Alfonso Egea

Los casos duermen, los investigadores no

Eres preso de tus palabras, pero también de tus silencios

Opinión

Los casos duermen, los investigadores no

Eres preso de tus palabras, pero también de tus silencios

«Sólo en las gestiones de investigación de vehículos sospechosos tuvimos que indagar y descartar 38.000 datos». Habla José Miguel Hidalgo, teniente de la Guardia Civil de la Unidad Central Operativa. Un hombre que comanda desde hace siete años una de las investigaciones más inquietantes y misteriosas de la última década: la desaparición de Yéremi Vargas en 2007 en un escenario tan  imposible que por normal es aterrador. Jugaba con sus primos a escasos 20 metros de su casa, de su familia, de su vida… de la que fue arrancado. Aún nadie sabe cómo, por quién ni por qué.

Siete años después este hombre se ha visto a sí mismo a miles de kilómetros de España, en una prisión de Glasgow, cara a cara con dos peligrosos delincuentes escoceses que pagan entre rejas sus abusos sexuales a menores y el crimen de una mujer que los descubrió y que nunca pudo contarlo porque, según ellos, «está con los peces».

¿Cómo demonios ha terminado una investigación que arrancó en Gran Canaria en Escocia? Con mucho esfuerzo, con mucho trabajo y con una vocación sin límites de un grupo de buenos investigadores que también son padres y sienten como propio cada caso que cae en sus manos. Infinitas pistas falsas, 800 investigados como potenciales sospechosos, llamadas anónimas imposibles y otras con datos más fiables. Y así siete años. «Los casos duermen, nosotros nunca», me dice un viejo contacto –más amigo que contacto– y que me recuerda que no hay crimen perfecto, sino investigaciones imperfectas.

Y habrá quien piense que por qué tantos años, que por qué tanta dedicación, por qué tantos medios. Sirva decir que buscar a Yéremi ha permitido encarcelar a decenas de depredadores sexuales.  Sólo aquel día en la zona se identificaron casi 30 delincuentes sexuales escondidos. Tramperos que esperan a niños, que no pueden controlar sus impulsos pero sí planificar sus delitos. Sirva decir que la Guardia Civil ha hecho un trabajo hercúleo con la foto de un niño en el centro del diagrama pero que ha permitido hacer de nuestro país un sitio más seguro para nuestros pequeños.

Desconozco qué saben O´Neill y Lauchlan de Yéremi. Desconozco si ellos estuvieron aquel 10 de marzo en Vecindario esperando la oportunidad para llevarse a Yéremi Vargas, y desconozco si ellos son los dueños del secreto de su destino. Sólo sé que en su celda quisieron hablar sin reparos del caso de la niña Madeleine, desaparecida en Portugal el mismo año que Yéremi. Que también hablaron de sus correrías prohibidas con niños, pero que recibieron a nuestros agentes, a los de la Guardia Civil, con un sonoro «Fuck You». Eres preso de tus palabras, pero también de tus silencios, y este silencio ahora es la nueva línea de investigación para averiguar qué le pasó hace siete años a un niño de siete años que estaba a punto de comer con su familia cuando se lo tragó la tierra.

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