José Carlos Rodríguez

Casado y Abascal el estilita

«El voto negativo a la candidatura de Santiago Abascal me parece un error, pero se puede defender con poderosas razones»

Opinión

Casado y Abascal el estilita
Foto: Mariscal| EFE
José Carlos Rodríguez

José Carlos Rodríguez

Elegí vivir de contar lo que acaece. De todas las ideas sobre cómo debemos convivir, la libertad no me parece la peor.

Vox convocó la pasada semana una moción de censura contra el Partido Popular. Tiene todo el derecho. Y le sobran motivos, como el de erigirse en la principal fuerza de oposición al Gobierno; la única, a ser posible. Abascal ha buscado la soledad del ermitaño. No; del estilita. Ha buscado la santidad, elevado hacia el cielo sobre una columna erigida en el desierto. Vive Dios que lo ha conseguido. La candidatura de Santiago Abascal ha sido rechazada con furia por toda la Cámara, y todos los periódicos, las radios y televisiones, celebran sin apenas excepción el airado «no» de Pablo Casado.

Vox ha conseguido otros objetivos importantes. Se ha reivindicado ante sus votantes, y puede que haya captado una parte no desdeñable de los que mantiene el Partido Popular. Tiene a un líder sólido. Solo flaqueó al enfrentarse a los ataques personales de Casado hacia él. Para eso no estaba preparado. Vox, que cuenta con la sincera antipatía de los medios de comunicación, necesita recurrir a la audacia para llegar con franqueza a la opinión pública. Estaba escrito en el cuaderno de análisis de cualquier analista que no iba a concluir la legislatura sin que Abascal se hubiese postulado como candidato.

Todo ello entra dentro de una estrategia coherente, inteligente incluso, por parte del partido de Abascal. Lo que carece de coherencia e inteligencia es la respuesta política del Partido Popular, y personal de Pablo Casado. El voto negativo a la candidatura de Santiago Abascal me parece un error, pero se puede defender con poderosas razones. Si en lugar de un voto tuviese dos, Casado habría añadido otro «no» a Pedro Sánchez, pero las reglas del juego son estas. Lo que es demencial es el discurso del líder del PP.

¿Cuántas veces habrá dicho Pablo Casado que el PP es el lugar de encuentro del centro derecha español, que él responde por los votantes que abandonaron al partido, que la división dificulta la alternancia y amenaza las libertades en España? La pasada semana, Casado insultó a los votantes de Vox, y les cerró las puertas; ha renunciado al objetivo de recuperar el papel que tuvo el Partido Popular antes de que Rajoy expulsase a conservadores y liberales. Ha renunciado al objetivo de seducir a tres millones y medio de votantes.

Ahora, la única opción de llegar al poder es aliándose con el partido sobre el que ha volcado todo el discurso de la izquierda. El aplauso unánime de la prensa es la prueba de su fracaso. Entre otras cosas, porque al minuto siguiente de aplaudirle, los medios que le zaherían en el pasado lo volverán a hacer sin miramiento. La derecha alcanzará el centro político cuando sea aceptada como opción legítima por la izquierda, y eso no ocurrirá jamás.

Una gran parte del discurso de Vox es inasumible. ¡Qué estúpido error el de comparar a la UE con la dictadura china, la Unión Soviética y la Europa de Hitler! Abascal se adornó de franquismo, aireó las conspiraciones de Soros, y se mostró más Orbanita que el presidente de Hungría. Pero esos tics son los que le han permitido salirse de la corrección política. Quedar al otro lado de los lindes impuestos por la izquierda, ese es su capital político.

Pablo Casado tenía otra opción. Debió seguir manteniendo la ficción de que en su partido cabían todos los que estén contra la revolución impulsada desde el Gobierno, y dejar que Vox asuma los discursos que él no puede ni debe hacer propios, que recabe los votos que la izquierda ahora desprecia, y buscar junto a Ciudadanos una alternativa a la disolución de España en una pócima de socialismo, injusticia y abuso.

Más de este autor

Unos ilusos fiscales

«Allí los guatemaltecos se preguntan cuánto me va a costar la generosidad de los políticos con mi dinero. Aquí, una mayoría de los incautos españoles nos preguntaríamos cuánto me va a tocar de ese gasto público»

Opinión

Por qué aborrecemos a Donald Trump

«No es por su ambición desmedida, ni por que nos quiera dar lecciones, ni por su actitud machista, cualidades que admiramos en Pablo Iglesias, o al menos le perdonamos»

Opinión

Más en El Subjetivo

Beatriz Manjón

Microconvicciones

«Hoy las convicciones son los osos panda del zoo político, una especie en peligro de extinción que se exhibe para aplauso de la claque en los discursos de investidura»

Opinión

Guillermo Garabito

No molestar

«A uno le gusta el interior de los hoteles como le gusta el interior de las historias. Por ellos va pasando la vida y sólo se necesita estar ahí, desayunando o merendando, para tomar nota»

No Category -