José Carlos Llop

Noticia de Derek Mahon

«El último legado de Derek Mahon y nos habla de cómo no estar alegres al contemplar las nubes tras la claraboya, mientras el sol se eleva a pesar de todo»

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Noticia de Derek Mahon
Foto: Wikimedia Commons
José Carlos Llop

José Carlos Llop

José Carlos Llop (Mallorca, 1956) es poeta y escritor. Su último libro de poesía, La vida distinta (Pre-Textos); de narrativa, Oriente (Alfaguara).

La flexibilidad de una lengua –en este caso la inglesa– ¿contribuye a su seducción muy al margen del colonialismo previo y acaba, de haberse dado éste, arrinconando su imposición original? ¿Son las lenguas románicas más absolutas que las sajonas o es al revés? Ninguna de las dos preguntas es retórica, sino que las planteo desde el desconocimiento de la respuesta. La literatura irlandesa primero –Joyce, Wilde o Yeats, por ejemplo, (Beckett se pasó al francés)– y después la de tantas naciones de la Commonwealth, han aportado no sólo grandes obras a la literatura en lengua inglesa, que ya es, sino autores y libros que son y han sido esenciales para su evolución. ¿Qué ha ocurrido para que hindúes, caribeños, orientales o neozelandeses –ya no hablo, por su obviedad y potencia, de norteamericanos– hayan enriquecido la literatura inglesa sin los prejuicios teñidos de política –no de amor por una lengua u otra, que es la excusa– que se han esgrimido siempre por estos pagos.

La poesía irlandesa de la segunda mitad del siglo XX ha tenido su premio nobel en el gran Seamus Heaney como lo tuvo la primera mitad en el maravilloso –y utilizo el adjetivo como Marco Polo para titular su viaje a China– W. B. Yeats. Y aunque como Heaney vengan de Yeats, tanto Patrick Kavanagh como Louis MacNeice han sido críticos con la existencia de la conciencia nacional irlandesa –otra cosa es la social– a través de la literatura y de la lengua. Mantener esta posición le fue más fácil el segundo, que se estableció en Londres, que al primero, afincado en Dublín y con fama de raro y de borracho –y para tener fama de borracho en Irlanda has de hacer muchos méritos–, cuando no de cosas peores.

De los últimos tiempos Paul Muldoon –traducido en España– y Derek Mahon –que murió hace una semana– destacan entre los poetas anglosajones y sobre los gaélicos, aunque el primero sea más de la línea Heaney y el segundo no. Pero destacar en la poesía anglosajona no es ninguna tontería porque la poesía en lengua inglesa es sin duda alguna la mejor, con diferencia, que haya dado el mundo occidental en los dos últimos siglos. En Belfast o en la isla caribeña de Santa Lucía, por mucho que aquí nos empeñemos con los nuestros, tras el mascarón de proa que es Lorca.

Derek Mahon había nacido en Belfast y conocí su poesía en un viaje a Irlanda. Fue el poeta Enrique Juncosa, que entonces dirigía el Museo de Arte Moderno, quien me lo dio a conocer regalándome dos libros: Harbour lights y Adaptations, un libro, este último en la línea de Versiones y Diversiones de Octavio Paz. Adaptations recoge sus traducciones de poemas de Horacio, Juvenal, Lucrecio, Ovidio, Sófocles, los trovadores occitanos, Ariosto o Miguel Ángel, entre los más antiguos, y Baudelaire, Rimbaud, Rilke, Cavafis, Brecht, Pasternak, Valéry, Pasolini o Jacottet, entre los modernos. Juntos configuran un mapa antológico del pensamiento poético europeo y al mismo tiempo la refinada poética teórica y sentimental de Derek Mahon, un hombre hijo de la clase obrera protestante, nacido en un suburbio de Belfast y formado en el Trinity College. Su modus vivendi fue, sobre todo, el periodismo televisivo y la adaptación de novelas a guiones para el mismo medio, pero también colaboró en The New Statesman o Vogue. Su poesía venía de MacNeice, sin olvidar a Auden y leí que otro poeta irlandés, Brendan Kennelly, lo bautizó como ‘el John Keats de Belfast con un toque Alexander Pope’. Inglaterra de nuevo.

Harbour lights se abre con un gran y extenso poema, Días de resistencia, sobre sus estancias en París y Nueva York –las dos capitales de todo arte–, donde aparecen Jack Kerouac, Les Deux Magots, El Rif, Los días tranquilos en Clichy, de Henry Miller, Ginsberg, Éluard, la Gare du Nord o Sartre y Beauvoir, como en un manifiesto de vida y cultura. El libro acaba con su versión de El Cementerio Marino, de Valéry, la mejor en lengua inglesa según críticos y académicos, y entre ambos los demás poemas, siempre apoyados en un pie literario: de Jean Rhys a Basho, de Homero a Lucrecio… ¿Culturalista? No: culto, una distinción que no siempre se entiende.

Se ha ido a los 78 años, en plena pandemia, y aquí entra la ironía –la muerte la tiene a veces– porque ha sido, precisamente, uno de sus poemas –’Everything is going to be all rigth’– uno de los más divulgados en Gran Bretaña contra la peste que nos azota. Palabras de esperanza: ‘Todo irá bien’, su título. Es el último legado de Derek Mahon y nos habla de cómo no estar alegres al contemplar las nubes tras la claraboya, mientras el sol se eleva a pesar de todo y las ciudades lejanas continúan siendo hermosas y brillantes. Él descansa en pleno baile de luces solares contemplando cómo rompe el día y las nubes van pasando ante sus ojos: todo irá bien. Y no es sólo un deseo.

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