THE OBJECTIVE
Amando de Miguel

El nacionalismo a la desesperada

La situación de Cataluña es menos comprometida económicamente, si bien ha dejado de ser la locomotora económica de España. En ambos casos se cumple la ley sociológica de que, cuando llegan las vacas flacas de la economía, flamean las banderas nacionalistas. El asunto se encuentra muy estudiado. Cuando flaquea la coyuntura económica, hay que buscar un enemigo exterior, el chivo expiatorio.

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El nacionalismo a la desesperada

La situación de Cataluña es menos comprometida económicamente, si bien ha dejado de ser la locomotora económica de España. En ambos casos se cumple la ley sociológica de que, cuando llegan las vacas flacas de la economía, flamean las banderas nacionalistas. El asunto se encuentra muy estudiado. Cuando flaquea la coyuntura económica, hay que buscar un enemigo exterior, el chivo expiatorio.

Me refiero a los dos extremos del Mediterráneo: Grecia y Cataluña. Hace más de dos mil años los griegos clásicos llevaron sus colonias hasta la costa del Mediterráneo occidental, que hoy es catalana y española. En la Edad Media, con los gallardetes rojos y amarillos, los almogávares aragoneses extendieron sus expediciones y sus rapiñas hasta Atenas y Salónica. Ahora los vemos otra vez extrañamente unidos en esa foto de la Sintagma ateniense, ondeando juntos las respectivas banderas. Es una curiosa mezcla. Algo les lleva a sentirse solidarios.

Tanto en Grecia como en Cataluña domina hoy un nacionalismo imposible, escorado a babor. Abrumados por la decadencia económica, griegos y catalanes se plantean sendos plebiscitos. En el fondo se pretende salir de la Unión Europea, cada uno a su modo. Ambos necesitan convencerse de que los de fuera les roban. Todo menos reconocer las culpas propias.

Los dos nacionalismos llevan las de perder, porque son puramente defensivos, negativos, a la contra. Lejos de continuar ambos la orgullosa tradición comercial, ahora miran hacia dentro, en busca de una absurda autarquía. La de Grecia es más desesperada; nunca podrá devolver sus deudas. Se ha propuesto tener Estado de bienestar pagado por los demás. Realmente ya se encuentra psicológicamente fuera de la Unión Europea. Solo estuvo dentro con trampas y engaños. Es lógico que gobierne un partido populista. El mismo que ya ha entrado en Barcelona.

La situación de Cataluña es menos comprometida económicamente, si bien ha dejado de ser la locomotora económica de España. En ambos casos se cumple la ley sociológica de que, cuando llegan las vacas flacas de la economía, flamean las banderas nacionalistas. El asunto se encuentra muy estudiado. Cuando flaquea la coyuntura económica, hay que buscar un enemigo exterior, el chivo expiatorio. 

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