Los trenes dan la puntilla al 'milagro español': «Al 'boom' económico le queda un año»
El bajón y los riesgos asociados al turismo se suman a una lista de síntomas que apuntan a problemas de crecimiento

El ministro de Transportes, Óscar Puente. | ILUSTRACIÓN: Alejandra Svriz
18 de enero de 2026.- Los últimos vagones de un tren Iryo de alta velocidad descarrilan a la altura de la localidad onubense de Adamuz y hacen que un Alvia de Renfe —que venía en sentido contrario— impacte con estos convoyes en un accidente que se cobró la vida de 45 pasajeros. Una semana después, las causas siguen sin aclararse, aunque el primer informe de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) apunta a un problema en la vía, y no en el tren de la compañía italiana ni a un fallo humano. Se pone así el foco en ADIF, el gestor ferroviario responsable del mantenimiento de las infraestructuras dependiente del Ministerio de Transportes de Óscar Puente. El Gobierno sigue insistiendo en que el tramo se revisó y renovó hace un año, lo que deja otras dos dudas: si la reparación resultó defectuosa o si las revisiones posteriores no detectaron el problema.
20 de enero de 2026.- Se inaugura oficialmente la 46ª edición de la Feria Internacional del Turismo (Fitur). Y lo hace con España en medio de los tres días de luto oficial decretados por el Gobierno y por la Comunidad de Madrid, sede del evento. Nadie se atreve a hablar de fracaso, pero lo cierto es que ninguna de las grandes empresas españolas hacen actos públicos. Ni Renfe, Iryo y Ouigo, los tres operadores de los trenes de alta velocidad, ni tampoco Iberia, Paradores o Amadeus. Exeltur, la mayor alianza del sector, tampoco puso en marcha su foro bienal. Aunque todos los participantes han intentado transmitir tranquilidad –incluso el Gobierno ha dicho que se ha trabajado «con más sobriedad y seguramente con menos ruido»– es innegable que la tragedia ferroviaria del pasado domingo marcó profundamente todo su desarrollo y condicionó su normal funcionamiento.
23 de enero de 2026.- El ministro de Industria y Turismo, Jordi Hereu, señala en una intervención en Fitur que las infraestructuras «han sido, son y serán» uno de los «puntos fuertes de España» y que la alta velocidad «es uno de los factores positivos» que induce a los turistas a repetir en el destino. Al ser preguntado por el efecto del accidente de Adamuz —y del Cercanías de Cataluña que se produjo al día siguiente— dijo que de los estudios que hace el propio Gobierno se extrae que el nivel de las infraestructuras en España «es uno de los puntos que el mundo valora muy positivamente» y «uno de los factores que hace atractivo» al país. Aunque reconoció que sostener estas afirmaciones esta semana «seguramente no es la mejor coyuntura», intentó poner paños fríos, al igual que el Ministro de Transportes, indicando que estamos ante una tragedia, pero que es un hecho puntual en un sistema ferroviario fiable.
Renfe, Iryo y Ouigo
La sensación que hay en la opinión pública y en el sector es radicalmente distinta. Empresarios y operadores ya advirtieron esta semana de que la sucesión de estos incidentes podrían afectar la confianza de los pasajeros, con consecuencias directas en la movilidad turística y en las reservas de determinados destinos ligados a las líneas de alta velocidad que se han abierto en la última década y que se han «democratizado» gracias a la liberalización ferroviaria. El problema no son los accidentes per sé —los que generan reticencias en los viajeros nacionales y también en los internacionales— sino también la sensación de caos que se ha generado posteriormente, con la cancelación de todo el servicio ferroviario entre Andalucía y Madrid y la gestión que se ha hecho para dar soluciones a los afectados por la paralización de las vías.
No estamos hablando de que la gente dejará de coger la alta velocidad por este accidente y menos en un momento en el que en 2025 se volverá a batir el récord de usuarios de los trenes (Renfe, Iryo y Ouigo) con más de 41 millones de viajeros, pero sí que se producirá un efecto negativo. Los viajeros se dividen en dos grandes tipos: los que lo hacen por trabajo y que podrán buscar otros transportes alternativos como el avión o el coche; y los que lo hacen por placer y que podrían dejar de ir a destinos elegidos anteriormente por la comodidad y la rapidez del tren. Y éste es el principal temor del sector. Que se reduzcan estos últimos desplazamientos, lo que repercutiría en menos pernoctaciones turísticas, en especial desde el extranjero, donde la tragedia se está siguiendo con mucho interés. Hay muchos potenciales visitantes que podrían venir (o dejar de venir) a España dependiendo de cómo se resuelva la situación del mercado ferroviario.
En el sector creen que la clave es dilucidar cuanto antes las causas del accidente, poner en marcha medidas para que no se vuelva a producir y devolver la tranquilidad y la confianza. Al mismo tiempo, advierten de que si los informes definitivos confirman que la culpa ha sido de la vía, existirá un duro coste reputacional para toda la red ferroviaria, ya que se pondría en cuestión el protocolo de seguridad, mantenimiento y revisión de ADIF. Una red ferroviaria que ya quedó muy tocada en 2025. No hay comparación entre un accidente con 45 muertos y las decenas de incidentes que generaron retrasos y suspensiones de servicio, pero sí que estamos ante una nueva muestra de que el funcionamiento de la alta velocidad va a peor y que no hay soluciones para remediarlo. Si a esto le sumamos otros hechos como el gran apagón de abril de 2025, comienza a instalarse en el imaginario de españoles —y extranjeros— la sensación de que las cosas no funcionan y que las infraestructuras se deterioran a un ritmo vertiginoso.
Impacto del turismo
El Gobierno ha establecido el tren como el eje de los desplazamientos de extranjeros dentro de España, situando dos grandes hub aéreos en Madrid y Barcelona conectados con la alta velocidad. Un factor que indudablemente ha sido uno de los responsables de su crecimiento. Si los viajes en Renfe, Iryo y Ouigo flaquean, el impacto en el turismo será directo. Históricamente ha sido el pilar del boom económico de España y en momentos en los que la Unión Europea (UE) y las grandes economías del continente se tambalean, ha mantenido boyante el producto interior bruto (PIB). Este sector representó en 2024 el 12,6% del PIB con 200.699 millones de euros y más de 2,7 millones de puestos de trabajo (el 12% del total), por lo que con un nuevo récord de 97 millones de turistas internacionales en 2025, se espera al menos que se mantengan estas cifras.
El problema es que desde hace al menos seis meses los expertos vienen avisando de que el turismo comienza a dar muestras de agotamiento y que en los próximos años perderá peso como motor del crecimiento. El tráfico local ya lanzó una primera advertencia el pasado verano: los elevados precios generaron que muchos españoles buscaran destinos fuera del país con una caída de 20.000 viajeros diarios. La patronal Exceltur advirtió en octubre de que había una mayor debilidad de mercados clave para España como Alemania, Francia e Italia y que desde 2021 el peso en el PIB se ha mantenido en torno al 13% pese al aumento del número de visitantes y un mayor gasto con 135.000 millones en 2025. Con todo, el modelo no parece ir en la dirección que quiere el sector ya que aumentan los turistas, pero —descontando la inflación— esto no se traduce en un mayor gasto, ni en pernoctaciones de mayor calidad.
En 2025 el sector creció un 2,8%, en línea con el 2,9% del PIB español. Esto supone que su aportación se mantiene, pero no crece. «Se abre una etapa de normalización», dicen sus protagonistas, que ponen fin al acelerado crecimiento que se produjo tras el fin de la pandemia. Esto repercutirá en que a partir del próximo año su peso del en el PIB se estanque y genere un problema para la concepción misma del modelo económico español. Según un informe de Caixabank Research el PIB turístico crecerá un 2,5% en 2026 y el 2,7% en 2027, aunque en ambos casos seguirá aportando en torno al 13%. Por otro lado, BBVA Research indica que la economía española entrará en una fase «más moderada» por el menor dinamismo del consumo y del turismo con un PIB en torno al 2% el próximo año. El banco indica que perderán tirón las autonomías más turísticas como Baleares o Canarias (con apenas un 1,6%) y ganarán peso industrial otras como Aragón y Navarra (con el 2,5%).
Riesgos latentes
Otros analistas advierten de que el comportamiento económico de 2027 dependerá de cómo evolucionen los acontecimientos de este año, y las primeras sensaciones que llegan no son buenas. En el caso del turismo. claramente pasa por el impacto reputacional y la imagen del tren como medio de transporte seguro para viajar por España. Si se terminan internalizando estos temores —que ahora mismo son reales— sumados a la sensación de que este transporte funciona peor y que cada vez es más difícil completar un trayecto sin tener incidencias o retrasos, se puede generar un gran perjuicio que todavía es imposible de calibrar.
Pero no es el único interrogante. Durante este año habrá que estar pendientes de otros factores que, si confluyen con la caída del turismo, podrían presionar a la baja el 2% de crecimiento estimado, 1,8% según KPMG. Los expertos se refieren a la inversión extranjera directa o el comercio exterior que en 2025 cerraron en negativo y con el segundo mayor déficit desde la crisis de 2008. Tampoco hay que olvidar que la deuda se encuentra en máximos históricos de 1,7 billones lo que debería impulsar al Gobierno a recortar el gasto y reducir el peso del sector público en la economía, uno de los grandes responsables del PIB.
Población inmigrante
Asimismo, el desempleo sigue estando en máximos de la Unión Europea con un 10,5% y prácticamente sin mejorar en los últimos doce meses. El poder adquisitivo está estancado, por la subida de los precios (del 2,9% por segundo año consecutivo), la escasa mejora de los salarios y la presión de la vivienda, que subió un 13,1%. En el caso del mercado inmobiliario los expertos también advierten de la situación de la población inmigrante. En el último lustro ha crecido en torno a los 600.000 al año, una mayor fuerza laboral que ha impulsado el PIB, pero los problemas para encontrar hogar están generando que muchos de ellos se planteen volver. Con los alquileres subiendo un 8,5% y la compra de vivienda usada un 20%, tienen ya mucho más fácil encontrar una casa en sus países de origen. Y con menos inmigrantes, el crecimiento se ralentizará.
La suma de todos estos elementos invita a pensar que el ciclo expansivo se agota y, lo que es peor, que no hay un plan para sustituir el modelo. Incluso algunos expertos se atreven a señalar que si todo explota a la vez —algo que no es descartable— «al ‘boom‘ económico le queda un año», y que 2027 marcará un claro punto de inflexión hacia una contracción. Lo que parece claro es que el ‘milagro económico’ español parece condenado a acabar, y que el piloto automático del gasto público no tiene un relevo.
