Los seis datos que desmienten el (infundado) optimismo económico del Gobierno
El balance de fin de año entrega más sombras que luces con serios problemas para los bolsillos de los españoles

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el ministro de Economía, Comercio y Empresa, Carlos Cuerpo. | Jesús Hellín / Europa Press
31 de diciembre de 2025.- Pedro Sánchez publica un vídeo en TikTok donde hace balance del año centrándose exclusivamente en la economía de España. «Te cuento cómo este Gobierno ha mejorado tu vida mes a mes», dijo. Un derroche de transparencia el mismo año en el que apenas ha dado un par de entrevistas y con comparecencias públicas en las que es casi imposible que los informadores hagan preguntas. En su aparición virtual, un pletórico presidente dijo que el país «crece como nunca» justificando su triunfalista sentencia con la subida de las pensiones mínimas, sus medidas para contener (sin éxito) la subida del precio de la vivienda; la ley de movilidad sostenible, la ley ELA; la subida del SMI; la ampliación de los permisos por nacimiento y cuidados; y las ayudas por los incendios. «Empezamos el año con lo más importante, con tu bolsillo y también con tu casa», remató.
1 de enero de 2026.- El ministro de Economía, Carlos Cuerpo, concede una entrevista a la Cadena SER en la que recuerda que el crecimiento económico está muy por encima de la Unión Europea (UE), aunque pasa de puntilla por otros temas más espinosos como el hecho de tener otro año sin presupuestos o que el problema de la vivienda sigue sin solución. Prometió que el Gobierno aprobará la norma que limitará las condiciones de los créditos de consumo «para incrementar su transparencia» y dijo que los fondos europeos han transformado la economía, lo que —a su juicio— garantiza que el aumento del PIB se mantenga en el tiempo. Ello, pese a que España renunciara al 37% de total de los Next Generation, 60.000 millones en créditos que se han rechazado por la imposibilidad de gestionarlos.
Con estas dos intervenciones, el Gobierno intenta recuperar el control de la agenda informativa. Para ello, la economía está siendo su mejor argumento para vender algún éxito de su gestión en una legislatura marcada por los casos de corrupción. No es casualidad que Sánchez y Cuerpo se cuelguen las medallas del gasto social y del crecimiento económico: son los únicos indicadores de los que pueden presumir. EL PIB subió un 2,9% en 2025 y probablemente lo hará un 2% este 2026, pero el resto de los factores que impulsan el tejido productivo caen o están estancados y, pese a los múltiples anuncios —la mayoría vacíos— y de los buenos augurios del presidente del Gobierno, el bolsillo de los españoles sigue afectado por problemas como la subida del precio de la vivienda, de los alimentos o la pérdida de poder adquisitivo.
Precios y poder adquisitivo
A ellos también hay que sumar otros factores macroeconómicos que se han agudizado este curso y que nos alejan de nuestros principales socios como Francia y Alemania. El déficit comercial no para de crecer y nos acerca a los mayores niveles desde la crisis de 2008; la inversión extranjera cae a doble dígito; la deuda pública está en su mayor nivel de siempre y seguimos siendo, por cuarto año consecutivo, el líder de paro en la Unión Europea. Un panorama nada alentador que a partir de 2027, sin la inyección de fondos europeos, podría generar un importante desequilibrio en la economía de España. Solo seis datos que desmienten el optimismo económico del Gobierno.
Subida de los precios.- Hace pocos días se publicó el dato adelantado del Índice de Precios de Consumo (IPC) de diciembre con un 2,9% de subida, dato que se suma al 2,8% que ya creció en el acumulado interanual de 2024 y al 3,1% de 2023. Esto no solo significa que los precios hayan crecido casi un 10% en tres años, sino que estamos ante un nivel que ya se vuelve estructural. Y un punto por encima del límite que la UE establece como tolerable. El problema es que, además, a estas cifras hay que añadirles el alza previamente acumulada: un 5,7% al cerrar 2022 y un 6,5% en 2021. Un 21% en los últimos cuatro años, lo que se agrava aún más en el caso de los alimentos, que ya alcanzan entre un 30% y 40% más dependiendo del tipo de producto. Pero es que España además es uno de los países de la UE donde más suben los precios de la energía: un 6,3% interanual en octubre.
Del mismo modo, el precio de la vivienda sigue desbocado. En 2025 ha subido un 12,3%, el mayor desde 2008 (13,1%), año tristemente recordado por el estallido de la burbuja inmobiliaria que sumió a España en la mayor crisis económica de la historia reciente. Los expertos dicen que no hay indicadores que puedan aventurar un desenlace similar, pero está claro que los problemas para que un ciudadano de a pie pueda comprarse una casa siguen siendo insalvables en la economía nacional. Por otro lado, las políticas restrictivas del Ejecutivo y sus sucesivos decretos antidesahucios hacen que los dueños no pongan pisos en el mercado agravando también el problema del alquiler, disparando la precariedad de todas las capas sociales y cerrando la puerta a que los jóvenes puedan abandonar los hogares familiares. En los últimos cinco años, el Ejecutivo ha prometido decenas de miles de nuevas casas de protección oficial y otros tantos planes para controlar el precio, pero nada evita que este drama siga escalando. Y lo peor es que en 2026 tampoco se avizora una solución.
Paro y déficit comercial
Caída del poder adquisitivo.- La subida de los precios y el encarecimiento de la vivienda, sumado al progresivo aumento de los impuestos a las clases medias, ha generado la cruel paradoja de que España es el país que más crece de la UE, pero donde el PIB per cápita prácticamente no se mueve. Si nos comparamos con la Unión Europea, la brecha crece un 37% en siete años, con una distancia que pasó desde los 2.720 en 2018 hasta los 3.720 euros en 2023. La oficina de estadísticas, Eurostat, dice que el PIB per cápita real de la economía española —el que aísla el efecto acumulado de la inflación— pasó de 24.890 a 25.210 euros en este mismo periodo. Esto es apenas un leve crecimiento del 1,3%, que baja al 0,1% (25.180 euros) si se compara con 2019, el año anterior a la pandemia.
El mayor paro de la UE.- El paro en España se situó en el 10,5% en octubre, lo que supone tener todavía 2,5 millones de personas sin trabajo. La cifra apenas ha variado durante 2025 y nos mantiene por cuarto año consecutivo como la más elevada de la Unión Europea. A este triste récord hay que sumar este curso el del mayor desempleo juvenil: un 25,3%. Respecto a la media europea, la economía de España está cuatro y diez puntos por encima, respectivamente. Y con pocas perspectivas de mejorar pese a los constantes mensajes triunfalistas del Gobierno y de la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz. Incluso si damos por buenas estas cifras, engordadas por el dato de fijos discontinuos, personas efectivamente empleadas, pero con una gran precariedad, ya que muchas cotizan unas horas y otras tienen simultáneamente hasta dos o tres ocupaciones diferentes.
Aumento del déficit comercial.- En lo que va de año, el déficit comercial de la economía de España también se ha disparado. Los últimos datos hablan de 45.800 millones, lo que supone ya —y en solo diez meses— la mayor cifra desde 2011 y un 48% más que hace un año. Esto indica que compramos en el exterior mucho más que lo que vendemos, lo que es peligroso en la medida que se convierta en una tendencia y que aumente ostensiblemente la diferencia entre estos dos indicadores. En términos de porcentaje del PIB ya nos acercamos al 3,5%, un punto más que en 2024. En los años de la crisis de 2008 estuvimos cerca del 10%. Los economistas dicen que no hay que alarmarse, pero sí preocuparse. Por lo pronto, la crisis del comercio internacional nos está pasando factura a un nivel mucho mayor que al resto de nuestros socios, con las exportaciones estancadas y las importaciones creciendo cinco veces más.
Deuda pública e inversión
Récord de deuda pública.- Después de prácticamente todo el año en el filo de la navaja, la deuda pública superó los 1,7 billones, lo que supone el 103,2% del PIB. Es verdad que el porcentaje ha bajado —por el mayor crecimiento—, pero esto no evita que estemos en el mayor dato de toda la historia. Según el Instituto Juan de Mariana, se produce un endeudamiento diario de 164 millones, que en un año ha crecido en 70.000 y que desde que llegara Pedro Sánchez al Gobierno el montante se ha disparado en 500.000 millones. El problema es que no parece que el Ejecutivo quiera relajar el gasto público, ni menos la generación de deuda. En 2026, la emisión neta prevista se sitúa en 55.000 millones, mientras que la emisión bruta ascenderá a 285.677, debido al volumen de amortizaciones previsto. Y todo ello en medio de advertencias que ya llegan desde Bruselas de que se contraiga el aumento de los presupuestos públicos.
Desplome de la inversión extranjera.- Otro de los puntos negros de la economía en 2025 está siendo el desplome de la inversión extranjera directa (IED). Entre enero y septiembre cayó un 28% hasta situarse en cerca de 19.000 millones, una cifra que refleja la falta de confianza de las corporaciones extranjeras en nuestro país y el fruto de años de políticas contrarias a la empresa privada. Se junta un peligroso cóctel con el aumento de las rigideces laborales, la subida de la carga impositiva y la burocracia. A las que se suma la parálisis política con un Congreso de los Diputados sin poder sacar adelante nuevas normas; los casos de corrupción que cercan al Gobierno de Pedro Sánchez; y el excesivo intervencionismo de Moncloa en casos como la venta de Talgo, la entrada del Estado en Telefónica o el bloqueo a la opa del BBVA al Banco Sabadell.
Y como apunte final: los fondos europeos no han transformado la economía como sugiere el ministro Cuerpo. Han inyectado miles de millones a la economía en los últimos cuatro años, pero no significa que el dinero se haya utilizado para modificar nuestros pilares del crecimiento, todavía basados en los servicios y en el turismo. La gran mayoría de los recursos se han destinado a empresas, organismos y obras públicas, lo que genera un efecto de aumento temporal del PIB, pero no a largo plazo. No se ha recuperado el tejido industrial, al contrario, se ha contraído aún más en el último lustro. Esto quiere decir que en 2027, ya sin el efecto de los Next Generation, la economía de España podría sufrir un fuerte bajón. Pero para eso falta todavía un año y nadie sabe cuál será la realidad política en los próximos doce meses. Ni siquiera Moncloa.
