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El sátrapa venezolano se perpetúa

Foto: Stringer | Reuters

Nicolás Maduro, en su penúltima farsa, ha dado un nuevo paso para perpetuarse en el poder con la investidura más patética, dando por inaugurado su segundo mandato como presidente de la República de Venezuela, en una soledad absoluta, solo acompañado de los dictadores de Bolivia, Evo Morales, Nicaragua, Daniel Ortega y, evidentemente, Cuba, con Miguel Díaz-Candel.

Maduro no ha sido elegido por nadie, porque en Venezuela no se celebran unas elecciones libres desde las que en 2017 le supusieron una muestra abrumadora de rechazo, que fueron la antesala de una oleada de represión criminal sin precedentes. Todos los resortes del poder los controla con mano dura y asesina Maduro desee el autogolpe de 2017 cuando secuestró un Parlamento elegido democráticamente y sus funciones fueron asumidas por una Asamblea Nacional Constituyente ilegítima, que ha llevado a Nicaragua a una situación de pobreza ya endémica, insoportable, y que ha convertido al Régimen de Maduro en una dictadura dirigida desde Cuba que masacra el mas leve intento de oposición o crítica, sin el más mínimo respeto a los derechos humanos.

Venezuela, uno de los países más ricos de Latinoamérica, con una de las más importantes reservas de petróleo del mundo, es hoy un país arrasado por la crisis económica y política, con una hiperinflación que lleva a los ciudadanos a carecer hasta de los productos de primera necesidad más esenciales, y se ve ya solo apoyado por tres dictaduras de la región, tres aliados solo, como se evidenció en la mascarada del jueves, a la que no asistieron representantes de ningún país de la UE.

España, el único país de Europa en el que existe una formación política parlamentaria muy vinculada desde su origen el régimen venezolano, mantiene un perfil deliberadamente bajo, con Podemos como socio de Gobierno de Sánchez y el ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero jugando un papel incomprensible de defensor de Maduro, líder de un régimen asesino muy vinculado además a una inmensa red de narcotráfico que también se maneja desde Cuba.

Maduro se mantiene en el poder porque muchas democracias han jugado un papel ambiguo de complicidades siniestras. Su aislamiento por la Comunidad Internacional, en el día a día, no es el que reflejó la farsa del jueves, patética y ridícula, arropado sólo por tres colegas sátrapas bolivarianos. Maduro vive de espaldas a su pueblo, al que masacra sin piedad, y de espaldas al mundo. A los venezolanos les esperan al menos seis años más de dictadura, el éxodo continúa y se acrecentará. España debiera jugar un papel relevante en la Comunidad Internacional para conseguir una transición democrática en esta dictadura acusada de crímenes contra la humanidad.

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