José Antonio Montano

Corte generacional

«Las vacunas no solo inoculan protección frente al virus, sino también desprotección frente al tiempo»

Opinión

Corte generacional
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José Antonio Montano

José Antonio Montano

Más escritor que periodista. Desclasado y centrifugador.

La vacunación por edades es una fábrica de melancolía. No solo inoculan protección frente al virus, sino también desprotección frente al tiempo. Verse en un corte generacional una mañana, entre hombres y mujeres que son nuestro espejo, baja las defensas del ánimo.

A mí me tocó además el día de mi cumpleaños, por lo que iba especialmente susceptible. ¿Desde cuándo no me juntaba con los nacidos en 1966 y solo con ellos? Desde las oleadas escolares y universitarias, estas algo diluidas. En la escuela y en el instituto, quitando a los repetidores, éramos de ese corte exacto. En la nave donde nos metieron, una inmensa sala de espera con cientos de sillas, me acordaba de aquellas cabecitas que durante años se agitaban delante de mí, como la mía para los que tuviese detrás, y me entristecía ver a esos calvorotas en que se han convertido.

Me eran reconocibles, sin embargo. Pensé que con cualquiera de ellos podría hablar, evocar cosas: sucesos históricos y deportivos, programas de televisión, productos de la bollería industrial. Si gritase «¡Phoskitos!», responderían a coro «¡regalos y pastelitos!». Por no hablar del «¿cómo están ustedes?»… Más que niños de derechas como Umbral, fuimos niños pop. Con una insidiosa presencia de Thánatos entre los colorines: se nos murieron Fofó, Félix Rodríguez de la Fuente, Nino Bravo, Cecilia, Franco, Chanquete… (Es verdad que por el penúltimo la pena fue menor y encima nos dieron días sin colegio, pero no dejaba de ser otro personaje de la tele que desaparecía).

Los que se conservaban mejor eran los triunfadores de la mañana. Había una mujer en concreto que definitivamente sí. Pero el resto tenía el arma del humor. No me quitaba de la cabeza que eran, éramos, niños disfrazados de adultos, jugando a ser nuestros padres. Las mascarillas ayudaban. Nos habíamos juntado, tantísimos años después, en esa especie de carnaval, de baile de máscaras donde no nos tapábamos los ojos sino las bocas, como bandidos.

Llegó al fin mi turno. Me la pusieron. Esperé los 15 minutos protocolarios en que el juego era observarse por si uno se notaba algo y finalmente me levanté y me fui. Camino de la salida vi a un lado otra nave: era igual que la de la vacunación, pero vacía. Una especie de enorme almacén sin nada. Pensé que era la misma pero muchos años después, cuando mi generación había sido barrida. No faltaba belleza.

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