Jeronimo Jose Martin

Del nazismo al comunismo

Pocas películas han indagado en la común raíz socialista, atea y deshumanizadora de nazismo y comunismo, y en sus comprensibles ententes, como el Pacto de No Agresión germano-soviético, que firmaron Hitler y Stalin en 1939.

Opinión

Del nazismo al comunismo

Pocas películas han indagado en la común raíz socialista, atea y deshumanizadora de nazismo y comunismo, y en sus comprensibles ententes, como el Pacto de No Agresión germano-soviético, que firmaron Hitler y Stalin en 1939.

Pocas películas han indagado en la común raíz socialista, atea y deshumanizadora de nazismo y comunismo, y en sus comprensibles ententes, como el Pacto de No Agresión germano-soviético, que firmaron Hitler y Stalin en 1939. Una excepción es la espléndida “Katyn” (2007), poderoso homenaje a los 20.000 polacos masacrados por los soviéticos en los bosques de Smolensk, con la que Andrzej Wajda optó al Oscar. Y es otra valiosa singularidad “Dos vidas” (2012), de los alemanes Georg Maas y Judith Kaufmann, que da continuidad al anticomunismo de “La vida de los otros” (2006), el oscarizado filme de Florian Henckel von Donnersmarck.

A través del afilado drama familiar de una mujer noruega tras la la unificación de Alemania en 1990, esta adaptación libre de la novela de Hannelore Hippe desvela el llamado por los nazis Programa Lebensborn (Fuente de Vida). Iniciado en 1935 por Heinrich Himmler, pretendía seleccionar racialmente y formar en orfanatos alemanes a hijos de miembros de las SS y mujeres belgas, francesas y noruegas de ascendencia aria. Dicho programa tuvo una alucinante continuidad posterior en la formación de jóvenes agentes secretos de la Stasi, la temida policía secreta comunista de la República Democrática Alemana.

“Dos vidas” no tiene la rotundidad de “La vida de los otros”, tarda en entrar, descuida alguna trama secundaria y pide a gritos algo más de esperanza y trascendencia. Pero capta la atención gracias a una hábil dosificación del melodrama clásico y la intriga de espías al estilo setentero. También ayudan las sobrias interpretaciones, sobre todo de Julianne Kohler y Liv Ullmann, que dan veracidad a los traumáticos procesos de arrepentimiento y perdón de sus personajes. Queda así un thriller notable, que gustará a los degustadores de buen cine y a los que intentan mantenerse libres de las opiniones prefabricadas por la propaganda.

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