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Energía

Repsol aspira a ser la segunda petrolera de Venezuela tras echar Trump a Rusia y China

La empresa dirigida por Josu Jon Imaz pretende ser la segunda más grande tras Chevron en el país caribeño

Repsol aspira a ser la segunda petrolera de Venezuela tras echar Trump a Rusia y China

El CEO de Repsol, Josu Jon Imaz. | Europa Press

Repsol recibió el pasado martes, sobre las 23.00 horas, un mensaje de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés) del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos. El contenido de la información era una buena noticia porque la empresa ha recibido la licencia general para explotar petróleo en Venezuela. El CEO de la petrolera, Josu Jon Imaz, ha logrado el primer objetivo tras su visita a la Casa Blanca. Ahora se apunta otro: quiere ser la segunda empresa productora de petróleo en el país caribeño tras la norteamericana Chevron.

Desde que el gobierno de EEUU capturó a principios de este año por narcotráfico al exmandatario venezolano Nicolás Maduro, los países alrededor del país caribeño, demandantes de su petróleo, se han visto afectados por su dependencia de esta materia prima. Curiosamente, los traders del sector petrolero han observado desde entonces que la demanda de petróleo no se ha canalizado hacia una nueva oferta (otro país o traders internacionales), porque los precios del crudo en Venezuela eran muy competitivos.

Imaz ha esbozado recientemente su plan para Venezuela: «El país necesita desarrollo económico y social. Y en este momento los recursos que más tiene en su mano son los hidrocarburos y, por tanto, Venezuela tiene que aumentar de forma importante la producción de petróleo. Nosotros somos una empresa a nivel mundial mediana, pero cuando uno quita, por razones geopolíticas, las empresas rusas y chinas que hay en Venezuela, el segundo productor de petróleo después de Chevron es Repsol», aseguró Imaz durante un evento energético hace dos días.

«Se ha abierto la puerta a una Venezuela mejor. El país necesita estabilidad económica y social y ahí Repsol juega un papel importante. Nosotros somos productores de gas con nuestro socio ENI (la petrolera italiana). El 50% del sistema eléctrico venezolano depende del gas que producimos y, en este contexto, en los últimos 10 años, con muchos años sin cobrar ni un solo dólar de ese gas que estábamos produciendo, hemos mantenido la producción para que el país no se cayese y, por lo tanto, somos parte de esa solución. Tenemos que estar ahí», señaló Imaz.

Hace unos días, la presidenta encargada de VenezuelaDelcy Rodríguez, se reunió con representantes de Repsol y de la francesa Maurel & Prom, después de que la Asamblea Nacional aprobara la reforma de la ley de hidrocarburos que abre la puerta a las exportaciones de crudo venezolano. Por otro lado, las dos petroleras más grandes de EEUU, Chevron y ExxonMobil, han registrado sus beneficios anuales más bajos en años. En este contexto, a Chevron le seduce Venezuela. Según The New York Times, una directiva de Chevron ve una oportunidad en Venezuela: «Los recursos son muy prometedores y los yacimientos tienen mucho espacio».

Este éxito para Repsol a nivel internacional choca con los problemas internos en el mercado nacional, donde la CNMC le ha impuesto una sanción de 20,5 millones de euros por aplicar una política comercial «de estrechamiento de márgenes abusivo» en perjuicio de las estaciones de servicio independientes que compiten con las suyas. Además, el Gobierno ha modificado una medida del Ministerio de Hacienda que beneficiaba a Repsol, porque limitaba el mercado al por mayor de venta de combustible a ocho operadoras.

La visión geopolítica de Imaz

La visión geopolítica que tiene Imaz del mundo está alineada con la de Estados Unidos, un país clave en su vuelta a Venezuela. «China ha cambiado las reglas de este mundo. Al americano medio esto le ha generado temor. Esto no empieza con Trump: ya hace tiempo que EEUU puso su foco hacia el Pacífico, con el expresidente Barack Obama durante su segundo mandato. El atlantismo es la defensa de la libertad, los derechos humanos y el equilibrio de poderes, y eso es lo que Europa y EEUU defienden».

«EEUU necesita aliados fuertes, pero mira al lado y ve a los europeos, y los ve débiles. Llevan 25-30 años sin pagarse su propia defensa. Ellos ponen el foco en el Pacífico y se preguntan si están los europeos para ayudarles. EEUU necesita una Europa fuerte. Nuestros padres estaban convencidos de que nuestra vida iba a ser mejor, pero ahora pensamos lo contrario [de nuestros hijos]», afirmó sobre la falta de inversiones de Europa. Por último, achacó uno de los problemas de la UE a «no leer el informe Draghi», que cree que es la solución del problema europeo y que nadie ejecuta.

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