No leas esto (es muy largo)
«Eres un lector ‘frecuente’ si abres un libro largo (de 110 páginas) una vez a la semana; si haces eso mismo pero solo una vez al trimestre, eres simplemente lector»

Ilustración generada mediante IA.
Ayer me topé con un artículo de hace un año y medio titulado, extrañamente, Beneficios juveniles de leer libros largos. En el subtítulo, se especifica qué es lo que considera el artículo un libro «largo»: «Los alumnos que consumen obras de 100 páginas llevan un curso académico de ventaja en comprensión lectora». Los datos son del Informe PISA. Al final del artículo aparece la extrañísima metodología usada: «El Informe PISA no encuentra diferencias estadísticamente significativas en España entre el alumnado que lee libros de, como mucho, 10 páginas y quienes leen obras de 11 a 100 páginas, una vez descontado el nivel socioeconómico de los estudiantes. Y, en cambio, detecta una gran diferencia de 31 puntos entre quienes leen libros de 10 o menos páginas y quienes leen textos de más de 100».
Hay algo profundamente deprimente en que se categorice como libro «largo» una obra de más de 100 páginas; también es sorprendente que se contemple siquiera la existencia de libros de 10 o menos páginas, algo que claramente no existe, a no ser que cuente la lectura del catálogo de ofertas del Aldi o los libros para niños de 4 años (aunque el artículo habla de jóvenes). Es obvio que es un error metodológico o, más probable, una mala explicación del periodista.
Lo primero en lo que pensé es que el estándar es bajísimo: si un libro largo es a partir de 100 páginas, el 95% de lectores en España leen libros largos. Algún despistado puede pensar que en España hay un fervor por Dostoievski, Foster Wallace y Leopoldo Alas Clarín. Pero bueno, también mucha gente cree que en España hay un 66% de lectores frecuentes (¡32,7 millones de personas!), como dice el Barómetro de Hábitos de Lectura en su última encuesta. En ella hay otro dato sorprendente: un 77% de los jóvenes entre 14 y 24 años son lectores.
Es algo que no se cree nadie. En primer lugar, porque mientras aumentan los lectores según el Barómetro, baja la comprensión lectora. Tampoco encajan las cifras de lectores con las de compras de libros o préstamos bibliotecarios. En segundo lugar, la metodología es muy cuestionable. Es una encuesta de 4.800 personas y en ella cuenta como lector frecuente alguien que lee una vez a la semana (sin especificar cuánto tiempo); y cuenta como alguien lector (sin más apelativos) alguien que lee al menos una vez al trimestre. Eres un lector frecuente, entonces, si abres un libro largo (de 110 páginas) una vez a la semana, lo ojeas y te quedas dormido a los cinco minutos; si haces eso mismo pero solo una vez al trimestre, eres simplemente lector. The bar is so low. Pero sirve para que el ministro de Cultura diga orgulloso que España es un país lector.
Eso no significa que esté todo perdido. No entiendo muy bien por qué, porque es un negocio bastante complicado, pero en ciudades como Madrid y Barcelona surgen librerías como setas. A veces no son el paraíso del lector frecuente de verdad, porque son librerías-escaparate, sin fondo, con una rotación constante de novedades. Pero es mucho mejor una librería de influencers que una cafetería de influencers.