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El Liberal

La economía occidental depende de líderes autocráticos

A lo largo de los años, la manera de consumir y estilo de vida occidentales ha fomentado la búsqueda de tratados y acuerdos comerciales con estados autocráticos, monarquías absolutas y dictadores. En cierta medida, somos también culpables

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La economía occidental depende de líderes autocráticos

Las telarañas de la globalización y el entramado político internacional son sin duda elaborados y difíciles, y es en esta misma complejidad que muchos nos perdemos y desistimos. Los eventos que estamos presenciando desde hace una semana entre Rusia y Ucrania han abierto portadas y siguen liderando informativos. Periodistas, analistas y expertos en política internacional cuentan y explican los hechos históricos, políticos y económicos que nos han traído hasta aquí. Pero más allá de romanticismos, lucha de poderes y el elevado coste de la gasolina, lo que nos ha traído hasta aquí somos nosotros mismos.

Occidente está basada en los valores de la democracia y los derechos humanos, y desde la Segunda Guerra Mundial la cooperación entre países europeos ha sido extraordinaria, siendo la Unión Europea un ejemplo de integración regional en los estudios de relaciones internacionales. Sin embargo, ¿cómo se ha llegado a pasar de ser escombros de la guerra a ser una potencia económica mundial? Bien, se lo debemos en parte a regímenes dictatoriales y abusivos, como Rusia, Arabia Saudí o China, quienes nos proporcionan, por orden, gas, petróleo y mercado. ¿Y entonces, dónde quedan esos valores?

Según informes del 2020 de la Unión Europea, los estados del Golfo – de cuyos sólo Kuwait tiene elecciones parlamentarias – la UE es el segundo socio comercial más importante del Golfo. En el informe se detalla que el 17.8% de los bienes importados a GCC provenían de la UE. A la inversa, la Unión Europea importó gasoil, productos mineros y productos químicos por un valor total de 29.6 billones de euros, en un año fuertemente golpeado por la pandemia, en 2019 fue de 51.7 billones de euros.

Si nos vamos a China, poder autocrático y violador de derechos humanos, la Unión Europea y China firmaron en diciembre de 2020 el Acuerdo General de Inversiones (ACI), con el que se garantiza a Europa un mayor acceso al mercado chino y un trato más justo para las empresas de la UE para poder competir más equitativamente con el gigante asiático. A pesar de las violaciones de derechos humanos que se denunciaron en la provincia de Xinjiang, ese mismo año, China pasó a ser el socio comercial más importante de la UE, superando así a los Estados Unidos, con 480 billones de euros. Sin embargo, estos datos indican solo el comercio de bienes no de servicios. Para el continente europeo, Estados Unidos sigue siendo el socio más importante en esta cuestión.

En líneas generales, y como en todo hay excepciones, la economía de los Estados Unidos y Europa están basadas en la abundancia de capital mientras que gran parte de los países de Asia, África y Latino América son como se denominan en economía ortodoxa ‘labor intensive goods’.

En otras palabras, Europa con su economía y tecnología avanzadas, accede a China con tal de sacar provecho de la ventaja comparativa del país asiático que son los bienes que requieren mano de obra, como por ejemplo la fabricación de ropa. Así pues, Europa vende la ropa fabricada en China a bajo coste, lo que aumenta su rendimiento a gran escala. En este escenario, los trabajadores de China también se benefician, pero está muy lejos de lo que ganan sus socios europeos, por lo que, en este caso, el país con mayor abundancia de capital se lleva la mayor parte del pastel. Poco falta añadir que el enriquecimiento de Europa se produce, en cierta medida, a costa de los países con mano de obra barata y donde los derechos humanos, que tanto Europa defiende, son vulnerados.

Nos expandimos un poco más y llegamos a Rusia, centro de todos los debates de la actualidad. Incluso antes de que la URSS se disolviera, el Kremlin era ya uno de los socios comerciales más importantes de la Unión Europea, basados en un acuerdo de cooperación bilateral. Sin embargo, en 2014, las relaciones se vieron afectadas por la anexión de Crimea y se implementaron sanciones al gobierno de Putin. Esto no impidió que ambos bloques siguieran haciendo negocios y, en 2020, Rusia ocupaba el quinto lugar en el ranking de los socios comerciales de la Unión. Los bienes más importantes son el gas, aproximadamente un 40% del gas europeo proviene de Rusia, y el gasoil con un 26%, según datos de la Comisión Europea. En 2012 empezaron los acuerdos para la Nord Stream 2, la cual está capacitada para llevar 55 billones de metros cúbicos de gas directos al corazón de Europa, Alemania. De enero a septiembre de 2021, la Unión Europea importó 43 billones de metros cúbicos de gas ruso. Sí Nord Stream 2, ahora suspendido tras la decisión del canciller alemán, se inaugurará la Unión Europea sería aún más dependiente de Rusia.

Tomar las calles es un ejercicio fundamental de nuestros derechos como ciudadanos, sin embargo, a lo largo de los años la manera de consumir y estilo de vida occidentales ha fomentado la búsqueda de tratados y acuerdos comerciales con estados autocráticos, monarquías absolutas y dictadores. En cierta medida, somos también culpables.

Por Olga García (@ogarciacamps)

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