y vicepresidente del Instituto Von Mises de Barcelona. De esta breve pincelada biográfica habrán deducido ustedes que Bernaldo de Quirós es un consumado liberal. Yo también me considero liberal, pero de una hechura diferente, porque lo soy un poco por descarte, porque no he podido ser otra cosa. En mi juventud probé con el marxismo y con el falangismo y créanme que me esforcé, pero fue inútil, no logré que me convencieran ni los unos ni los otros.

Bernaldo de Quirós, en cambio, ha levantado su liberalismo ladrillo a ladrillo, concienzudamente, poniendo primero a David Hume, luego a Adam Smith y así sucesivamente. El resultado es una formidable construcción intelectual con la que intenta librar la eterna batalla entre el erizo y la zorra.

Esto del erizo y la zorra es una metáfora de otro ilustre liberal, Isaiah Berlin. Tiene su origen en Arquíloco, un poeta griego, que dejó escrito este enigmático verso:

«La zorra sabe muchas cosas, pero el erizo sabe una sola y grande».

Ya les digo que es una frase oscura, sobre cuya correcta interpretación discrepan los estudiosos, pero a Isaiah Berlin le valió para caracterizar a dos tipos de pensadores sociales: el erizo, para el que existe una forma ideal de organizarse que debe imponerse a quienes (por maldad o ignorancia) se resisten, y la zorra, que acepta que la verdad existe, pero que es siempre provisional, una aproximación tentativa e imperfecta y, por tanto, destinada a ser rebatida.

Bernaldo de Quirós es una zorra, lo que dicho en otro contexto igual sonaba fatal, pero que estoy seguro de que él lo acepta como un cálido elogio. Yo mismo soy otra zorra y, ya que estamos entre zorras, nada más apropiado que empezar esta conversación (de la que sigue una versión extractada y editada) metiéndonos con el erizo socialista.

Pregunta- Dice Pedro Sánchez que vamos como un cohete.

Respuesta- La economía española es un enorme espejismo. Tenemos aumentos del PIB [producto interior bruto] nominal muy altos, pero que se asientan sobre arenas movedizas. El progreso de una nación supuestamente avanzada no puede apoyarse únicamente en el gasto público, el incremento de la población (básicamente inmigrante) y el turismo. Ese es el modelo propio de un régimen en vías de desarrollo, que además ni siquiera es sostenible y, sobre todo, que no se traduce en una mejora del bienestar. Porque el descuido de la productividad está impidiendo que el nivel de vida de los españoles converja no ya con el de los países más ricos de nuestro entorno, sino con la media de la Unión Europea.

El problema de esta decadencia es que no va a manifestarse, como en Argentina, mediante un estallido brusco que pudiera hacer reaccionar a la población. Estamos más bien ante un proceso gradual en el que la gente descubre que se ha empobrecido cuando ya es demasiado tarde.

«Como el actual modelo de crecimiento persista, en 10 años España estará entre los tres países con menor nivel de renta del continente»

P.- Es el síndrome de la rana hervida: si metes una en un puchero en ebullición, salta; pero si el agua está tibia y elevas poco a poco la temperatura, termina escaldada.

R.- Exactamente. Como el actual modelo de crecimiento persista, en 10 años España estará entre los tres países con menor nivel de renta del continente. Nos habremos puesto a la altura de búlgaros y rumanos, gente por lo demás encantadora.

P.- Me sorprende que aún no hayas mencionado que este Gobierno ha llevado la presión fiscal a máximos históricos y, pese a ello, solo ha reducido el déficit público al 2,6%. ¿Qué ocurrirá cuando no crezcamos al 3% y no se puedan ya subir más los impuestos?

R.- La situación es aún más grave, porque el déficit estructural [es decir, el que España tendría con un ritmo de crecimiento normal] apenas ha variado y se mantiene próximo al 3%. La reducción que tú mencionas es la del déficit nominal, y se ha logrado a costa de un aumento salvaje de impuestos. Y en este punto déjame aclarar que el indicador relevante no es la presión fiscal [el peso de la recaudación en el PIB], sino, por un lado, la presión fiscal dinámica [lo que ha variado en el tiempo la presión fiscal] y, por otro, el esfuerzo fiscal [la presión fiscal dividida por la renta per cápita]. Y en ambos parámetros superamos ampliamente a nuestros socios europeos. [La presión fiscal ha pasado del 34,2% en 2017 al 37,1% en 2024, es decir, se ha incrementado en casi tres puntos desde que Sánchez llegó a la Moncloa, mientras en la UE caía 0,7 puntos. Por su parte, el esfuerzo fiscal de los españoles fue en 2022 un 17,8% superior a la media de la UE].

«A pesar de haber exprimido de manera salvaje y despiadada a familias y empresas, este Gobierno no ha sido capaz de reducir el déficit estructural»

Todo esto se traduce en desincentivos claros para el trabajo, el ahorro y la inversión, pero yendo a tu pregunta, ¿qué pasará cuando el ciclo se agote? Las propias previsiones oficiales apuntan a un crecimiento de entre el 1,5% y el 1,8%, y con ese ritmo simplemente no habrá recursos para financiar el gasto estructural que se ha ido consolidando. Es un verdadero drama: a pesar de haber exprimido de manera salvaje y despiadada a familias y empresas, este Gobierno no ha sido capaz de reducir el déficit estructural.

P.- ¿Por qué?

R.- Porque el grueso del gasto es corriente o, dicho en román paladino, consiste en transferencias para comprar votos. Es el mismo modelo de la Argentina pre-Milei y conduce de forma ineluctable a la miseria. Las leyes económicas, querido, se cumplen tarde o temprano. Puedes hacerte trampas en el solitario y regatearte a ti mismo, pero la factura llega siempre. Piensa que en 1986 teníamos un PIB per cápita similar, incluso ligeramente superior, al de Irlanda. Cuatro décadas después, Irlanda nos triplica. Es inaceptable.

«El grueso del gasto público es gasto corriente o, dicho en román paladino, consiste en transferencias para comprar votos. Es el modelo de la Argentina peronista»

P.- Otra peculiaridad española es su notable tasa de paro.

R.- Tenemos una de las más altas de la Unión Europea, incluida la vieja y gloriosa Grecia, y eso después de varios años de crecimiento sostenido. Cuando sucede algo así, lo que los manuales te dicen es que tienes un mercado laboral lleno de rigideces, que impiden ajustar la oferta y la demanda. Y como la señora Díaz las ha agudizado todavía más, es impensable que el desempleo vaya a caer de forma significativa.

P.- Ya que la traes a colación, ¿qué te parece la reforma laboral de Yolanda Díaz?

R.- Querrás decir la contrarreforma laboral, porque básicamente ha consistido en recuperar algunas de las rigideces que redujo de forma marginal la reforma del Partido Popular de 2012.

P.- Pero los contratos temporales han desaparecido…

R.- Porque está prohibido hacerlos. Lo que ahora tenemos es el contrato fijo discontinuo, que es una forma de temporalidad encubierta. Un fijo discontinuo en cese de actividad no trabaja, pero tampoco aparece como parado. Es una alquimia estadística maravillosa.

P.- O sea, que la mejora es meramente terminológica.

R.- Es algo muy propio de nuestra gloriosa izquierda patria. Presume de que su gran preocupación son los desfavorecidos, pero después de siete años de fuerte expansión del gasto público y de una regulación del mercado de trabajo supuestamente orientada a favorecer a los más vulnerables, resulta que España encabeza el pelotón de países europeos con mayor riesgo de pobreza y exclusión social, solo por detrás de Rumanía, Bulgaria y Grecia [y al nivel de Lituania]. Y en carencia material severa, estamos también entre los cinco primeros.

¿No es esto un enorme fracaso? Una política que de verdad ayudara a salir adelante debería traducirse en una reducción del número de personas que necesitan ayuda, pero el propio Gobierno alardea de que cerca de 2,4 millones reciben el ingreso mínimo vital. Hemos montado un modelo de dependencia económica y política, en el que se intercambian transferencias por votos.

«El mercado laboral está lleno de rigideces que impiden ajustar oferta y demanda. Y como la señora Díaz las ha agudizado, es impensable que el paro pueda caer mucho más»

P.- Has insistido reiteradamente en que el sistema de pensiones es insostenible.

R.- Me parece a mí que eso queda fuera de toda duda. Primero, porque el envejecimiento demográfico incrementa la tasa de dependencia, es decir, el número de jubilados que deben mantener quienes aún trabajan. Y segundo, porque nuestra tasa de reemplazo [el porcentaje que representa la pensión respecto del último salario] es surrealista. Ronda el 80% y es la mayor de la UE.

Pero, ¿qué sucede? Que hay muchos jubilados y muy pocos jóvenes y, como los políticos lo reducen todo a votos, la inercia electoral nos ha ido empujando hacia una situación de ineficiencia económica y de injusticia generacional, en la que trabajadores pobres tienen que financiar a pensionistas ricos. Es un escenario de enfrentamiento generacional y de ruina, pero nadie le quiere poner el cascabel al gato.

P.- ¿A qué te refieres?

R.- Hace muchos años, desde el Círculo de Empresarios, promovimos la transición hacia un modelo de capitalización [en el que cada trabajador realiza las aportaciones que sufragarán su pensión]. Eso ahora ya es imposible por el volumen de deuda que esta tropa ha generado, pero sí estamos a tiempo de introducir elementos correctores. Por ejemplo, reducir la tasa de reemplazo.

El presidente y socio de la consultora Freemarket Corporative Intelligence, Lorenzo Bernaldo de Quirós, en El podcast de El Liberal. | Kevin Borja

P.- O sea, bajar las pensiones…

P.- ¡Pues claro! Vamos a ver, o bajas las pensiones o subes los impuestos. Y ni siquiera así está asegurada la sostenibilidad. Antes o después tendrás que transitar a un sistema en el que cada ciudadano sea capaz, con los instrumentos de ahorro adecuados, de cubrir su retiro.

El sistema de reparto [en el que las pensiones de los pasivos se sufragan con las cotizaciones de los activos] nunca fue razonable, pero funcionó durante la posguerra porque millones de jóvenes trabajaban y mantenían a un número relativamente pequeño de mayores. Ahora esos boomers se están retirando y no tienen detrás unas cohortes igualmente numerosas que les den el relevo.

«Los contratos temporales han desaparecido porque está prohibido hacerlos. En su lugar tenemos el contrato fijo discontinuo, que es una forma de temporalidad encubierta»

P.- Los mileniales dicen que son la primera generación que vivirá peor que sus padres.

R.- Así es. Desde 1953 hasta la crisis financiera, los españoles han venido ingresando más que sus progenitores. Eso se acabó en 2008. A partir de ese momento surge una generación cuyo nivel de vida está estancado y, en promedio, incluso declinando. Las razones son varias: un mercado laboral absolutamente infumable, como creo que ya he dejado claro antes; una presión fiscal asfixiante que, en el nombre de la solidaridad intergeneracional, impide el ahorro y la acumulación de capital, y una legislación demencial, que encarece el suelo y desincentiva la construcción de vivienda.

Son la generación mejor preparada de la historia y la hemos puesto ante un dilema imposible. A sus miembros más valiosos, los obligamos a buscar fortuna en el extranjero y a los que carecen de preparación suficiente, los condenamos a una existencia miserable.

«Un fijo discontinuo en cese de actividad no trabaja, pero tampoco aparece como parado. Es una alquimia estadística maravillosa»

P.- Si fueras ministro de vivienda, ¿qué harías?

R.- Esto es de primero de económicas. Los pisos son caros porque no se hacen los suficientes. Si la demanda aumenta, porque cada año se crean nuevos hogares, y la oferta crece más despacio, los precios se disparan.

¿Y por qué no crece más la oferta? Primero, porque la construcción nueva está sometida a una fiscalidad que es de las más altas de la Unión Europea y la OCDE, y a unos trámites burocráticos delirantes. Además, ayuntamientos y comunidades autónomas restringen el suelo para encarecer su precio y poderse financiar con él.

A esto se suma la política de manicomio de este Gobierno socialcomunista, que ha aprobado una ley que hace prácticamente inviable un mercado del alquiler funcional. Entre la tolerancia al okupa, las dificultades para acompasar la renta a la evolución de los precios y las facilidades para que el inquilino se convierta en moroso sin ser desalojado, ¿quién en su sano juicio va a jugársela y arrendar una propiedad?

«La izquierda presume de que su preocupación son los desfavorecidos, pero tras siete años España está entre los cinco países europeos con mayor carencia material severa»

P.- Otro asunto de máxima actualidad es la inmigración. Como buen liberal, imagino que estarás a favor.

R.- La inmigración vivió su momento de gloria a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando se daban una serie de circunstancias. Primero, el extranjero que desembarcaba en Estados Unidos o en Argentina lo hacía por su cuenta y riesgo, sin ninguna clase de cobertura sanitaria o educativa. Segundo, se tenía que mantener a sí mismo con sus propios recursos. Y tercero, debía adaptarse a las reglas del país de acogida.

Ese mundo ya no existe.

Como señaló [el nobel de economía] Milton Friedman, la libre circulación de personas es incompatible con un estado del bienestar como el actual, porque sus prestaciones generan un efecto llamada. Si al recién llegado se le garantizan todo tipo de servicios, reaccionará muy racionalmente convirtiéndose en receptor de rentas más que en creador de riqueza.

Por otra parte, desde el punto de vista de un buen liberal, los propietarios de un país son sus nacionales. Por tanto, la entrada en un país, que constituye una propiedad colectiva, debe regirse por las reglas que esos nacionales establezcan. Eso significa, para empezar, que quien esté en situación irregular no puede beneficiarse de prestación ninguna. Luego, que aun habiendo entrado de forma legal, si comete un delito o una infracción administrativa debe ser expulsado inmediatamente. Y por último, que todo inmigrante tendrá que hacer frente durante un periodo inicial a su mantenimiento.

En suma, hay que aceptar e incluso fomentar la llegada de quienes vienen a crear riqueza. Al resto, hay que combatirlo con energía.

«¿No es un enorme fracaso que el Gobierno alardee de que cerca de 2,4 millones personas ya reciben el ingreso mínimo vital?»

P.- España crecería mucho más con disciplina fiscal y libertad de mercado, pero nunca ha aplicado de forma continuada esa sencilla receta. En la izquierda se entiende, porque vive apremiada por las urgencias sociales, pero ¿por qué tampoco la derecha lo hace?

R.- El Partido Popular vive fascinado por la entelequia del término medio. Ante un colectivismo carnívoro, que está impulsando una estatización de la economía inédita en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, procura mantener la equidistancia. Quiere hacer de taller de reparaciones, contentándose con proponer cuatro ajustes técnicos, y eso ya no sirve.

El PP tuvo una gran oportunidad, la de la mayoría absoluta de 2011. Dispuso de todos los elementos para cambiar el modelo económico y social, y no lo hizo, es un partido lleno de complejos. Si esta tropa encantadora [de Sánchez y los suyos] abandona alguna vez la Moncloa y los populares caen en el error de seguir los pasos de Rajoy, acabaremos en donde acabamos entonces: en el fracaso y en el regreso de la izquierda. Una izquierda aún más radical y con el acompañamiento de esa otra derecha [de Vox] que se presenta como la verdadera alternativa, que está llena de personas muy simpáticas y que, tras defenestrar a su ala liberal-conservadora, parece dispuesta a entonar el Cara al sol.

«La inmigración vivió su momento de gloria a finales del siglo XIX, cuando el extranjero que desembarcaba en Estados Unidos lo hacía sin ninguna clase de cobertura social»

P.- ¿Qué opinas de Donald Trump?

R.- Es el presidente de los Estados Unidos, el líder del mundo libre. No me gusta su política comercial, ni su falta de respeto a los checks and balances [frenos y contrapesos], a los equilibrios tradicionales del sistema constitucional estadounidense. Tampoco me gusta la polarización de la sociedad, ni la transformación del Partido Republicano en una especie de club de fans de mister Trump, ni la designación por parte de los demócratas de un insolvente para la alcaldía de Nueva York.

P.- Te refieres a Zohran Mamdani.

R.- Es un analfabeto funcional, un demagogo de quinta y una mezcla musulmano‑socialista absolutamente cómica. Dice que va a subir los impuestos a los ricos, cuando el 1% de los neoyorquinos que más ganan aportan ya el 40% de los ingresos fiscales totales de la ciudad. Nueva York es la Roma capitalista moderna, tiene una oferta imbatible en supermercados y bares y este tipo plantea economatos de titularidad pública. Es increíble.

«La libre circulación de inmigrantes es incompatible con el estado del bienestar»

P.- En Venezuela los tienen.

R.- Claro que los tienen en Venezuela, lo que refleja que algo se ha roto en Estados Unidos. Antes, Miguel, cuando en Europa perdíamos el norte, podías pensar que esto era un desastre, pero que al otro lado del Atlántico había alguien que más o menos guardaba la cordura. Ahora ya no estoy seguro.

P.- Sí, es una tragedia…

R.- Y particularmente grave en un momento en el que Occidente afronta una nueva guerra fría contra una coalición de potencias autocráticas que ha decidido desafiar el orden liberal surgido tras la caída del muro de Berlín.

«Si al recién llegado se le garantizan todo tipo de servicios, reaccionará muy racionalmente convirtiéndose en receptor de rentas más que en creador de riqueza»

P.- De todos modos y por agotar el tema de Trump, cuando proclamó el Día de la Liberación, muchos expertos y yo mismo anticipamos el apocalipsis, pero lo cierto es que no ha sido para tanto.

R.- El impacto que pensábamos que tendría el aumento brutal y general de aranceles ha sido indiscutiblemente inferior al previsto. Eso se debe en parte a que el propio Trump los ha rebajado, pero tampoco nos confiemos. Las consecuencias de una política proteccionista son inexorables y acumulativas. No hemos experimentado un choque repentino, pero sí va a haber un deterioro gradual.

P.- Volvemos al síndrome de la rana hervida.

R.- Exacto. El comercio internacional va a crecer menos, la economía americana va a crecer menos y el mundo va a crecer menos. Nos vamos a cocer a fuego lento.

«La lógica electoral nos ha ido empujando hacia una situación en la que trabajadores pobres tienen que financiar a pensionistas ricos. Es un escenario de ruina»

P.- Se leen cada vez más artículos que dicen que China ha ganado la guerra comercial, incluso que estamos a punto de asistir a un relevo en la hegemonía mundial.

R.- Fui, soy y seré absolutamente escéptico ante la «amenaza china», por varias razones. Primero, la economía del gigante asiático está sumida en un proceso de desaceleración muy fuerte: este año crecerá un 4,8% y el que viene, aún menos. Se trata, además, de una caída sostenida desde 2014.

Segundo, sus niveles de productividad son un 40% inferiores a la media de los países de la OCDE. El salto desde una economía de renta media, como todavía lo es China, a otra de alta renta, como las occidentales, exige una mejora de productividad y de la innovación incompatible con las restricciones institucionales del régimen. Sin derechos de propiedad ni seguridad jurídica no hay progreso, y hoy por hoy nada de eso existe en China.

Sucede más bien al contrario, y ese es mi tercer punto: la liberalización ha sufrido un retroceso extraordinario desde la llegada de Xi Jinping al poder. El control del Partido Comunista sobre el aparato productivo es cada vez mayor.

China es, en suma, un tigre de papel. Sin un cambio profundo del modelo político, nunca superará a Occidente.

«Los pisos son caros porque no se hacen los suficientes. Si la demanda aumenta, porque cada año se crean nuevos hogares, y la oferta crece más despacio, los precios se disparan»

P.- Pero lidera un montón de tecnologías: el coche eléctrico, la tecnología solar…

R.- También la vieja Unión Soviética contaba con ingenieros estupendos que fabricaban máquinas magníficas, pero eso no es lo relevante a efectos de poderío económico. Lo relevante es cómo el aparato productivo metaboliza la innovación y, en China, esa capacidad está muy mermada, porque carece de los incentivos de una sociedad libre. Su aparente éxito es producto de la miopía de Occidente. No le tengo ningún miedo.

Lo cual no significa, sin embargo, que no pueda ocasionarnos graves problemas. Una China en franco declive puede albergar tentaciones de otra naturaleza.

P.- Como invadir Taiwán.

R.- Claro, pero esa ya es otra historia.

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