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Macroeconomía

La economía española da un frenazo con una desaceleración de 10.000 millones al año

El crecimiento económico registra una ralentización sostenida de unas seis décimas cada 12 meses

La economía española da un frenazo con una desaceleración de 10.000 millones al año

El ministro de Economía, Carlos Cuerpo, el pasado jueves en un hotel de Toronto, Canadá. | Reuters

La economía española sigue creciendo a un ritmo más elevado que la media de la Unión Europea, aunque por detrás de otros países del continente como Irlanda, Malta, Chipre, Polonia, Turquía, Macedonia, Croacia, Bulgaria, Dinamarca y Lituania. Además, el crecimiento ha entrado en una fase de desaceleración, situada en el entorno de las seis décimas del producto interior bruto (PIB) o de algo más de 10.000 millones de euros al año. Es decir, la producción sigue expandiéndose, pero cada vez de forma más lenta. Si en 2024, el Instituto Nacional de Estadística anotó un aumento del 3,5%, este dato quedó rebajado en el ejercicio posterior al 2,8%, 7 décimas menos.

Los cálculos para este año y el próximo difieren ligeramente según la fuente, aunque la mayoría de instituciones y economistas prevén también una desaceleración cercana a las seis décimas tanto en 2026 como en 2027. El Banco de España, dirigido por José Luis Escrivá, prevé que en el presente ejercicio el PIB ascienda un 2,3%, lo que implica un retroceso de cinco décimas en 12 meses, y un 1,7% en el siguiente, otras seis décimas menos y prácticamente la mitad que el crecimiento real —descontando la escalada de precios— de 2024.

Los analistas consultados advierten de que la guerra de Irán puede tener un impacto más profundo del reflejado en estos datos dependiendo de la duración de la crisis logística y de los hidrocarburos y que no se puede descartar una recesión —sus repercusiones serían traumáticas al combinarse con la elevada inflación—, teniendo en cuenta que el encarecimiento de los combustibles ha tenido históricamente grandes repercusiones cuando se cronifica. Sin embargo, los escenarios centrales de la mayoría de estudios muestran estimaciones en la línea de las mencionadas, aunque habrá que monitorizar la evolución de las consecuencias económicas del conflicto en Oriente Próximo.

Detrás de la paulatina pérdida de fuelle de lo que el Gobierno considera el «cohete» económico español hay una suma compleja de factores. Uno de los principales es el modelo en que se ha sustentado esta expansión. Individualmente, el poder adquisitivo —teniendo en cuenta ingresos y precios— se ha estancado en los últimos años e incluso se ha reducido en la mayoría de ciudadanos si incorporamos el factor de los impuestos y cotizaciones sociales. En términos agregados, sí se ha producido una mejoría, pero basada fundamentalmente en elementos cuantitativos, en particular un rápido salto demográfico.

En este cambio poblacional, el principal combustible para la creación de empleo y actividad ha sido la incorporación de mano de obra extranjera, lo cual ha tenido ciertas ventajas en una fase inicial al incorporar tanto trabajadores como consumidores, de forma que la demanda interna se ha disparado. Sin embargo, este modelo ha demostrado tener fecha de caducidad por varias razones.

En primer lugar, no se espera que la entrada de inmigrantes pueda mantenerse al mismo nivel que en los últimos años. Además, este aumento del consumo, junto con la emisión de deuda y gasto público sin precedentes, suele generar inflación, como ha ocurrido en el caso de España. El índice de precios al consumo (IPC) lleva año y medio subiendo más que la media de la eurozona y el dato de marzo del INE ascendió al 3,3%; al partir de un punto previo peor, se espera que la escalada inflacionaria sea más visible que en la mayoría de países de la eurozona. Al cabo de un tiempo, este proceso acaba convirtiendo los productos españoles en menos competitivos en el exterior, deteriorando la balanza comercial y dañando el potencial exportador.

Los datos publicados por Eurostat este viernes muestran que España concedió la nacionalidad a 288.670 personas de origen extranjero en 2024, la segunda mayor cifra de la Unión Europea en términos absolutos, solo por detrás de Alemania, y la tercera teniendo en cuenta el peso relativo sobre la población, por detrás de Suecia e Italia. En el conjunto del bloque comunitario, las principales nacionalidades de las personas que consiguen convertirse en nuevos ciudadanos de países de la UE son, por este orden, Siria, Marruecos, Albania, Turquía, Rumanía, Venezuela, Ucrania, Rusia y Brasil.

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