Aloma Rodríguez

En el centenario de Berlanga

«En su cine encontraremos sátiras de la ideología y de la hipocresía, pero también el retrato más vivo de lo que era la España del momento; son análisis sociológicos que entran por los ojos entre carcajadas»

Opinión

En el centenario de Berlanga
Foto: Bruno Barral| Wikimedia Commons
Aloma Rodríguez

Aloma Rodríguez

Licenciada en Filología Hispánica. Ha publicado "París tres", "Jóvenes y guapos", "Solo si te mueves" y "Los idiotas prefieren la montaña", todos en Xordica. Es miembro de la redacción española de Letras Libres y colabora con diferentes medios.

Estamos en el año del centenario de José Luis García Berlanga (Valencia, 1921 – Madrid, 2010). Filmoteca española le rinde homenaje en su programación en el Doré y también en vídeos donde otros cineastas explican dónde residía su genialidad. Una de las cosas que más admiro de las películas de Berlanga es cómo pone a todo el mundo en movimiento y deja que el plano dure y alargue, mientras los personajes entran y salen de cuadro, que también se mueve. También la Real Academia Española le homenajea incorporando al diccionario el término «berlanguiano». Tal vez todo el asunto del estado de alarma y el caos que va a generar sea un homenaje a Berlanga de alguna manera aún incomprensible. La definición del DRAE es un poco pobre («Perteneciente o relativo a Luis García Berlanga»), es mucho más acertada la del cineasta José Luis Borau, que intentó infructuosamente que se incluyera el adjetivo mientras fue miembro. Dice así: «Expresión de situaciones absurdas, comicidad cáustica y enfoques grotescos que a veces proliferan en una sociedad difícil de meter en cuadro». Álex de la Iglesia ofreció otra explicación, más gráfica y visceral, que recoge Patricio Alvargonzález en un artículo en Vanity fair: «Berlanga metió un puño en mi corazón y lo arrancó de cuajo, mientras con la otra mano me hacía burla».

Se han publicado al menos tres libros sobre Berlanga estos meses, el premio Comillas, Berlanga. Vida y cine de un creador irreverente, de Miguel Ángel Villena; El último austrohúngaro. Conversaciones con Berlanga, de Manuel Hidalgo y Juan Hernández Les y ¡Hasta siempre, Mr. Berlanga!, de Luis Alegre con ilustraciones de El Marqués. Alegre escribe que Berlanga «dio un vuelco al cine español. Añadió verdad, aire subversivo e inteligencia, y nos enseñó a reírnos de nuestras propias miserias». José Luis Cuerda recordaba en su libro Panfletos contra la emoción y el audiovisual aquello que dijo Mario Camus: desde la aparición de Bardem y Berlanga, que hicieron unas cuantas películas juntos, en el cine español o se es de Bardem o se es de Berlanga.

Ahora que se habla tanto de identidades y del ADN español quizá sea un buen momento para revisar las películas de Berlanga –en realidad, siempre es buen momento–: muchas de las películas que hizo con guion de Azcona pueden verse como un intento de explicar un país, pero no desde la esencia, sino sobre todo por las circunstancias. En su cine encontraremos sátiras de la ideología y de la hipocresía, pero también el retrato más vivo de lo que era la España del momento; son análisis sociológicos que entran por los ojos entre carcajadas. Lo verdaderamente fascinante de sus películas es la mirada hacia lo que lo rodea, una mirada crítica y comprensiva a la vez.

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