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Correcto y desesperado

Por azar objetivo, he empezado a releer ‘La Realidad y el Deseo’ el 21 de septiembre, sin saber que era el día del aniversario de Luis Cernuda (21-IX-1902). La semana pasada releí también (¡con Cernuda todo en mí son relecturas ya!) su autobiografía poética ‘Historial de un libro’, uno de los textos más limpios y hermosos de nuestro siglo XX, que sitúo –muy alto– en el canon de la prosa en español. Cuando uno lee a Cernuda renueva su admiración hacia él. Admiración que, por otra parte, se mantiene cuando uno no lee a Cernuda. Además de su obra, fue admirable el hombre: íntegro, ejemplar.

El mejor homenaje es el poema que le dedicó Octavio Paz. Dice, entre otras cosas: “En un cuarto perdido / inmaculada la camisa única / correcto y desesperado / escribe el poeta las palabras prohibidas”. Y: “Con letra clara el poeta escribe / sus verdades oscuras”. Por su lado, uno de los mejores poemas de Cernuda lleva dedicatoria a Paz: “Limbo”. Habla de un tipo sutil de exclusión del artista: la ejercida por quienes supuestamente aman el arte, pero solo si está “domesticado para el mundo de ellos”. Excluyen al poeta vivo, acogen al muerto: y si le queda algo de vida, porque su obra viva, lo rematan.

Así no solo los enemigos, sino también los falsos amigos. Como ese diputado de En Marea que recuerda ahora la frase de Fraga en contra del regreso de Cernuda para asistir al entierro de su madre en 1962: “Que se quede donde está. Ya tenemos bastantes maricones en España”. La frase de Fraga es impresentable, pero que lo que recuerde de Cernuda ese diputado sea eso dice muy bien qué es Cernuda para él: un cereal para su papilla ideológica, o electoralista.

También escribió Paz en el poema mencionado: “Sus palabras / no son un monumento público / ni la Guía del camino recto / Nacieron del silencio / se abren sobre tallos de silencio / las contemplamos en silencio”. Excluido y solitario como el albatros de Baudelaire. Correcto y desesperado como el oso polar Pizza.

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