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Macroeconomía

El FMI calcula que la IA solo aumentará un 1% la productividad en España

El mercado no podrá absorber el exceso de trabajadores tecnológicos, que serán más demandados en otros países

El FMI calcula que la IA solo aumentará un 1% la productividad en España

Un robot ejecuta una tarea durante la conferencia de IA de Nvidia este martes en California, EEUU. | Reuters

La rápida implantación de los modelos de inteligencia artificial (IA) generativa va a tener un escaso efecto en la productividad de la economía española, que ha tropezado con el estancamiento de este parámetro en los últimos años. Varios estudios del Fondo Monetario Internacional (FMI) cuantifican el incremento en el entorno del 1% en los próximos cinco años, aunque sí prevén un impacto en el mercado laboral, porque se generará un exceso de profesionales con una cualificación específica relacionada con estas nuevas tecnologías en comparación con la demanda esperada.

En paralelo, los análisis elaborados por la patronal Asempleo cifran en el 10% los puestos de trabajo amenazados por la automatización, si bien BBVA Research ha concluido que las revoluciones tecnológicas no necesariamente implican destrucción de empleos y que España está mejor posicionada para aprovechar la IA que en otros saltos técnicos anteriores.

Tanto Kristalina Georgieva, directora gerente del FMI, como Alfred Kammer, director del Departamento Europeo del organismo, vienen alertando de que la economía europea «se está quedando atrás» en cuanto a productividad frente a Estados Unidos —tanto en la industria tecnológica como en el resto de sectores—, y han sugerido reformas profundas, una mayor integración del mercado único común y un impulso a la inversión para aprovechar el «talento, ambición, innovación y ahorro» disponible en un continente que ha perdido el liderazgo en el salto productivo mundial. Los datos de la institución financiera muestran que las empresas de la Unión Europea tienen dificultades para crecer en tamaño: las compañías constituidas en los últimos 50 años cuentan con un capital bursátil de cinco billones de dólares, nueve veces menos que sus rivales estadounidenses, circunstancia que, según este organismo, va precisamente en detrimento de la productividad. Recientemente, varios representantes destacados del sector industrial español reclamaron también reformas y una simplificación burocrática para poder ganar empuje ante la competencia de EEUU y China.

Aunque todavía hay pocos datos empíricos sobre los efectos macroeconómicos de la IA, el escepticismo del FMI acerca del impulso que puede suponer esta tecnología para la productividad española y europea a medio plazo parte de varios estudios, entre ellos una exhaustiva investigación de Florian Misch, Ben Park, Carlo Pizzinelli y Galen Sher que, teniendo en cuenta el método del premio Nobel de Economía turco Daron Acemoğlu, trata de estimar la posible evolución en los próximos cinco años. Partiendo de la base de que el crecimiento de la renta per cápita de la UE en términos reales ha caído a la mitad y el de la productividad por hora trabajada se ha hundido hasta una cuarta parte de su valor inicial en el periodo 2020-2024 en comparación con el comprendido entre 1999 y 2008, la conclusión es que la mejora derivada de este avance tecnológico será «más bien modesta», y especialmente baja en los países menos ricos del continente.

En el caso de España, el aumento esperado en los próximos cinco años de la productividad gracias al impulso de la IA es del 1% en el escenario central, ligeramente por debajo de la media de la UE, aunque el escenario pesimista contempla que la evolución sea prácticamente nula, de apenas unas décimas, y el optimista se quedaría algo por debajo del 3%. Rumanía es el país peor posicionado para beneficiarse de esta transición, mientras que Noruega es el que presenta indicadores más favorables, aunque en el mejor de los casos su crecimiento productivo apenas superaría el 5%. Para evitar que los incrementos sean tan escasos, el organismo receta reformas y flexibilidad regulatoria para fomentar la innovación.

En cuanto al impacto específico en el empleo, otros cálculos del Fondo han detectado que los puestos asociados a la inteligencia artificial y a las nuevas tecnologías digitales ofrecen mejores retribuciones: los trabajadores británicos que cuentan con cuatro o más habilidades relacionadas con estos nuevos requisitos ganan un 15% más que la media. Sin embargo, España se encuentra en el grupo de países en los que estos profesionales cualificados y especializados serán demasiados en comparación con la demanda proyectada de estos perfiles, lo que implica que deberán trabajar en otros países o aceptar posiciones para las que están sobrecualificados, a menos que se introduzcan reformas para facilitar la innovación, la emprendeduría y el acceso de las empresas a la financiación.

Más extremo es el caso de Irlanda, Polonia y Australia, que entre las naciones analizadas son las que más exceso de talento van a generar. En el otro lado de este índice de desequilibrio se sitúan Luxemburgo, Suecia y Países Bajos, donde sí se espera que estas características sean más demandadas, desencadenando una escasez en el mercado laboral de este tipo de mano de obra.

La proporción de compañías que utilizan la IA es superior en España que en el conjunto de la UE, con una excepción: las firmas españolas de entre 50 y 250 empleados están siendo más lentas que las del resto del bloque comunitario. Los datos de Eurostat muestran que el uso de estos nuevos modelos está condicionado por el tamaño del negocio: solo el 17% de las corporaciones españolas de entre 10 y 50 personas en plantilla los han implantado, frente al 57% de las que superan el umbral de las 250.

Por su parte, BBVA Research ha señalado que «España presenta niveles elevados en conectividad, integración de las tecnologías digitales y servicios públicos electrónicos, pero está en la media en cuanto a habilidades avanzadas y desarrollo de su capital humano, lo que limita el aprovechamiento» de estas herramientas. Aun así, observa indicadores favorables en cuanto a la exportación de servicios no turísticos y la inversión en intangibles (productos de propiedad intelectual), que crecen a un ritmo superior al de la economía en general, lo que indica una «transformación», aunque está por ver cómo se traduce en mejoras productivas.

Asimismo, los datos de la Fundación BBVA a partir del Instituto Nacional de Estadística revelan que los programadores y las ocupaciones digitales se han beneficiado de ingresos al alza, aunque esta tendencia ha sido «poco significativa» en las indirectamente expuestas a estas tecnologías, es decir, quienes trabajan con ellas, pero no con una dedicación completa. Una situación que plantea dudas sobre hasta qué punto la productividad y los salarios pueden llegar a verse impulsados por la IA.

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