Matias Costa

Autodefinidos

Todos comparten una característica: están convencidos de que La Verdad es la suya y que todo el que no piense como ellos ha venido al mundo para estorbar. Si leen, lo hacen para constatar que tienen razón y para todo tienen una opinión y una queja. Ellos apenas cambian con los años, solo se radicalizan.

Opinión

Autodefinidos

Todos comparten una característica: están convencidos de que La Verdad es la suya y que todo el que no piense como ellos ha venido al mundo para estorbar. Si leen, lo hacen para constatar que tienen razón y para todo tienen una opinión y una queja. Ellos apenas cambian con los años, solo se radicalizan.

Hay una clase de gente que vive en permanente autoafirmación de lo que cree ser, sin un mínimo resquicio para la duda o el cambio. Organizan sus hábitos para que las cosas coincidan con su forma de ver la vida, se juntan con gente que piensa como ellos y conversan para escucharse a sí mismos, incluso para escucharse en las ideas de otro, porque solo atienden a los demás cuando confirman su parecer. Esta categoría de personas se puede encontrar en todo el espectro social, los hay pijos, perroflautas, modernos, rancios, intelectuales, pastilleros, solitarios, exitosos o mendigos. Todos comparten una característica: están convencidos de que La Verdad es la suya y que todo el que no piense como ellos ha venido al mundo para estorbar.

Si leen, lo hacen para constatar que tienen razón y para todo tienen una opinión y una queja. Ellos apenas cambian con los años, solo se radicalizan. Suelen demostrar contradicciones entre lo que dicen y lo que hacen, ya que viven en una realidad ideal que hace aguas cada vez que entra en contacto con la realidad real, llena de amenazas. Siguen una doctrina, aunque no sean religiosos, un estricto código de conducta que etiqueta todo y a todos. Admiran a sus mitos, pero son reacios a conocer gente nueva, porque de cerca nadie es perfecto, así que se aman a sí mismos por encima de todo, sin darse cuenta de que, al igual que el gran Groucho, nunca pertenecerían a un club que tuviera a alguien como ellos de socio.

Para esta categoría de personas, el mundo virtual ha sido una auténtica bendición, y al mismo tiempo la condena que los sepulta para siempre. Ahora ya ni tienen que salir a la calle y correr el riesgo de toparse con los humanos que les sobran, pueden cribar sus relaciones desde el ordenador y conectar solo con sus clones. Todos uniformados, todos autodefinidos.

Pero la vida afortunadamente es mágica e impredecible, y ahora que todas nuestras contraseñas han sido hackeadas, con suerte un día nos levantaremos y encenderemos el ordenador para descubrir que somos otros, que nos han cambiado la identidad. Y toda esta gente atrapada en la amargura de su dogma tendrá una nueva oportunidad para deshacerse definitivamente de sí mismos.

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