Delia Rodríguez, abogada, alerta sobre el matrimonio: «No hablar de finanzas ni hacer acuerdos antes de casarse es un error»
Hablar de dinero antes del «sí, quiero» no enfría el amor, sino que lo protege de silencios que pueden salir muy caros

La importancia de firmar acuerdos financieros antes del matrimonio. | Freepik
Hablar de dinero antes del matrimonio sigue siendo, para muchas parejas, un tema incómodo, casi prohibido. Sin embargo, evitar esas conversaciones no protege el amor, sino que lo expone a conflictos que suelen aparecer cuando la relación atraviesa momentos de mayor fragilidad. La planificación financiera prematrimonial, lejos de ser una señal de desconfianza, puede convertirse en una herramienta clave para construir un proyecto de vida sólido.
Así lo explica la abogada de familia Delia Rodríguez, que insiste en que el matrimonio no es solo una decisión emocional, sino también un acto jurídico con consecuencias económicas inmediatas y a largo plazo. Patrimonio, deudas, ingresos, expectativas y responsabilidades forman parte de una realidad que conviene ordenar antes del «sí, quiero», especialmente cuando hay —o habrá— hijos en común.
Desde su experiencia profesional, Rodríguez subraya que muchas crisis de pareja no nacen del desamor, sino de años de silencio y falta de previsión en cuestiones económicas. Por ello, ella asegura que planificar, pactar y hablar con claridad antes de casarse no significa anticipar el fracaso, sino asumir con madurez que amar también es prever, proteger y cuidar el proyecto común.
Planificación financiera prematrimonial: cuando amar también es prever
«Es importante tener presente que el matrimonio no es solo una decisión amorosa, también es un acto jurídico que genera efectos inmediatos y duraderos en el tiempo en la vida personal y económica de los contrayentes. Une proyectos vitales, sí, pero también ingresos, obligaciones, riesgos y responsabilidades, máxime cuando existen hijos en común. Y cuando algo tan determinante como la economía (y el legado) de dos personas se deja al azar, las consecuencias suelen ser fatales e inoportunas, pues aparecen cuando la relación atraviesa momentos de mayor fragilidad», asegura Delia Rodríguez a THE OBJECTIVE.

Por ello, «planificar las finanzas antes del matrimonio no significa anticipar el fracaso, sino asumir con madurez que una vida en común necesita reglas claras, objetivos compartidos y un marco de seguridad para ambas partes. De hecho, muchas de las crisis de pareja que llegan a los despachos de abogados no nacen directamente del desamor, sino que esto es la consecuencia de años de opacidad en cuestiones económicas que no se trataron a tiempo».
La importancia de la planificación financiera prematrimonial
La planificación financiera prematrimonial empieza, inevitablemente, «por la transparencia y la honestidad con el otro. Saber cuánto gana cada uno, qué deudas arrastra, qué patrimonio posee y cuáles son sus hábitos de gasto no debería ser una confesión incómoda, sino una conversación básica entre dos personas que están conociéndose y que van a construir a medio plazo un proyecto común», asevera la abogada.
Y advierte: «No se trata de fiscalizar al otro, sino de entender su forma de vida, sus planes y sus expectativas de futuro juntos. Por ejemplo, hay quien prioriza en la seguridad o quien, apuesta por una vida a todo tren, quien valora el ahorro o quien entiende el disfrute inmediato como parte esencial de la vida. Cuando estas visiones no se ponen en común antes de casarse, el choque de trenes no tarda en llegar, no por mala fe, sino por desconocimiento mutuo».
Por ello, es necesario «hablar y pactar una hoja de ruta, fijando objetivos compartidos» antes de pasar por el altar. «Comprar una vivienda, tener hijos, emprender un negocio, viajar, ayudar económicamente a familiares o planificar la jubilación son decisiones que tienen impacto financiero directo en el matrimonio. Ponerlas sobre la mesa antes del matrimonio permite ordenar prioridades y comprobar hasta qué punto dos personas son compatibles antes de dar pasos que, aunque no son irreversibles, sí tienen un impacto muy importante en nuestras vidas y en las de nuestros seres queridos».
En este punto, «fijar el presupuesto familiar deja de ser una fría herramienta en forma de Excel para convertirse en un verdadero pacto de convivencia y compromiso mutuo. Definir cómo se repartirán los gastos, cuánto se destinará al ahorro y qué margen existe para el ocio evita muchos conflictos cotidianos que, acumulados, erosionan la relación afectiva», añade la abogada.
Cuentas bancarias y deudas
Uno de los debates más habituales entre las parejas es la gestión de las cuentas bancarias y el reparto de cargas familiares. Rodríguez confiesa que aunque no existe una fórmula universal, sí que hay una premisa clara: «Lo importante no es el modelo elegido, sino que ambos lo comprendan y lo acepten porque lo consideran justo y equilibrado».
«Las deudas merecen una mención especial. Muchas personas llegan al matrimonio con préstamos, hipotecas o créditos personales que forman parte de su historia económica previa. Silenciarlos no los hace desaparecer, al contrario, pueden convertirse en una fuente constante de tensión si no se abordan con honestidad. Planificar cómo se afrontarán —individual o conjuntamente— es una muestra de respeto y compromiso con el proyecto común», añade.
Lo que debes saber de los acuerdos prenupciales
Uno de los grandes malentendidos culturales son, según Rodríguez, los acuerdos prenupciales: «Durante demasiado tiempo las capitulaciones se han asociado a grandes fortunas o a una visión mercantilista del matrimonio. Nada más lejos de la realidad, pues un acuerdo prematrimonial bien planteado no es una declaración de desconfianza, sino un ejercicio de previsión y claridad para el mañana. Sirve para proteger a ambas partes, ordenar expectativas y evitar conflictos futuros que suelen ser mucho más costosos —económica y emocionalmente— cuando no existen reglas claras sobre la mesa».

Por ello, hablar de estos acuerdos antes de casarse —incluso asesorarse legalmente juntos o separados— «permite hacerlo desde la calma, el afecto y la igualdad. Muy distinto es tener que negociar en medio de una ruptura, cuando las emociones están a flor de piel y las posiciones se endurecen por toda la mochila emocional que llevamos a las espaldas. Mi experiencia profesional como abogada de familia demuestra que quien planifica desde el entendimiento y el amor, encontrará soluciones más amables y cordiales cuando llegue crisis o una posible ruptura de la pareja».
Asimismo, hemos de tener en cuenta que la planificación financiera no es un documento cerrado que se tiene una sola vez en la vida del matrimonio, sino que «es un proceso vivo que debe revisarse conforme cambian las circunstancias familiares: nacen hijos, cambian los ingresos, aparecen imprevistos o se modifican las prioridades. Las parejas que normalizan estas conversaciones periódicas suelen gestionar mejor las crisis y tomar decisiones más alineadas con sus valores, lo que se traduce en mayor bienestar familiar con un especial acento en los hijos».
Una forma de cuidar a la pareja y la familia
En el fondo, «planificar las finanzas antes del matrimonio es una forma de cuidarse mutuamente, de decirle al otro: ‘Quiero que nuestro proyecto sea sólido, justo y consciente’. No elimina los problemas, es verdad, pero ofrece herramientas para afrontarlos con menos desgaste emocional y financiero», afirma la abogada.
Rodríguez defiende que quizá ha llegado el momento de «dejar de idealizar el amor como algo incompatible con la planificación personal y financiera; porque amar también es prever, ordenar y proteger a las personas que nos importan; y porque el verdadero riesgo no está en hablar de dinero antes del ‘sí, quiero’, sino en descubrir demasiado tarde que nunca se habló de lo que realmente importaba».
