Anna Grau

Carta a Irene Montero

«Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que una mujer libre pase por el tubo del feminismo viciado y averiado de Podemos»

Opinión

Carta a Irene Montero
Foto: Ministerio de Igualdad| Web
Anna Grau

Anna Grau

Anna Grau es periodista y escritora y ha sido todo eso en Barcelona, NYC y Madrid.

Señora ministra de Igualdad:

Hace tiempo que le voy dando vueltas a la idea de escribirle, que me lo pienso y me lo pienso, y al final lo voy dejando. No es fácil para mí hablar no ya con usted, sino de usted, y menos en este momento en que toda su credibilidad política se está resquebrajando. No creo que quede nadie en España que, sin cobrar directa o indirectamente de su ministerio, esté conforme con lo que usted hace. No digamos con lo que usted dice, cuando compara la situación actual de las mujeres en España con el enorme sufrimiento de las mujeres en Afganistán.

Si por lo menos hubiera hablado en pasado. Aunque ni así. Hace unos días, yo tuiteé el alarmante paralelismo entre la imagen de un grupo de mujeres veladas y enlutadas para el cartel de la obra «La casa de Bernarda Alba» de Federico García Lorca, con las imágenes de las mujeres con burka en Afganistán. En aquel tuit llamé a Lorca el más visionario de nuestros poetas. ¿Comprende usted la diferencia entre visionario y realista? Ni siquiera cuando Lorca vivía, ni siquiera cuando le asesinó un malnacido indigno de vestir el uniforme de la Guardia Civil (que tampoco es ni ha sido nunca como dice el Romancero Gitano de Lorca, por conmovedor que ese Romancero Gitano sea…), era la situación de las mujeres en España como en «La casa de Bernarda Alba». En 1936, que es cuando Federico la escribió, las mujeres de este país ya podían divorciarse y votar (gracias por cierto a Clara Campoamor, no a la izquierda de la que usted y muchas de sus amistades se declaran herederas…), podían estudiar y trabajar (ya que en Podemos son tan aficionados a las series, ¿ha visto «Las chicas del cable»?), e hizo falta toda una guerra civil para que esas conquistas políticas y sociales de las mujeres (como muchas de los hombres) quedaran en barbecho y no se pudieran rescatar hasta la Constitución de 1978. Esa misma que tenemos que defender de constantes ataques de partidos como el suyo, que se creen que han inventado la revolución, la rueda…y el feminismo.

Lorca no era un político, era un poeta y un visionario, insisto, que plasmó en su genial lírica esa tiranía universal e inextinguible que siempre hay alguien que padece en alguna parte del mundo. En Afganistán como en Irán, donde con una mano ahorcan a homosexuales, y con la otra financian programas de televisión de su partido. Ya me sabe mal tenérselo que recordar, señora ministra. Ya lamento que el feminismo y hasta la izquierda de mesa camilla (ni siquiera de salón) que usted defiende y representa sea incapaz de hacer frente a las verdaderas atrocidades y desigualdades del mundo, y en cambio dilapiden recursos que nos harían ahora mismo mucha falta para otras cosas (para pagar la luz, sin ir más lejos), en jugar a las muñecas moradas. Y en ser de un irresponsable y de un sectario que asusta.

Déjeme decirle que yo nunca me he sentido cómoda cuando he visto que a usted la atacaban en el plano personal. Aunque siempre he pensado y sigo pensando que llegar al consejo de ministros en familia es más peronista que feminista, no me gusta que usted y sus hijos se hayan visto asediados en su casa (que mientras la pague con su dinero, no es asunto mío), que corran feas habladurías sobre si se separa o no se separa, o incluso que se hagan bromas de mal gusto sobre si fue o no fue cajera del Saturn mientras estudiaba. Yo mientras estudiaba di clases como voluntaria en la cárcel Modelo de Barcelona y hasta me saqué mis perrillas posando como modelo para el novio fotógrafo de una amiga. No es ninguna vergüenza haber trabajado para pagarse los estudios, no me hace rabiar que haya usted ganado tantísimo dinero con la política y, si en mi humilde opinión le falta preparación para ser ministra de España, bueno, pues tampoco creo que sea la primera ni la última en esa situación. Por desgracia.

Lo que sí me irrita y hasta me indigna sobremanera, perdone, es que usted pida para usted y para los de su cuerda un fair-play que nos niega a todos los demás. Sobre todo a LAS demás. Ustedes que tan fina tienen la piel cuando se dice la más mínima de una mujer digamos de izquierdas, no han movido jamás un dedo para defender pongamos a la señora Inés Arrimadas cuando en la manifestación del Orgullo Gay de Madrid de hace dos años fue insultada y algo más que insultada. Es más: yo la oí a usted decir que «Ciudadanos no es feminista aunque vaya a la manifestación», en este caso la del 8-M, donde se vio dar saltitos hasta a la esposa del presidente de su gobierno, doña Begoña Gómez, al alegre grito de «feminismo liberal, ¡ridículo total!».

Mire, doña Irene: a la señora Arrimadas le han hecho y la han llamado de todo y yo, a mi modesto nivel, tampoco me quedo manca. Cada vez que critico a sus amados socios procesistas catalanes sale alguien a llamarme puta, a llamarme borracha, a llamarme cerda, a decirme cosas como «vete a comerle la (…adivinen qué…) a viejos pederastas», a desearme la muerte y a veces algo peor. No es que nadie de ustedes me haya defendido nunca (ni a mí ni a las otras). Es que son autoproclamados votantes, trolls y hasta exdiputados con nombres y apellidos de ustedes los que se apuntan con entusiasmo al bombardeo. Sigue sin haber punto de comparación con lo que sufren las mujeres en el Afganistán de los talibán. Pero desde luego en la España cogobernada por Podemos y por los procesistas catalanes, una mujer que no esté con ustedes tiene que tener la piel de elefante para dedicarse a la política.

Que se lo pregunten a la señora Lidia Falcón, expulsada (junto con todo su Partido Feminista) de Izquierda Unida porque se oponía al proyecto de ley Trans que usted pergeñó. Y no es la única, créame. Pero aunque lo fuera: ¿le parece normal llamar tránsfoba a cualquiera que les plante cara, y propiciar su muerte civil? No es sólo el caso de Lidia Falcón, denunciada ante la Fiscalía de Odio de Madrid, nada menos, con el concurso, atención, de la Generalitat de Cataluña, que al parecer no tiene nada mejor que hacer que aliarse con cualquier delirio que se les ocurra a ustedes, y viceversa. Por ejemplo en pedir la libertad de Pablo Hasél, otro feminista reputado y notorio.

Le decía que no es sólo Lidia Falcón. Es también la escritora Lucía Etxebarría, virulentamente estigmatizada por lo mismo, por llevarle a usted la contraria, por decir que la emperatriz va desnuda (con perdón). Lo ha pagado con una campaña feroz de descrédito en redes y con un llamamiento general a no comprar sus libros.

Mire, para ir acabando: yo me puedo equivocar. La señora Inés Arrimadas se puede equivocar. Lidia Falcón y Lucía Etxebarría también se pueden equivocar. Pero si de verdad creemos en la libertad de las mujeres, mal andamos demonizando a toda mujer que piense por sí misma. Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que una mujer libre pase por el tubo del feminismo viciado y averiado de Podemos.

Dicen que la izquierda dogmática está en crisis en todo el mundo porque ya no sabe qué hacer para admitir que no tiene ideas ni soluciones pues eso, para lo de Afganistán, lo de Irán, lo de Cuba…etc. Entonces, a falta de capacidad de arreglar lo que no funciona, se dedica a estropear todo aquello que más o menos sí. La democracia española no será perfecta. Pero a prueba de bomba sí que es. Si puede seguir en marcha hasta con Podemos en el poder…

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