Francisco Pou

Fibonacci, Indra… y Bach

Desde el Ibex, las matemáticas y la amistad se puede hablar también este lenguaje único de la música. Divina sensibilidad de sus radares para el vuelo

Opinión

Fibonacci, Indra… y Bach

Desde el Ibex, las matemáticas y la amistad se puede hablar también este lenguaje único de la música. Divina sensibilidad de sus radares para el vuelo

Decía Galileo que las matemáticas son el alfabeto con el cual Dios ha escrito el Universo. Las matemáticas son más difíciles cuanto más buceas, pero la música es el arte, atajo,  que lleva al Universo con un alfabeto universal armónico, parte de nuestro ser.  Divino. Perdonen ustedes este vuelo sin que les pregunte antes “ventana o pasillo”, pero quiero introducirles a dos maravillas de una noche de música.
 
La primera maravilla es de Olimpo. Evgeni Koroliov es probablemente el mejor pianista del mundo. Ha habido muchos “mejores pianistas del mundo” desde que el ‘pianoforte’ puso colores y pasión de ‘rubatos’ al rigor del secular teclado. Pero en el Palau de la Música, en Barcelona, pudimos asistir esta semana al espectáculo matemático, armónico, universal, de escuchar las 31 piezas seguidas de las ‘Variaciones Goldberg’ de Bach en unos 70 minutos… sin partitura.  ‘Aconteciendo’ en instante vivo desde el alma de Bach. Posible a través de la memoria matemática prodigiosa de Evgeni con manos que, en su danza, creaban en la percusion de cuerda los vericuetos barrocos de impredecibles volutas. Una catedral se construyó viva ante nosotros.
 
La segunda maravilla es quién lo hizo posible.  Que una empresa del Ibex lleve a estos vuelos demuestra que tiene más sensibilidad que un broker por Fibonacci. Fibonacci intuye la matemática de octavas en la música y la naturaleza, que construye en su progresión un caracol o un árbol. El broker ‘predice’, dice, con la serie Fibonacci,  las volutas impredecibles de la bolsa.  Indra, empresa del Ibex que organizó el evento,  vende radares para volar, software (matemáticas…) y consultas por todo el mundo. Pero la invitación que recibió este periodista de un buen amigo de Indra le llevó más alto que los predecibles epílogos de canapés. Me llevó a la reflexión que desde el Ibex, las matemáticas y la amistad se puede hablar también este lenguaje único de la música. Divina sensibilidad de sus radares para el vuelo.

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