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Xiskya Valladares

¡Ay, Europa, se nos mueren!

Ya casi ni son noticia. Pero la guerra sigue. Ellos piensan en que se acerca el invierno y necesitan llegar a un refugio antes de que el frío y el hambre los mate. Son miles y miles los que viven por los caminos fronterizos. No sé cómo andará su esperanza

Opinión
¡Ay, Europa, se nos mueren!

Ya casi ni son noticia. Pero la guerra sigue. Ellos piensan en que se acerca el invierno y necesitan llegar a un refugio antes de que el frío y el hambre los mate. Son miles y miles los que viven por los caminos fronterizos. No sé cómo andará su esperanza

Tenemos a 65.000 personas desaparecidas en Siria desde que estalló la guerra civil en 2011, la mayoría por enfermedades, tortura y ejecuciones extrajudiciales. También tenemos a 160.000 personas con derecho de asilo que deberán distribuirse en 22 países comunitarios, correspondiendo a España 14.931 (el 12,44 %). Y este pasado 8 de noviembre tenían que llegar los primeros 50 a España, pero el Ministerio del Interior ha descartado a 31 de ese grupo.

Nos hemos acostumbrado a ver la guerra, a los refugiados, a los muertos,  y a los miles de tirados por los caminos, desde nuestro cómodo sofá frente a la televisión. Y cuanto más vemos, menos nos conmueven. Cuando salió la primera foto del niño muerto sobre la playa, no se hablaba de otra cosa que de Aylan Kurdi. Todos sabíamos hasta su nombre. Después de él ha habido otros muchos, anónimos, que solo han sumado números a la lista. En nuestro intento por mostrar el dolor de esta gente, hasta nuestra sensibilidad se anestesia. La impotencia es tremenda.

Ya casi ni son noticia. Pero la guerra sigue. Ellos piensan en que se acerca el invierno y necesitan llegar a un refugio antes de que el frío y el hambre los mate. Son miles y miles los que viven por los caminos fronterizos. No sé cómo andará su esperanza. La mía ya no espera mucho de los responsables de brindarles la ayuda humanitaria que les corresponde por los tratados. Una vez más, veo que quienes no los olvidan y se ponen en acción son entidades religiosas. No será la fe tanto opio del pueblo como aún hoy algunos anticuados quieren hacer creer.

Una red intraeclesial, formada por Cáritas, la Comisión Episcopal de Migraciones, CONFER, el Sector Social de la Compañía de Jesús y Justicia y Paz, ha aprobado recientemente un marco de trabajo a favor de todos estos migrantes y refugiados. Otra vez, como muchas otras en la historia, es esa criticada Iglesia la que sin ruido, pero con constancia y eficacia, se coloca en las primeras filas a favor de los más necesitados en esta crisis humanitaria.

¿Por qué no pensar en la creación de valor compartido? ¡Ay, Europa, que se nos mueren! Somos responsables de nuestros hermanos, de nuestros coetáneos.

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