José María Albert de Paco

Memorias del fin del mundo

«Como cada año, Patricia Jacas ha custodiado, alentado, sugerido, corregido y ampliado una lista que, como ocurre en las novelas colombianas, se me ha ido de las manos, y empieza a ser tan suya como mía»

Opinión

Memorias del fin del mundo
Foto: Flavio Lo Scalzo| Reuters
José María Albert de Paco

José María Albert de Paco

De pequeño, en la playa, solía entretenerme yendo y viniendo de lo hondo con algo que demostrara que había estado allí. Fue aquella mi primera escuela de periodismo.

El 31 de diciembre de 1999, tomando el aperitivo en el bar Terra con Juanito y otros amigos, hubo alguien que propuso un brindis por el fin del mundo. Al parecer, esa noche, y debido al llamado efecto 2000, la vida, tal como la entendíamos entonces (¡atienda, Castells!), entraría en una suerte de colapso que aniquilaría a la humanidad. El Terra es un bar de borrachos donde el día en que el Madrid ganó la séptima, el paleta Trujillo (que vio el partido en el bar de al lado para evitar que, en caso de derrota, se le ciscaran los culés) entró como un miura a eso de las doce, se bajó los pantalones, se bajó los calzoncillos, se agarró la chorra y dijo: «¡campeones de Europa, sí, hijos de puta, campeones de Europa!». Juanito y yo celebramos la bravata, pero no tanto como el hecho de que Trujillo llevara unos calzoncillos del Betis; «manque pierda», clamaban a la altura del paquete. Ése era, ay, el Terra, el garito del Chino (un poco a lo Makinavaja) en el que horas antes de que el siglo y la vida tocaran a su fin, nuestro cuñado de guardia nos animó a entrechocar los quintos por penúltima vez. La razón exacta, según mal recuerdo, era que los programadores de los misiles nucleares no habían tenido en cuenta los dos dígitos y, por consiguiente, a eso de las 00.15 empezarían a llover misiles Scud sobre Barcelona. Juanito aplacó el conato milenarista con su gracejo habitual: «esta noche, el único misil que vas a ver dispararse es el tuyo, y eso con mucha suerte». Tengo, en fin, cierta experiencia en armagedones. El de este año, ciertamente abrasador, se compone de estas palabras.

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Como cada año, Patricia Jacas ha custodiado, alentado, sugerido, corregido y ampliado una lista que, como ocurre en las novelas colombianas, se me ha ido de las manos, y empieza a ser tan suya como mía.

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