José Carlos Rodríguez

Negociar con una satrapía

«Tenemos un país débil, con un Gobierno débil. Mohamed VI lo sabe. Lo ha aprovechado hoy con la enfermedad de Ghali, pero lo puede volver a hacer con cualquier otro interés»

Opinión

Negociar con una satrapía
Foto: Antonio SEMPERE| AFP
José Carlos Rodríguez

José Carlos Rodríguez

Elegí vivir de contar lo que acaece. De todas las ideas sobre cómo debemos convivir, la libertad no me parece la peor.

A un lado de la frontera de Ceuta, y de Melilla, resiste la civilización. Al otro, se asienta un régimen orientalista, una satrapía cleptocrática; una teocracia en la que Mohamed VI es el dios, e ‘islam’ una descripción de de la relación del pueblo marroquí con el Rey.

El Gobierno español ha consentido el tratamiento del liderzuelo del Frente Polisario, Brahim Ghali, enfermo de Covid-19. Mohamed ha reaccionado abriendo la espita de la corriente de personas que necesita huir de su país. Su tierra es cicatera en oportunidades, porque el Rey las acapara todas, y las concede a cambio de apuntalar su poder y su fortuna.

En las sociedades libres no ocurre, pero bajo este régimen los pobres son más pobres para que los ricos lo sean aún más. El déspota alauí necesita contar con remesas de gente miserable para poder chantajear a su vecino. En España tenemos todo lo que cualquier persona del mundo podría desear para vivir: un lugar variado y bello, una gente tolerante y abierta, y una libertad tamizada, cuando no herida, pero suficiente para que cualquiera tome las riendas de su vida. Y quieren venir. Por supuesto que quieren venir.

Pero a un lado de la frontera de Ceuta, y de Melilla, la civilización resiste; resiste a un Gobierno mendaz, que ni conoce ni aprecia los intereses de España, que son los de los españoles. Es más, el Gobierno está presidido por un maniquí, que precisa del apoyo de los principales enemigos de España; los nacionalistas y, por qué no decirlo, los comunistas. Podemos, que hizo fortuna hablando de una nueva política como si la política no fuera siempre vieja, es el caballo de Troya de Irán y Venezuela. Y de Marruecos, merced a la desaforada vida sentimental de Pablo Iglesias.

España, bien es cierto, no ha asumido nunca que nuestro vecino entiende el apaciguamiento como una oportunidad de acrecentar su poder. Tampoco ha asumido que Marruecos acepta nuestra amistad sólo cuando demostramos fortaleza. Las relaciones civilizadas se basan en la reciprocidad y en el entendimiento de que la sumisión a unas normas comunes permite compartir beneficios futuros. Pero es con Marruecos con quien nos jugamos los cuartos, el control de las fronteras, e incluso la localización de las fronteras.

Tenemos un país débil, con un Gobierno débil. Mohamed VI lo sabe. Lo ha aprovechado hoy con la enfermedad de Ghali, pero lo puede volver a hacer con cualquier otro interés que esté en conflicto con los nuestros.

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