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Jorge San Miguel

Los delitos y las penas (Academy Edition)

«Mas-Colell fue con Artur Mas a Siracusa y no ha vuelto cargado de cadenas como Platón, pero le quieren meter un palo donde duele, en los dineros»

Opinión

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Los delitos y las penas (Academy Edition)
Govern de Catalunya Web

Han sido días movidos en la academia española. ¿Qué cosa es la academia? No sabemos bien, pero hablamos mucho de ella: quizás demasiado. Juan Rodríguez Teruel y otros han publicado un papel sobre el paper de los académicos en el temita catalán (The triumph of partisanship: political scientists in the public debate about Catalonia’s independence crisis). La conclusión: «más clérigos que intelectuales, con especial protagonismo en el independentismo». ¿Pero es que el agua moja?

Aunque el paper sirva para abrir boca, está por escribir el libro sobre la academia española y el procés y el golpe de 2017. Un libro compuesto de proclamas y también de estruendosos silencios. Un libro que explique, con nombres y apellidos, cómo una parte no menor de los economistas, politólogos y sociólogos españoles han ejercido dentro y sobre todo fuera de nuestras fronteras como servicio de propaganda paralelo al independentismo catalán. Junto con el estudio, también pendiente, sobre cómo periodistas concertados y «divulgadores» nos costaron seguramente varios miles de muertos adicionales durante la pandemia, pintaría un retrato al natural del estado de la conversación pública y las «élites cognitivas» en España.

En Cataluña ha habido académicos que se han callado, los ha habido que se han significado y algunos hasta se han quemado. Mis favoritos son los que formaron la sindicatura electoral del referéndum ilegal del 1-O: profesores de derecho y ciencias políticas a los que, al parecer, no se les ocurrió que involucrarse en actividades ilegales pudiera tener consecuencias. Habrá que colegir que hay gente inimputable hasta en las cátedras; y quizás más ahí que en ninguna parte. Ahora tenemos también a Mas-Colell, eterno futuro premio Nobel. De Mas-Colell ha dicho Tyler Cowen que alguien que ha escrito un manual de micro tan bello no puede haber hecho mal. Es como una Friné con bigote y nacionalista, que a la altura de 2012 andaba grabando vídeos sobre el «expoli fiscal». Mas-Colell fue con Artur Mas a Siracusa y no ha vuelto cargado de cadenas como Platón, pero le quieren meter un palo donde duele, en los dineros. El hijo, como es natural, ya se ha quejado –en inglés además, que es de mejor tono–. ¿Pero no estábamos a favor de los impuestos a la herencia? Es todo muy complicado. Lo que se adivina es que los académicos son irresponsables, como el rey, pero a su manera.

Mientras presenciábamos estos prodigios ha estallado una polémica sobre la salud mental de los doctorandos. La academia española, como Rimbaud, le ha joué des bons tours à la folie. ¿Qué fue antes, el doctorado o la salud mental? Tampoco sabemos. Pero igual el calvario mental de nuestros candidatos doctorales no es ajeno a que los departamentos universitarios, en la práctica, funcionen como una reliquia postrera de las guildas medievales, con sus jerarquías, meritoriajes y votos de obediencia; ni a la precarización de la carrera y las servidumbres en pos de un estatus diferido, con suerte, hasta entrada la cuarentena; ni a las expectativas que hemos instilado en los estudiantes para dirigirlos a la carrera investigadora, cuando muchos de ellos solo buscan al principio resguardarse unos años del frío del mercado laboral.

En todo caso, quizás sea natural que el ethos gremial de la corporación universitaria tienda a expandirse entre los interesados, y a afectar su juicio sobre todo género de cuestiones. Los códigos tardoantiguos distinguían entre honestiores y humiliores y las penas que corresponden a unos y otros, prefigurando los estamentos medievales. En el Breviario de Alarico se lee por ejemplo: «Quae omnia facinora in honestiores poena capitis vindicari placuit: humiliores vero in crucem tolluntur aut bestiis subiciuntur». En el mundo pre-Beccaria y post-becarios al que algunos nos quieren llevar igual hay que reintroducir estas categorías para saber a qué atenernos. O, por lo menos, como dice David Mejía, que nos aclare la ANECA a partir de cuántos papers revisados deja uno de ser imputable, y con cuántos toca la estatua ecuestre; a ver si, aun a costa de la cordura, nos sale a cuenta retomar lo de la tesis.

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