THE OBJECTIVE
Celia Teixidó Guirao

El nacionalismo árabe como origen del conflicto palestino

El nacionalismo árabe es esencial para comprender la situación actual del conflicto palestino, con un Israel reacio a cualquier tipo de negociación y con una hegemonía palestina completamente fragmentada en constantes disputas

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El nacionalismo árabe como origen del conflicto palestino

Nos encontramos ante un mundo plenamente multicultural, en donde cristianos, judíos y musulmanes convivirán bajo una ideología surgida en la era contemporánea que romperá la paz territorial arábiga: el nacionalismo árabe.

Antes de adentrarse a especificar un nacionalismo tan complejo como el árabe, ha de remontarse uno al inicio del mismo, el cual tiene su origen en el calor de las revoluciones liberales de principios del siglo XIX y en la propia erección de las naciones. Al margen de cualquier tipo de debate político, el nacionalismo está basado en el ideal de un Estado liderado bajo el principio de nación y el de autodeterminación. Este germen regionalista irá evolucionando con el paso del tiempo hasta convertirse en lo que será el nacionalismo moderno. El nacionalismo moderno será, por tanto, el que influya al nacionalismo árabe, una vez extendida la educación en el mundo arábigo.

El nacionalismo moderno fijaba como sujeto nacional a una población basada no en la extensión territorial, sino en una serie de factores como la lengua y la etnia. Factores que serán asumidos a partir del siglo XVIII y que conformarán, más adelante, los fundamentos de los cuales el nacionalismo se sirva para identificarse y representarse. Será en este contexto cuando se extienda la idea de una fuerte nacionalidad árabe que conduzca sus acciones hacia un claro fin: la autonomía política.

Esta autodeterminación árabe irá evolucionando conforme evolucionen, a su vez, los nacionalismos europeos y americanos, al tiempo que adopta una forma política que traspasará los imperios coloniales y calará entre una sociedad cada vez más definida. De esta manera, a mediados del siglo XX, el nacionalismo árabe ya estaría completamente estructurado entorno a una nueva burguesía nacional surgida de los mercados nacionales modernos que tratará de respaldarse en una ideología garantizadora de la libertad individual que proteja sus intereses.

En todo este proceso de fundamentación nacionalista, surgirá un nuevo fenómeno llamado Nahda que revolucionará el panorama cultural, valiéndose de la reciente instalación de imprenta para dar lugar a una extensa publicación de escritos que enaltezcan la cultura árabe por medio de la exaltación del glorioso pasado islámico. Estamos hablando, por tanto, de un renacimiento cultural que terminaría de cimentar el sentimiento nacional.

Hecho interesante es el del imperio otomano, el cual, en sus últimos años, llevará a cabo movimientos de carácter integrista basados en la religión para hacer frente a la decadencia. Este protonacionalismo, fundamentado en la religión, basaba su ideal en la lucha frente al imperialismo occidental y provocará el surgimiento de la salafiyya, nueva idea tradicional islámica que usará el islam como arma de combate no solo contra Occidente, sino también contra los regímenes tiránicos islámicos. La salafiyya estará liderada por Yamal al-Afgani (futuro precursor del nacionalismo liberal derivado del tradicionalismo árabe) y será retomada por Muhammad’ Abduh, el cual considerará que el origen del desfase occidental que corrompía al islam tenía que ver con la ciencia y la educación. Con todo, esta reforma pan-islámica carecerá de éxito y desaparecería con la desintegración imperial.

Momento clave de esta ideología será el paso de un nacionalismo reducido con base militante a un nacionalismo que promueva el movimiento de grandes masas poblacionales. Esta transición se producirá durante la década de los mandatos, en un momento en el que los regímenes liberales, ya influidos por la tendencia nacionalista, sufran una conversión que desemboque en la instauración de estados monopartidistas de corte arabista. La extensión nacionalista se verá potenciada en el periodo de entreguerras (época que coincide, por cierto, con el inicio y el final de los mandatos) cuando, árabes de diferentes mandatos, se unan en huelgas, manifestaciones y disturbios a modo de reclamación política.

Pese a que el nacionalismo árabe es la base de todo conflicto árabe, destaca el caso de Palestina por ser éste el germen nacionalista fundamental en el desarrollo de oriente próximo. Tras la Primera Guerra Mundial, se creará el mandato británico, entendiéndose ya Palestina como una entidad política. Hecho fundamental es la vinculación del nacionalismo palestino con la oposición al sionismo, siendo este último una ideología laica con base religiosa que defendía la reivindicación del “Eretz” (la tierra de Israel), la consideración de los judíos como comunidad política y el nuevo ideal de judío (el “hebreo”). Estos enlaces con la oposición sionista desembocarán en una rebelión antisionista en 1936 en territorio palestino que cobrará la vida de más de 5.000 palestinos. Pese a los intentos europeos por apaciguar la situación, los nacionalistas no confiarán en la autoridad británica y, una vez creada la ONU, se procederá a la división de Palestina en 1948 en dos zonas: Palestina e Israel.

El nacionalismo árabe es, por tanto, esencial para comprender la situación actual de un conflicto palestino que perdurará con el tiempo, con un Israel reacio a cualquier tipo de negociación y decidido a acabar con la autoridad nacional palestina, y con una hegemonía palestina completamente fragmentada como consecuencia de las constantes disputas.

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