Víctor de la Serna

Aquí no brota nada

En mi barrio, que no está en las Hurdes de Buñuel ni en el Pozo del Tío Raimundo, sino que es de los que se definen como de clase media acomodada madrileña, la droguería en la que siempre hemos comprado es pequeña pero de moderno diseño.

Opinión

Aquí no brota nada
Víctor de la Serna

Víctor de la Serna

Periodista generalista a la antigua usanza, ha acabado especializándose en comunicación, cocina, vinos, baloncesto y las calles de Madrid.

En mi barrio, que no está en las Hurdes de Buñuel ni en el Pozo del Tío Raimundo, sino que es de los que se definen como de clase media acomodada madrileña, la droguería en la que siempre hemos comprado es pequeña pero de moderno diseño.

En mi barrio, que no está en las Hurdes de Buñuel ni en el Pozo del Tío Raimundo, sino que es de los que se definen como de clase media acomodada madrileña, la droguería en la que siempre hemos comprado, estratégicamente situada junto al mercado, es pequeña pero de moderno diseño, con autoservicio y una puerta deslizante eléctrica que permite utilizar hasta el último centímetro de espacio para la mercancía. Y siempre estuvo repleta de colonias, jabones, desodorantes, perfumes caros, maquillajes, hojas de afeitar con sus espumas y sus ‘after shaves’, más productos de limpieza para la casa, insecticidas… Un primor, un pequeño emporio de la higiene.

En los últimos tiempos empezaba yo a notar algo raro. Hasta que ayer caí en ello, porque ya es lacerantemente obvio: mi droguería de siempre se ha convertido en una tienda como aquellas que veíamos hace 40 años de la Unión Soviética, con sus anaqueles vacíos, sus clientes ojerosos y sin nada que echarse al coleto… Los estantes se han ido vaciando, y ahora ponen en primer plano unos tubitos de dentífrico, unos botes de laca, unos frascos de desodorante, unas compresas, todos en fila, por vergüenza torera, para disimular que detrás está vacío, que no se reponen los productos, que las ventas han caído y siguen cayendo a una pequeña fracción de lo que eran hace seis años, que el negocio está probablemente a un paso de echar definitivamente el cierre. Como lo siguen echando los puestos del mercado aledaño.

Ésa es la realidad del Madrid otrora alegre y gastador. El que oye que han llegado a España más turistas que nunca y que se han dejado mucho dinero. El que sabe bien que, mientras la vida comercial de la ciudad se va agostando porque no hay ni ingresos ni trabajo ni consumo, todas las historias de brotecillos verdes, de cambios de ciclo y de inicios de bonanza suenan tan auténticas como el 23-F del Follonero.

Más de este autor

Los profesionales vuelven a Washington

«Lo que desde la Unión Europea podemos desear es ser socios y aliados auténticos de nuevo, sin guerra de aranceles, y podamos enfrentar juntos los planes de rusos, chinos –e incordios como los turcos-, que han avanzado mucho sus posiciones»

Opinión

El último divorcio de Trump

«Y se dirá que Murdoch –de muy avanzada edad, por cierto– volverá al rebaño, para defender en 2024 a Trump o a los varios colaboradores suyos que han fichado por Fox. Pero Trump va a necesitar ayuda ahora, en el inmediato futuro, con juicios y revelaciones»

Opinión

Más en El Subjetivo

Guillermo Garabito

No molestar

«A uno le gusta el interior de los hoteles como le gusta el interior de las historias. Por ellos va pasando la vida y sólo se necesita estar ahí, desayunando o merendando, para tomar nota»

No Category -

Jordi Bernal

Comité de expertos

«Tal como han ido las cosas, sería hasta comprensible que en diez días el ministro Illa se presente puntual a su comparecencia ante los medios acompañado por un grupo alborotado de simpáticos chimpancés con batas blancas»

Opinión