El acuerdo comercial con Mercosur: siete mensajes para las empresas
«Con una economía abierta y exportadora y una estrecha vinculación con América Latina, España tiene potencialmente una posición privilegiada»

Acuerdo con Mercosur.
A estas alturas ya todos hemos oído hablar sobre el acuerdo comercial con Mercosur. El goteo de noticias de última hora es incesante. El veto francés, las críticas de los agricultores o la incertidumbre sobre su firma y aprobación final van acaparando los titulares. Sin embargo, como señalaba con acierto la argentina Mafalda, a veces «lo urgente no deja tiempo para lo importante». Más allá del debate cotidiano, existen dimensiones del acuerdo de enorme relevancia y calado para el sector privado que desgraciadamente se están perdiendo en la vorágine informativa.
Por eso, para quienes no tengan tiempo (ni ganas) de leer las 485 páginas del acuerdo comercial (y sus 21 anexos), aquí dejo anotadas en 900 palabras siete cuestiones que suelen pasar desapercibidas, y que considero cruciales para el sector privado.
- No está todo dicho. Tras la firma en Paraguay, todavía faltará el voto de aprobación en el Parlamento Europeo, y la ratificación por parte de los países del Mercosur para que el acuerdo pueda entrar en vigor. Después de 25 años de negociaciones, la cautela es obligada. Esperen suspense, una votación ajustada en Estrasburgo y posibles maniobras dilatorias para retrasar el expediente. Este pacto birregional es tan importante que su entrada en vigor será complicada, y es un error considerarlo ya como un “trato hecho”.
- «Más necesario que nunca». El mundo ha cambiado y para los europeos es una realidad más hostil y fragmentada. Necesitamos más competitividad, más seguridad, y sobre todo más crecimiento para poder mantener nuestro modelo de bienestar y nuestros logros evidentes: con solo el 6% de la población representamos el 17% del PIB mundial, algo que solo una política comercial robusta y proactiva puede mantener. Por eso, la visión cada vez más extendida en la UE (coincidamos en esto o no) es que el Acuerdo con Mercosur es más necesario que nunca. Para diversificar nuestras relaciones, expandir nuestros mercados, tener mayor seguridad de abastecimiento y más previsibilidad en nuestras relaciones. “Imperativo geopolítico” tal vez suene muy rotundo, pero es la expresión que está en la mente de muchos.
- Una nueva era. Una vez superados los obstáculos políticos, el Acuerdo con Mercosur puede entrar en vigor en breve, tal vez incluso esta primavera (europea). Hasta ahora hemos estado muy centrados en la negociación política, pero entraremos entonces en una nueva fase, la de la implementación. A partir de ahora, la atención se centrará en la aplicación práctica del nuevo marco regulatorio. Empresas y gobiernos deberán explorar el funcionamiento del acuerdo y, si hay problemas, aportar evidencias y negociar con la Comisión Europea para su resolución. Con conversaciones técnicas sobre precios, importaciones, respeto de estándares, o contingentes arancelarios, esta fase requerirá una interlocución constante para corregir los problemas que se detecten.
- Impacto para todos los sectores. Aunque el debate público se ha centrado en el ámbito agrícola, la realidad es que todos los sectores se pueden ver afectados de un modo u otro. Algunos ejemplos: por supuesto, industrias como la farmacéutica, la química o la de la moda verán una reducción de aranceles y una simplificación de trámites administrativos, con una reducción de costes que en especial sería importante para las pymes y los consumidores. También otros sectores como la banca y las telecomunicaciones se beneficiarán de la liberalización de servicios. Las empresas de infraestructuras o de energía se verán afectadas por las disposiciones sobre contratación pública o la facilitación de inversiones. Y para cualquiera que esté vinculado con la propiedad intelectual o las denominaciones de origen protegidas el acuerdo puede representar una mejora, al aportar un marco más estable y claro de relación.
- La negociación continúa. Un error común es ver la firma como un punto final. En realidad en esta nueva era el acuerdo se revelará como una realidad viva y revisable. Mediante los mecanismos contemplados en el texto y los órganos de seguimiento (como el comité conjunto) se podrán revisar periódicamente productos, aranceles y disposiciones. Dado que el comercio es una competencia exclusiva de la UE, el papel de la Comisión Europea será crucial en esta fase para denunciar posibles problemas e intentar solucionarlos.
- España, la mejor colocada (potencialmente). Con una economía abierta y exportadora y una estrecha vinculación con América Latina, España tiene potencialmente una posición privilegiada para poder aprovecharse de las oportunidades que ofrecerá el acuerdo con Mercosur. Cuestiones como la afinidad cultural y lingüística, las redes empresariales ya existentes, o el conocimiento de los mercados y los marcos regulatorios jugarán a favor. El éxito, sin embargo, no está garantizado.
- Estrategias de adaptación. El futuro no está escrito. Al igual que ocurrió con nuestra entrada en la Unión Europea, o con la ampliación de la UE a diez países en 2004, en gran medida los efectos reales para las empresas y los diferentes sectores dependerán de las estrategias de adaptación que se desarrollen. Será fundamental, por ejemplo, entender las nuevas reglas de juego, realizar evaluaciones de impacto que revelen dónde están los riesgos y las oportunidades, y buscar nichos de mercado y alianzas estratégicas.
El acuerdo proporciona un nuevo marco de relación que presenta desafíos que no pueden ignorarse, pero también abre un abanico de posibilidades que solo se materializarán con planificación y ambición. Más que nunca, como señala Gil de Biedma, con el acuerdo UE-Mercosur “el futuro nos trae verbos irregulares que es preciso aprender”. Y el momento de conjugarlos vendrá pronto.
