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Velarde Daoiz

Buenas noticias: el cambio climático salva vidas

«El desarrollo económico sin precedentes de las últimas décadas es el que ha traído aparejado un enorme incremento de las emisiones»

Opinión

Buenas noticias: el cambio climático salva vidas
Unión de uniones (EP)

Durante 2021 se han publicado dos interesantes estudios sobre mortalidad debida a la temperatura en el mundo.

El primero de ellos, elaborado por decenas de autores de la Universidad de Berna y la Escuela de Londres de Higiene y Medicina Tropical, se centra en estimar qué parte de la mortalidad debida al calor es atribuible al  cambio climático de las últimas décadas. Para ello, analiza los datos de mortalidad de 732 localidades en 43 países, entre 1991 y 2018 (no para todas las localidades analizadas hay datos de todos esos años), durante los cuatro meses de mayor calor en cada una de ellas. A continuación, y con ayuda de varios modelos climáticos, estima las temperaturas que ha habido en esas localidades durante esos meses de los años, y las compara con las que habría habido en ausencia de influencia humana en el clima, siempre según dichos modelos. No sorprendentemente, teniendo en cuenta el calentamiento global de los últimos 30 años, según esas simulaciones, se ha producido un incremento de la temperatura media en esas localidades durante esos meses de alrededor de 1,5 grados.

Posteriormente, los autores estiman estadísticamente qué proporción de los fallecimientos en cada localidad en cada uno de los escenarios (con calentamiento en los meses de calor debido a la influencia humana y en ausencia de ningún calentamiento desde 1991) se debe al exceso de calor. Su conclusión es que, en ausencia del calentamiento debido al ser humano, la proporción de muertes debidas al calor sería del 0,98% y a causa de este calentamiento hoy son el 1,56% (siempre durante los cuatro meses más calurosos del año). Es decir, que ese 0,58% «añadido», que representaría un 37% sobre el total de muertes debidas hoy al calor durante esos meses (el 1,56%), se debe al cambio climático. Este estudio se recibió con alarma por numerosos medios de comunicación. «Un tercio de las muertes por calor se debe a la crisis climática antropogénica», titulaba El Confidencial, en línea con otros medios internacionales como National Geographic: «Las olas de calor matan gente. Y el cambio climático lo está empeorando, y mucho». Otros, como El País o The New York Times eran más respetuosos con las conclusiones del estudio, y titulaban «Un tercio de las muertes por calor se debe al cambio climático». Como siempre, resulta interesante y divertida la diferencia entre lo que dicen la ciencia o los científicos y lo que los medios interpretan que dicen.

El segundo estudio, publicado algunas semanas más tarde en The Lancet y con varios autores comunes al primero, se centra en estimar qué parte de las muertes globales, regionales y locales se deben a temperaturas no óptimas, sean estas frías o calientes. Para ello, analizaron los datos de temperatura y mortalidad de 750 localidades de 43 países (ahí está la primera diferencia interesante entre ambos estudios: este estudio utiliza datos reales de temperatura, mientras el primero utilizaba los datos obtenidos por simulación con varios modelos climáticos). El incremento de temperatura media fue en este caso de 0,26 grados/década, es decir alrededor de medio grado durante esas dos décadas analizadas, muy inferior a los más de 0,5 grados por década estimados por los modelos en el primer estudio para los cuatro meses más calurosos del año. 

A continuación, utilizando un método estadístico muy similar al del primer estudio, y para el periodo comprendido entre 2000 y 2019, estimaron el número de muertes causadas por temperaturas «no óptimas» durante el periodo, y también durante los cuatrienios 2000-2003 y 2016-2019. 

Sus conclusiones:

  • El 9,43% de los fallecimientos globales se deben a temperaturas no óptimas 
  • De ellos, el 8,52% de los fallecimientos se deben a temperaturas más frías de las óptimas, y el 0,91% por temperaturas más cálidas de las ideales. Es decir, nueve de cada 10 muertes debidas a temperaturas «no óptimas» se deben al frío, no al calor 
  • Durante las dos décadas del estudio, han aumentado las muertes por calor un 0,21%. Sin embargo, han disminuido las muertes por frío un 0,51%, por lo que se ha producido una reducción neta en el número de muertes por temperaturas «no óptimas» del 0,30%. Teniendo en cuenta que el estudio habla de que más de cinco millones de personas mueren globalmente por temperaturas no óptimas, esta reducción se traduce en una disminución del número de fallecidos por esta causa superior a 150.000 personas anualmente, directamente a causa del incremento de temperaturas causado por el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero humanas
  • Sin embargo, a largo plazo, los autores advierten de que se espera que el cambio climático incremente esa mortalidad

¿Podrían ser válidas las conclusiones de ambos estudios? Teóricamente sí. Es compatible la evidencia empírica de que cada vez hay menor número de muertes debidas a temperaturas no óptimas gracias al incremento global de temperaturas, y a la vez que aumente la fracción de muertes causadas por temperaturas más cálidas de las óptimas a causa de dicho incremento de temperaturas sobre el total de las mismas.

Los ejemplos que acabo de resumir son paradigmáticos de lo que sucede alrededor del cambio climático, tanto a nivel científico como mediático:

  • Los análisis suelen centrarse en y/o resaltar solo los impactos negativos del cambio climático, obviando sus efectos colaterales positivos, cuando los hay
  • Muchos estudios prescinden de las observaciones empíricas, cuando las hay, y ponen su fe en los resultados de unos complejísimos modelos climáticos, muy útiles para muchas cosas y en constante desarrollo, y cuya media de resultados puede reflejar aceptablemente algunas cosas como la evolución global de las temperaturas (aunque habitualmente sobreestimando sus pronósticos sobre las mediciones reales), pero cuyas predicciones a nivel local y regional son mucho menos precisas (por no decir que fallan más que una escopeta de feria)
  • Los medios distorsionan y exageran esos mensajes negativos y los dotan de tintes apocalípticos (siendo recogidos estos mensajes por muchos políticos, bien sea de manera ingenua, bien para impulsar determinadas agendas ideológicas) 
  • Cuando los estudios analizan datos reales de los impactos del cambio climático hasta la fecha sus conclusiones suelen ser positivas. Sin embargo, sus pronósticos de cara al futuro son invariablemente negativos (lo llevan siendo varias décadas ya. Es posible que a partir de ahora acierten… o no). 

Cualquiera con dos dedos de frente sabe, desde siempre, que el frío mata más que el calor. De hecho, tanto en los países del Hemisferio Norte como en los del Hemisferio Sur, se producen bastantes más fallecimientos en invierno que en verano (por ejemplo, en España, en diciembre y enero de 2018 y 2019 fallecieron casi un 30% más de españoles que en junio y julio de los mismos años). Cualquiera con dos dedos de frente sabe también que el desarrollo económico nos protege de la naturaleza, de las enfermedades y de la muerte. Y si alguien lo duda, no tiene nada más que mirar la evolución de la esperanza de vida global y regional y comprobar el asombroso crecimiento que se ha producido en todos y cada uno de los rincones del planeta, especialmente en los más pobres, durante los últimos 30-40 años (los de mayor subida global de temperatura, casualmente… o no).

O la evolución del número global de fallecimientos por sucesos meteorológicos extremos, que ha descendido espectacularmente en los últimos 100 años (spoiler: es más dañina para el ser humano una naturaleza un poco más «benigna» cuando una comunidad es pobre que una bastante más «fiera» si esa comunidad está económicamente desarrollada). 

Por tanto, y teniendo en cuenta que cualquiera con dos dedos de frente sabe que el desarrollo económico sin precedentes de las últimas décadas es el que ha traído aparejado un enorme incremento de las emisiones de gases de efecto invernadero, que son las causantes del cambio climático de origen humano, cualquiera con dos dedos de frente y un gramo de honradez debería ser capaz de reconocer que, hasta la fecha, los impactos netos del cambio climático han sido claramente positivos para el ser humano. Lo que yo no había visto o cuantificado de forma tan explícita es que los impactos directos del cambio climático están salvando, hasta la fecha y previsiblemente durante varios años o décadas más (sigue muriendo mucha más gente de frío que de calor), muchas vidas humanas. Concretamente, más de 150.000 cada año.

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