Laura Fàbregas

Messi, oceánico

"Cataluña es grande cuando promociona el talento por encima de la identidad o la afiliación ideológica, cuando quiere a los mejores y no a los más obedientes"

Opinión

Messi, oceánico
Foto: Toni Albir
Laura Fàbregas

Laura Fàbregas

Vivo entre Madrid y Barcelona. En tierra de nadie. Me interesan las causas incómodas. Pero lo importante no es lo que se dice sino lo que se hace.

El Govern quiso instrumentalizar la figura de Leo Messi, pero le salió el tiro por la culata. O, en términos futbolísticos, fue el astro argentino quien les metió el gol por toda la escuadra. En la gala de entrega de la Creu de Sant Jordi floreció un hombre, hecho y derecho, frente a la masa. Cuando empezaron los cánticos gregarios, Messi permaneció en pie y callado, sin sucumbir ante los cantos de sirena de un nacionalismo que solo le premiaba para llevarle a su terreno.

El crack azulgrana demostró que es más valiente que tonto (útil), y que puede permitírselo todo: defraudar a Hacienda, ser el único sudamericano que lleva desde los 12 años en Cataluña sin que se le exija hablar catalán en el trabajo y, al mismo tiempo, recibir uno de los premios más importantes por parte del Govern.

Messi dio una lección de dignidad al no dejarse instrumentalizar. Pero sin quererlo dio otra lección que, desafortunadamente, el nacionalismo nunca entenderá. Y es que Cataluña es grande cuando más se parece el Barça. Cuando promociona el talento por encima de la identidad o la afiliación ideológica, cuando quiere a los mejores y no a los más obedientes. Cuando, en definitiva, prefiere la competencia que rige a los mejores clubs del mundo y a las sociedades abiertas, que el conformismo y abnegación inherente de la tribu.

Messi es oceánico porque es universal. Tampoco se hubiera dejado instrumentalizar en sentido opuesto. Solo pide que le dejen hacer su trabajo sin rémoras ni frenos. En el otoño caliente de 2017 ya dejó claro en su cláusula contractual que dejaría el club si dejaba de estar entre las grandes ligas mundiales. Porque el mejor Messi, como el mejor médico o maestro, nunca será el que comulga con una causa sino el que se le ofrezca y garantice un marco de libertad para poder explotar sus conocimientos. 

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