Matias Costa

La gente

La gente es una entidad nebulosa que engloba todo lo que no es uno. Es un recurso lingüístico y político sin el cual tendríamos que enfrentarnos a la frustrante conclusión existencial de que, en realidad, son yo mismo con otras circunstancias.

Opinión

La gente

La gente es una entidad nebulosa que engloba todo lo que no es uno. Es un recurso lingüístico y político sin el cual tendríamos que enfrentarnos a la frustrante conclusión existencial de que, en realidad, son yo mismo con otras circunstancias.

La gente es una entidad nebulosa que engloba todo lo que no es uno. Es un recurso lingüístico y político sin el cual tendríamos que enfrentarnos a la frustrante conclusión existencial de que todo lo que pasa en el mundo nos pasa a nosotros y todos los que nos rodean, en realidad son yo mismo con otras circunstancias.

Pero tenemos esa herramienta, y la usamos a diario: “la gente es que es idiota”, “los políticos nos engañan”, “los de las motos van como locos”… Mientras no individualicemos al otro no encontraremos sus matices y por tanto podremos incluirlo en esa masa de “otros” que hacen cosas que nos sentimos legitimados a criticar porque si todo es lo mismo y no hay gradación, entonces esa multitud monocroma se mueve como un solo individuo anónimo al que puedo culpar de todas las cosas que no funcionan bien.

“La gente” es la responsable de que yo no pueda hacer las cosas como creo que debería hacerlas. Esa convicción parece dejarnos tranquilos. Sin embargo el solo acto de escuchar y tratar de ponerse en el lugar de una de esas “gentes” desmonta automáticamente el fantasma de “los otros” y nos obliga a asumir la responsabilidad de nuestros actos. La única manera de tomar cierto control sobre lo que hacen con nosotros es asumir que somos uno más entre millones, tratar de conectar con los que nos rodean y buscar el entendimiento. Mientras no lo hagamos así, nos podrán seguir poniendo troyanos en nuestros móviles y seguiremos pensando que “la gente” vive controlada en lugar de asumir que yo, al no involucrarme en las cosas que me afectan, estoy aceptando que otros vivan mi vida.

Más de este autor

La novia fiel

Puede que no sea lo más acertado que una aerolínea a la que recientemente se le han estrellado dos aviones plantee la cuestión, pero a mi me parece una pregunta pertinente. ¿Qué quiero hacer yo antes de morir? No olvidarme de vivir.

Opinión

Atrezzo

En realidad la vida ocurre en un mismo lugar, lo que cambia es el atrezzo. Digamos que el decorado en el que se lleva a escena nuestra existencia no cambia mucho, incluso si no dejamos de viajar, el plató es una proyección mental, una extensión de uno mismo y sus circunstancias.

Opinión

Más en El Subjetivo

Paco Reyero

Kamala Harris, el origen y mucho más

«En la política (y probablemente más en la política norteamericana) todo es pasajero: recuérdese el rechazo de George Bush padre a Ronald Reagan, del que luego fue fiel vicepresidente dos mandatos y sucesor presidencial»

Opinión

Ferran Caballero

Que gane el campeón

«Lo que celebra Nike, lo que celebra el progresismo, ya no es el progreso sino el presente, con todas y cada una de sus contradicciones y por muy terribles e injustas que puedan ser»

Opinión

Lea Vélez

La fama alcanzable

«La fama es un tema enorme, un asunto extraño, una frontera narrativa. No se ven igual las cosas desde aquel lado de la fama, desde el mundo del famoso»

Opinión

Aloma Rodríguez

Vuelta al cole

«La educación es uno de los asuntos sobre los que nunca estamos de acuerdo y, como sucede con otros temas importantes, se usa para agredir al adversario político»

Opinión