Jaime G. Mora

La palabra de Antonio Vega

Antonio Vega da un concierto en el Hard Rock. Tiene un botellín de cerveza en la mano. No le gusta cómo está sonando y amenaza con suspender el concierto. Alguien del público le grita “borracho”. Él responde: “Tururú”. En otra escena del documental Tu voz entre otras mil lo entrevista Iñaki Gabilondo. “Has cometido muchos errores en la vida…”, le dice. “Las drogas…”. Antonio Vega respira hondo antes de responder.

Opinión

La palabra de Antonio Vega
Foto: Iago Pillado
Jaime G. Mora

Jaime G. Mora

Periodista. Política y libros en ABC. Lee periódicos en papel porque le gusta mancharse las manos de tinta.

Antonio Vega da un concierto en el Hard Rock. Tiene un botellín de cerveza en la mano. No le gusta cómo está sonando y amenaza con suspender el concierto. Alguien del público le grita “borracho”. Él responde: “Tururú”. En otra escena del documental Tu voz entre otras mil lo entrevista Iñaki Gabilondo. “Has cometido muchos errores en la vida…”, le dice. “Las drogas…”. Antonio Vega respira hondo antes de responder.

Si nunca supo dejar las drogas, las mismas que lo condujeron hacia un deterioro físico irremediable hasta su muerte con 51 años por un cáncer de pulmón, fue, como admitió su hermano Carlos, porque nunca quiso parar.

“Tuve que correr / cuando la vida dijo: ‘ve’”, canta en 1998 en el disco ‘Anatomía de una ola’. La vida le dijo “ve”, no “ven”. Esa ene es importante. “Tuve que correr / cuando la vida dijo: ‘ve’. / No hubo manera de pararme. / Correr que fue volar, / beber de un solo trago todo el mar / y no sació mi sed el agua. / Tomé el sendero sin saber / que me alejaba para no volver”.

Antonio Vega veía en las drogas un “lince” que le abstraía de los problemas y le permitía escribir esas letras íntimas, oscuras y profundamente sugerentes que lo confirmaron como uno de los compositores más importantes de la música española.

En sus canciones estaban sus amores perseguidos, su vida errante, su fascinación por las matemáticas y la astronomía, su apego a los gatos… Eran canciones herméticas, cargadas de metáforas en las que también se colaba su adicción por las drogas.

«Se dejaba llevar, / se dejaba llevar por ti”, canta en uno de sus temas más recordados; según él, el único de todos los que escribió sobre la heroína. “No esperaba jamás / y no espera si no es por ti. / Nunca la oyes hablar, / solo habla contigo y nadie más. / Nada puedes sufrir / que no sepa solucionar”.

Leo las canciones de Antonio Vega en ¿Y si pongo otra palabra?, el libro que ha editado editorial Demipage con todas las letras de sus discos para recordar, diez años después de su muerte, la figura de este artista único.

“Si tuve dos destinos / entre la razón y el loco desatino / fue porque conocí juegos prohibidos”. ¿A qué juegos prohibidos se refiere en ‘A medio camino’? ¿Desde dónde cae en ‘Para bien y para mal’? “Para bien o para mal / fue que me dejé llevar / y, si digo la verdad, / no sabría por dónde empezar. / Una mano se ofreció: / ‘Nada tienes que temer’. / Me subió y me subió / y más tarde me dejó caer. / Me fue llevando la corriente / allí donde no hacía pie; / nada dura para siempre…”

Escribe David Villanueva en la presentación del libro que, “magia aparte”, las canciones de Antonio Vega “fueron un máster musical: escalas imposibles o extrañas, afinaciones abiertas, armonías complejas”. La magia de este viajero que nunca dio un paso atrás es lo que queda entre verso y verso. Por qué se preguntaría en la cresta de qué ola dejó su silla de montar, si hoy sigue cabalgando. Referencias que tal vez sea mejor no descifrar.

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