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Economía

Magaluf intenta dejar atrás el turismo basura con la apertura de hoteles de lujo

Cuatro nuevos establecimientos llegan a Calvià en 2026, aunque se mantiene la presión de las aerolíoneas ‘low cost’

Magaluf intenta dejar atrás el turismo basura con la apertura de hoteles de lujo

La playa de Magaluf en una imagen de archivo.

Magaluf, durante décadas el epicentro mediterráneo del turismo de excesos, balconing y ocio desenfrenado, se encuentra en un punto de inflexión histórico. El municipio balear de Calvià, donde se ubica esta localidad, se prepara para un 2026 que promete consolidar una metamorfosis largamente buscada: la transición de un modelo basado en el bajo coste y la embriaguez a una propuesta de lujo y calidad. Con la llegada de sellos hoteleros internacionales, como la exclusiva cadena Mandarin Oriental, la zona busca sacudirse el estigma del turismo basura, aunque el reto sigue siendo mayúsculo ante la persistencia de la conectividad low cost.

La transformación de Magaluf no es un hecho aislado, sino el resultado de un plan estratégico que combina desde hace años la inversión pública y, sobre todo, la privada. Este próximo año marcará un hito en la planta hotelera de Calvià con la apertura de cuatro establecimientos que pueden elevar el estándar del destino o al menos diversificar su oferta. El buque insignia de esta nueva era es, sin duda, el Mandarin Oriental Punta Negra.

La apuesta de la cadena asiática por este enclave de la costa mallorquina supone un espaldarazo a la reconversión de la zona. Se trata de un hotel que no solo busca atraer a clientes con un alto poder adquisitivo, sino redefinir el perfil del visitante que se espera en el municipio. Junto a este cinco estrellas, se espera que abran sus puertas en 2026 al menos un cuatro estrellas y un tres estrellas superior, además de un macrorresort con piscina y servicios de lujo, lo que supone una inyección de calidad en la zona.

Meliá, una de las cadenas que ha impulsado la transformación, ha confirmado recientemente los avances significativos de Magaluf en nuevos segmentos. La estrategia no solo pasa por el lujo, sino por la desestacionalización, atrayendo a familias, parejas y nómadas digitales que busquen algo más que sol y playa en los meses centrales del verano. Este destino lleva años luchando contra una imagen pública devastada por los vídeos virales de conductas incívicas. Durante la última década, el nombre de la localidad ha estado ligado al balconing —la peligrosa práctica de saltar de los balcones de los hoteles a la piscina—, a concursos de felaciones en bares y a borracheras multitudinarias de jóvenes británicos.

El decreto de Turismo de Excesos aprobado por el Gobierno autonómico y las ordenanzas municipales de Calvià han sido herramientas clave para frenar estas prácticas. Sin embargo, la verdadera modificación requiere un cambio en la oferta. La desaparición de los locales en ghost towns (pueblos fantasma) durante el invierno y la apuesta por una transformación sostenible pretenden erradicar definitivamente ese turismo de coste ultrabajo que apenas deja valor añadido en la isla y genera graves problemas de seguridad y orden público.

A pesar de los esfuerzos por posicionar a Magaluf en el segmento prémium, el destino se enfrenta a una realidad paradójica: la conectividad aérea sigue dominada por aerolíneas low cost. Mientras el sector hotelero invierte cientos de millones de euros en reformar sus activos, compañías como Wizz Air refuerzan su apuesta por Baleares. La aerolínea de bajo coste ha anunciado recientemente nuevas rutas que conectarán Mallorca y Menorca con ciudades como Tirana, Roma y Milán. Este refuerzo de operativas ultrasequibles garantiza un flujo constante de turistas a la caza de precios competitivos. Esto, a su vez, plantea un escenario de convivencia obligada entre dos mundos opuestos: el huésped que paga más de mil euros por noche en un hotel de lujo y el viajero que llega con un billete de avión de 30 euros.

El reto de 2026 no será solo abrir hoteles de cinco estrellas, sino gestionar la convivencia de estos perfiles. La pregunta que flota en el aire en Calvià es si un destino puede ser, a la vez, el refugio del lujo asiático y la base de operaciones de las aerolíneas más económicas de Europa. La reinvención del sector también pasa por una diversificación de mercados. Históricamente dependiente del Reino Unido, Magaluf está empezando a atraer a otros públicos. El proyecto de transformación sostenible no solo busca hoteles más bonitos, sino un entorno urbano más amable, con menos ruido y una oferta gastronómica y cultural que compita con otros destinos del Mediterráneo.

Los datos de reservas para periodos fuera de temporada alta, como la reciente Navidad, muestran que Madrid, Barcelona y Benidorm lideran el turismo nacional, mientras que Canarias y Baleares despuntan en las preferencias de los viajeros internacionales para fechas señaladas. Esto puede contribuir a la desestacionalización: para que el lujo sea rentable, el destino debe estar vivo más allá de los meses de julio y agosto.

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