Jordi Bernal

Dictaduras blancas

Lo contó el propio Ivan Tubau en el Mundo (10/05/2010). La entrevista tenía que salir en la jugosa “Penthouse” pero ya en talleres fue “levantada”. Finalmente apareció en Diario 16 el 15 de agosto de 1982. En ella, el presidente Tarradellas (creo que por primera vez en letra impresa) utilizaba el preciso sintagma “dictadura blanca” para referirse al por entonces bisoño pero apuntando ya maneras gobierno de Jordi Pujol. La clarividencia del viejo político:

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Dictaduras blancas
Jordi Bernal

Jordi Bernal

Periodista a su pesar y merodeador de librerías y cines. Autor del libro de crónicas Viajando con ciutadans (Ed. Triacastela, 2015)

Lo contó el propio Ivan Tubau en el Mundo (10/05/2010). La entrevista tenía que salir en la jugosa “Penthouse” pero ya en talleres fue “levantada”. Finalmente apareció en Diario 16 el 15 de agosto de 1982. En ella, el presidente Tarradellas (creo que por primera vez en letra impresa) utilizaba el preciso sintagma “dictadura blanca” para referirse al por entonces bisoño pero apuntando ya maneras gobierno de Jordi Pujol. La clarividencia del viejo político:

“Lo que hay ahora en Cataluña es una especie de dictadura blanca. De todos los funcionarios que han entrado en la Generalitat, a ver si hay alguno que no sea de Convergencia. Las dictaduras blancas son más peligrosas que las rojas. La blanca no asesina, ni mata, ni mete a la gente en campos de concentración, pero se apodera del país, de este país. Un día u otro esto se acabará, supongo. ¿Y que se verán obligados a hacer los que vengan detrás? Pues tendrán que deshacer lo que estos de ahora han hecho, esta es la realidad”.

Pues sí, más actuales no pueden ser estas declaraciones con más de treinta años a sus espaldas. Y todo hace indicar que no nos hemos movido de esa dictadura blanca que se apoderó del país hace décadas y que lo ha llevado al delirio actual. Un delirio que, por ejemplo, se refleja en la catadura/caradura convergente apropiándose de la figura de Tarradellas. Entiendo que Puigdemont quiera hacer suyo a Companys (aunque no sé si al presidente mártir le gustaría demasiado que lo recordaran en un festín tétrico de antorchas más propio de los espectáculos protofascistas del Estat Català de Dencàs) tanto como Mas quería separar las aguas del mar Rojo, Homs poseer la labia de Martin Luther King o Junqueras lucir palmito como Gandhi. Hasta aquí todos de acuerdo. Sin embargo parece excesivo y de un oportunismo acorde con el putrefacto estado actual de la cosa que pretendan apoderarse de la memoria del enemigo político número uno de Pujol y su Convergencia.

Así el panorama. Será realmente duro deshacer todo lo que estos han hecho a lo largo de tantos años. Años de impunidad. De falsedad. De corrupción. De adoctrinamiento. De construir, en fin, una Cataluña con capital en Andorra y no en Barcelona.

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