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Arma de destrucción masiva

Los asesinatos en EEUU se pretenden solucionar con grandes condenas a cadena perpetua o a pena de muerte, en lugar de prohibir el uso tan libre que allí existe de la “herramienta” básica con la que ocurren todas estas barbaridades: las armas

El miércoles pasado un joven de 21 años mató a nueve personas dentro de una iglesia. El chaval pretendía iniciar una Tercera Guerra Mundial, con el objetivo de acabar con los negros. El arma utilizada se la regaló su padre.

El ser humano tiene una capacidad fascinante para desviar el foco de atención desde la causa principal de un hecho a la mera anécdota, a sabiendas de que la solución adoptada no va a evitar que vuelva a suceder lo ocurrido. Así, los accidentes mortales de tráfico los intentamos prevenir a base de multas por exceso de velocidad, en lugar de prohibir directamente a las empresas automovilísticas que los vehículos que fabriquen puedan superar la velocidad permitida; se pretende solucionar la prostitución multando a las prostitutas, en lugar de ofrecer una alternativa a éstas; se pretende eliminar la mendicidad prohibiendo a los mendigos pedir por la calle o rebuscar en la basura, en lugar de facilitarles el acceso a servicios mínimos; se pretende que la juventud tenga una mejor educación y formación centrándonos en si el contenido de una asignatura de una hora semanal tiene carácter doctrinario o no, sin atender para nada a que cuando el joven sale del colegio puede acceder a todo tipo de basura educacional a través de la televisión, o al visitar el campo de fútbol en el partido de la jornada, o al ir con su padre en el coche y comprobar cómo se relaciona a gritos con el resto de vehículos y transeúntes.

Del mismo modo, los asesinatos en Estados Unidos se pretenden solucionar con grandes condenas a cadena perpetua o a pena de muerte, en lugar de prohibir el uso tan libre que allí existe de la “herramienta” básica con la que ocurren todas estas barbaridades: las armas. De esta manera, no tardará mucho tiempo en volver a repetirse otra barbaridad. Y volverá a salir Obama diciendo que se debe repensar el tema de las armas. Y volverá a olvidarse a los dos días del asunto. Y volverá, otra semana después, a suceder algo semejante. Y así seguirán matándose, por los siglos de los siglos.

Actuar equivocadamente a sabiendas que estás actuando equivocadamente es la mayor arma de destrucción masiva. Parece que estemos empeñados en destruirnos.

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