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Anna Grau

La fuerza de los inconsolables

«Hay cosas que efectivamente no se pueden consolar, que no admiten negociación ni aceptación. Que te mutilan a gritos y te aguantas»

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La fuerza de los inconsolables

Maite Pagarza, en un homenaje a su hermano Joseba. | EP

Perdí a mi padre de mala y abrupta manera el pasado 17 de marzo. Será mucha ley de vida, pero yo no me lo esperaba y mucho menos así. No voy a entrar en detalles excepto para precisar que por primera vez en mi existencia tuve (tengo) que enfrentarme a una pérdida neta te pongas como te pongas, a una situación sin lado bueno posible, a un luto sencillamente aplastante. Me acostumbro en el sentido de hacerme a la idea. Pero no, no se me pasa. Ni en realidad quiero que se me pase. Porque he descubierto que el desconsuelo es mi manera de protestar y de avanzar. Es mi fuerza.

Por aquellos malditos días busqué refugio en los libros, que siempre me han tratado mejor que muchas personas. Concretamente en Inconsolable, el monólogo dramático que el filósofo Javier Gomá, supongo que no por casualidad autor de una Tetralogía de la Ejemplaridad, escribió a la muerte de su propio padre. Me gustó mucho el título, bueno, y todo lo demás. Porque cuando un filósofo titula algo Inconsolable no es como cuando lo hace un poeta, que acaso sólo busque un efecto dramático. Gomá además constataba que hay cosas que efectivamente no se pueden consolar, que no admiten negociación ni aceptación. Que te mutilan a gritos y te aguantas.

Obviamente, uno no anda sin consuelo todo el día. No se podría dar un paso. Uno (una…) aprende a combinar este desconsuelo que siente con otros sentimientos más llevaderos, incluso con disfrutar, reírse, pasárselo bien. El desconsuelo metafísicamente definido por Gomá y empíricamente experimentado por servidora, y me imagino que por muchas personas más que viven lo mismo pero a lo mejor no se han parado a pensarlo en estos términos, es un dolor que se atesora. Una herida cuyos bordes se reconducen para que pueda seguir sangrando infinitamente, tiernamente, en secreto. Para que la muerte te dé patadas de vida por dentro, como un bebé en el vientre.

El desconsuelo es un dolor que se atesora

Me acordé mucho de todo esto, en el sentido de pensarlo todo de golpe y a la vez, no a sigilosos cachitos clandestinos, cuando el pasado sábado 2 de julio escuché a Maite Pagazaurtundúa, (inter nos, Maite Pagaza), radiante eurodiputada de Ciutadans, y ponente destacada del Campus Liberal celebrado en Salou, hablar de su hermano, Joseba Pagaza, asesinado por ETA el 8 de febrero de 2003.

Todo el mundo sabe que Maite Pagaza lleva media vida en política, entre otras cosas, por y para su hermano. Pero los detalles, ay, los detalles. Los hay muy esenciales y muy fáciles de olvidar para quien no los tiene metidos muy adentro, muy fijados para siempre por el ámbar del desconsuelo.

Joseba Pagazaurtundúa tenía (es de suponer que su hermana también) vínculos familiares con el nacionalismo vasco de toda la vida. Pero así como ella sólo ha militado siempre en formaciones de corte netamente constitucionalista, Joseba, con 16 añitos, probó suerte en ETA político-militar (los poli-milis), llegando a ser detenido incluso por ello. Es importante comprender y retener que todo eso ocurre todavía en vida de Franco. En 1974, Joseba se desengaña definitivamente de que por esa vía haya nada que rascar. Nada pacífico, se entiende. Abandona toda militancia política, se dedica a estudiar Empresariales, a intentar llevar una vida normal. Como si hubiera vidas normales entonces en el País Vasco. Andado el tiempo retoma el pulso político, explora todas las posibilidades que se le ocurren de desactivar aquella inmisericorde bomba asesina, pasa por Euzkadiko Ezkerra y aterriza en el PSE, el socialismo vasco previo a ciertos graves compromisos y renuncias, y en el que por aquel entonces militaba todavía su hermana Maite.

Joseba entró por oposición en la Policía Local de Andoáin. Hablamos de un tiempo y de un lugar en que un policía local hacía mucho más que poner multas de tráfico. El hermano de Maite tuvo un papel crucial, en colaboración con miembros de otros cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, lo mismo en la desactivación de comandos etarras que en la desarticulación del llamado Batallón Vasco Español, las famosas tramas negras que andado el tiempo serían el germen y la inspiración de los GAL.

¿Sirvió esto para que ETA le respetara y «perdonara» su firme rechazo a un nacionalismo bañado en sangre? En absoluto. En cierto modo, se podría decir que Joseba Pagazaurtundúa fue asesinado a cámara lenta. Se había tenido que ir de Andoáin, donde le obligaron a volver contra su voluntad en 1999, alegando que para entonces ya no corría «demasiado» peligro, a pesar de que sólo un año después se cargaron allí mismo a su amigo el periodista y fundador del Foro de Ermua José Luis López de Lacalle.

Joseba escribió varias cartas al consejero vasco de Interior denunciando que se sentía desamparado, que sentía próximo su fin a manos… de los de siempre. Ni caso. Le descerrajaron varios tiros cuando estando fuera de servicio se tomaba algo en un bar, mismo modus operandi que el empleado contra Gregorio Ordóñez. Los batasunos que gobernaban el Ayuntamiento de Andoáin votaron en contra de condenar su asesinato. Los homenajes ya se sabe para quiénes se reservan.

Maite Pagaza era entonces concejal en Urnieta y miembro de la plataforma Basta Ya. Si siempre lo había tenido claro, el desconsuelo la transformó en una amazona invencible. Hay que verla pelear a brazo partido por la paz. Y por la memoria. Defender como una leona su luto y el de todos.

En Salou nos dijo que hace pocos días soñó con su hermano. Se lo encontraba en Madrid, en una calle muy cercana al Congreso de los Diputados, y él le decía que le iban a condenar a veinte o treinta años de cárcel… Como si el asesino fuera él… Eso es el desconsuelo abriéndose paso a zarpazos en el surrealista campo onírico, advirtiendo a la hermana que sueña de que le quieren volver a matar simbólicamente al hermano ya muerto físicamente, subvirtiendo la verdad de su memoria. De nuestra memoria entera.

Cuando el dolor más privado tiene que irrumpir en el torrente sanguíneo de lo público, es que es más urgente que nunca recordar

Se hizo un silencio gigantesco en Salou, todos tuvimos que hacer sitio a toda prisa en el corazón para digerir y comprender las palabras de Maite. Nuestra cuota de su desconsuelo. Cuando el dolor más privado tiene que irrumpir en el torrente sanguíneo de lo público, cuando esa es casi la única manera de conseguir que ciertas cosas no caigan en el Olvido, que no se vaya truncando una humanidad tras otra tras otra, es que es más urgente que nunca recordar, pensar, saber. Estar todos juntos en la verdad, cada uno a su manera y con sus matices, pero sin discutir el común fuego sagrado que calienta universalmente el corazón. Dejar que ese fuego se apague es el único pecado que los dioses no perdonan, según un antiguo proverbio indio.

Todavía reciente el sueño de Maite, con todo lo que ha tenido de reverdimiento de todo tipo de desconsuelos, va y se nos muere también de repente el historiador y sacerdote jesuita Fernando García de Cortázar, un radical y cordial hombre bueno al que hace meses vi por última vez en la presentación de su libro Paisajes de España, publicado por Espasa y presentado en la librería Byron de Barcelona bajo el ala protectora y sutil de mi querida Societat Civil Catalana.

Si leerle es una delicia, oírle hablar era el éxtasis. Se lo dije al acabar el acto: «No es nada usual hoy en día escuchar un despliegue de inteligencia tan coherente, sostenida y hasta encantadora, durante tanto rato además». Su verbo era apasionante y era inagotable. Compré su libro para regalárselo a Carlos Carrizosa, que cumplía años de forma inminente, y de su puño y letra le calzó una dedicatoria que le, nos animaba, a dar más caña y más naranja que nunca, sobre todo en Cataluña. La noticia de su muerte nos ha herido a muchos con la viveza de un vínculo sentimental, familiar incluso. Ha agitado las aguas de todos los desconsuelos.

La diferencia entre estar desconsolado y estar sólo triste es que quien se niega al consuelo, se niega a pasar página, es decir, a rendirse. Conserva lo perdido no como plomo ni cera en las alas, sino como un motor supersónico que le brota al corazón. De lo perdido saca lo que puedas, es decir: a darlo todo.   

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