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La droga de las mascarillas: carta abierta a la ministra Darias

«Ya sea por inutilidad, ya por ilegitimidad, el cargo le queda grande a Carolina Darias»

Opinión
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La droga de las mascarillas: carta abierta a la ministra Darias

Mascarillas sanitarias. | Europa Press

Estimada ministra Carolina Darias:

No sé si has leído Cerocerocero de Roberto Saviano, acerca de las mafias y el negocio mundial de la droga, y específicamente de la cocaína. En sus primeros compases afirma: «Consume coca quien está más próximo a ti. Si no es tu padre o tu madre, si no es tu hermano, entonces es tu hijo. Si no es tu hijo, es tu jefe. (…) Si no es él, es la enfermera que está cambiándole el catéter a tu abuelo», y así un largo listado para concluir que si crees que ninguno de los mencionados ha consumido coca, «o bien eres incapaz de verlo, o mientes. O bien, sencillamente, la persona que la consume eres tú».

Viene a cuento todo lo anterior a raíz de la decisión de tu Ministerio de postergar sine die el uso obligatorio de mascarillas en ubicaciones como el transporte público, llevando la contraria a las directrices de uso en la práctica totalidad de Europa.

Parafrasearé a Saviano para decirte que «esa medida es totalmente inútil y lo sabe quien está más próximo a ti. Si no es tu secretario de Estado o tu presidente, es tu spin doctor, y si no es tu asesor. Si no es tu asesor, es tu técnico de salud pública. Si no es él, son las ‘personas expertas’, como tú las llamas, que si de verdad son expertas se llevarán las manos a la cabeza cada vez que hablas. Y si crees que ninguno lo considera totalmente inútil, o bien eres incapaz de verlo, o mientes. O bien, sencillamente, la persona que vive adicta a la mascarilla eres tú».

Podría perder el tiempo en mostrarte los datos que evidencian la absoluta falta de correlación entre la obligatoriedad de las mascarillas, en cualquier situación (exteriores, interiores o «algunos interiores»), y los resultados en olas de contagios, hospitalizaciones o decesos. Esos datos ya los conoces tú, y si no eres tú, tu presidente, y si no es él, tu spin doctor, etcétera. Establecer esas correlaciones es, simplemente, mentira. Y lo sabes. Si tu conciencia te permite vivir con ello, allá tú.

También podría perder el tiempo en explicarte las características técnicas de cada mascarilla, así como los requisitos para que sus usos pudieran ser mínimamente aceptables como medida de prevención ante ningún brote epidémico. Esas «personas expertas» a las que dices acudir para respaldar tu sempiterna «prudencia», si de verdad son expertas, ya te habrán dicho que el impacto máximo teórico (¡teórico!) de los mandatos poblacionales de mascarillas oscila entre el 15% y el 25%. Entenderás que esa horquilla es demasiado limitada frente a un virus de transmisión respiratoria como para atribuir ningún efecto benefactor a esta «intervención no farmacéutica». Así que una de tres: o te lo dicen, pero tú lo ocultas y mientes; o te mienten, y tú repites la mentira sin saber que lo es; o ni siquiera saben que te mienten, lo cual es más grave en su condición de «personas expertas».

Y por último, podría perder el tiempo mostrándote las infinitas trampas al solitario para establecer ese vínculo maldito entre airborne y «en el aire», con el que se ha alimentado la imaginería apocalíptica de las distopías sanitarias made in Hollywood y que han llevado a millones de personas a abrazarse a las mascarillas cual salvavidas, sin importarle si están usando algo verdaderamente eficaz, o algo tan irremediablemente magufo como un trozo de tela varias veces reutilizado, sudado, estirado y guardado de cualquier manera en cualquier lugar. Una vez más, ese vínculo entre airborne y «en el aire» reproduce una mentira. Si no lo sabes es porque, o bien no puedes verlo, o bien tú misma formas parte de la mentira. Ya sea por inutilidad, ya por ilegitimidad, el cargo se te queda grande.

Pero en lugar de perder el tiempo con esas cuestiones, lo emplearé solo para comentarte dos elementos más que relacionan tu mascaloverismo con la obra de Saviano. No te va a gustar, pero hemos venido a jugar.

Mira, querida: Cerocerocero habla de la droga. Y en eso habéis convertido las mascarillas en España: en una adicción. En honor a la verdad, no es el único país donde ha ocurrido esto, pero sí uno de los más notables. En contraste con las imágenes de normalidad que, en ocasiones desde 2020, ofrecen lugares tan diversos como Texas, Florida, el Reino Unido o Suecia, en España hasta fechas bien recientes la tónica ha sido el enmascaramiento. 

«Hemos sido el único país de Europa, y casi del mundo, que mandató durante 12 largos meses la mascarilla en cualquier situación fuera del hogar»

Todavía hoy son miles las personas que usan mascarilla, incluso paseando a su perro por una urbanización vacía, yendo a solas en el coche o haciendo deporte en la montaña o en la playa. ¿Sabes por qué? Claro que lo sabes, aunque lo niegues: porque hemos sido el único país de Europa, y casi del mundo, que mandató durante 12 largos meses la mascarilla en cualquier situación fuera del hogar. 24/7/365. De aquellos barros estos lodos.

Vosotros, Carolina, y la recua de franquitos regionales que tenemos al frente de las Comunidades Autónomas, tenéis la culpa. La maldita culpa. Por cierto que ellos, como tú, saben que mienten, o que les mienten sus «personas expertas». O, lo que es casi peor, ni siquiera lo saben. Fuentes de primera mano me han asegurado varias veces que al menos los técnicos de salud pública SÍ lo saben, y que os lo dicen, pero que miráis para Pernambuco mientras regáis «comités» nombrados ad hoc para blanquearos medidas completamente inútiles.

Claro que si hablamos de droga tenemos que hablar también de otro vocablo: mafia. No sé si sabes que hay múltiples teorías sobre el origen del término, pero me voy a quedar con dos: el árabe mahya, que significa «bravuconería, jactancia, chulería», y la expresión toscana maffia, que significa «miseria». Cualquiera de los dos dibuja con exactitud el trato que autoridades, «personas expertas», medios de comunicación mayoritarios y no poco «héroe de bata blanca» habéis dispensado a quienes llevamos dos años oponiéndonos a esta distopía de caras medio tapadas. Y que lo hemos hecho con datos en la mano, demostrando que NO hay ningún estudio en la cúspide de la jerarquía de la evidencia científica (RCT, meta-análisis) que avale los mandatos poblacionales. Nos habéis llamado de todo, y lo habéis hecho de la manera más miserable que hay: sabiendo que mentís y que mienten. O sin saberlo, que es peor.

Y por último, si hablamos de drogas y de mafias, tenemos que hablar de corrupción. Porque la corrupción es lo que alimenta la mayoría de presiones por parte de «personas expertas», medios de comunicación y líderes autonómicos. Sustanciosos contratos públicos que suponen comprar mascarillas a un precio 20 o 30 veces superior al que se compran en mercados mayoristas. Sustanciosos contratos publicitarios que permiten seguir inyectando morfina en modelos de negocio moribundos. Sustanciosos contratos de tertuliano cuñado televisivo especializado en decirnos, por enésima vez, que viene el coco; es decir, la próxima ola. Inculcando más terror, y más mentiras, y apuntalando la siguiente dosis de corrupción.

«Que las mascarillas son corrupción lo sabe quien está más próximo a ti. Si no es tu secretario de Estado o tu presidente, es tu spin doctor, y si no es tu asesor. Si no es tu asesor, es tu técnico de salud pública. Si no es él, son las ‘personas expertas’. Y si crees que ninguno lo hace por corrupción, o bien eres incapaz de verlo, o mientes. O bien, sencillamente, la corrupta eres tú.»

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