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Guadalupe Sánchez

Linchadores con perspectiva de género

«Ellos no podían prever que se iba a utilizar la cancioncita de marras como combustible para poner en marcha la máquina de la hiperventilación ideológica electoralista del Gobierno»

Opinión
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Linchadores con perspectiva de género

El circo en torno a los cánticos entonados por un grupo de universitarios en el colegio mayor Elías Ahuja de Madrid ha trascendido a la acostumbrada cortina de humo y se ha convertido en un auténtico linchamiento político, mediático e institucional. 

Los linchados no han cometido ningún delito. Desde sus habitaciones ejecutaron una coreografía destinada a las inquilinas del colegio mayor de enfrente, de la que formaba parte un canto repleto de palabras malsonantes y expresiones de mal gusto. Gente que ronda la veintena diciendo cosas como «puta» o «follar». Algo nunca antes visto, si me permiten la ironía. 

Ellos no podían prever que se iba a utilizar la cancioncita de marras como combustible para poner en marcha la máquina de la hiperventilación ideológica electoralista del Gobierno. La SER emite el vídeo, que ya llevaba un tiempo circulando por las redes sociales. Lo cataloga de acoso machista. Los eunucos mediáticos habituales muestran su profunda consternación ante la gravedad del suceso. Aparecen en escena las hienas que habitan en Moncloa, en los ministerios y en los escaños del Congreso: Pedro Sánchez, Yolanda Díaz, Irene Montero, la portavoz del PSOE… Echenique se muestra horrorizado por el terror que debieron de experimentar las jóvenes muchachas a las que iba dedicada la canción.

Se inicia entonces una competición histérica para conseguir un puesto en el pódium de la condena más histriónica. Como viene siendo tradición en este, nuestro país, el Partido Popular muerde el anzuelo y aparecen tweets contra el heteropatriarco firmados por su líder, Alberto Nuñez Feijoó, por Cuca Gamarra o por el alcalde de  la capital, Martínez Almeida. Incluso la Comunidad de Madrid retuiteó las declaraciones circunspectas de su Consejero de Justicia. Es como si no hubieran aprendido nada del famoso y deplorable episodio de los pinchazos en las discotecas que el Ejecutivo usó este verano como preludio propagandístico de la ley del «Sólo sí es sí». O del show que orquestaron en Madrid en torno a una denuncia de agresión homófoba que resultó ser falsa. Son como el perrillo al que su amo contenta con una zanahoria mientras se zampa un buen bistec. Yo ya no sé si es que no aprenden o no quieren aprender.

Cuando todos los tweets ya habían sido escritos y todas las declaraciones de condena habían sido publicadas, sucedió lo que muchos ya intuíamos que iba a suceder: se filtran los vídeos que demuestran que las chicas del colegio mayor de enfrente, el Santa Mónica, responden con su propia escenografía y cantos a los de los chicos, que participan otros colegios mayores y que se trata de una suerte de broma festiva que sucede todos los años. 

Da igual que ellas los hayan apoyado y hayan manifestado no haberse sentido en absoluto ofendidas. Su opinión no importa porque son pijas o cayetanas. Después de todo, parece que esto del «Sólo sí es sí» no consistía en poner en el centro la voluntad de la víctima, sino la del feminismo identitario. Las mujeres ya no somos dueñas ni de decidir qué es lo que nos resulta ofensivo, porque el colectivo de hermanas lo decide por nosotras.

Y como la máquina de expeler mierda no puede detenerse fácilmente una vez la han arrancado, al linchamiento político y mediático, se unió el institucional. La Fiscalía General del Estado anuncia que va a investigar los hechos por si pudieran resultar constitutivos de un delito de odio, evidenciando una vez más la degradación que sufre como consecuencia de la incuestionable e inexorable intervención política. Remata la vergonzante jugada el Defensor del Pueblo mostrando su interés por lo acontecido. Qué bochorno y qué indignación, oigan.

Ya no sólo porque no haya nada relevante que investigar ni por lo que interesarse, sino porque ayer mismamente, en Barcelona, el derecho a la libertad de expresión de los miembros de S’ha Acabat era impunemente vulnerado por los monigotes independentistas que se autoperciben como antifascistas aunque ejerzan de lo contrario. A los alumnos constitucionalistas se les amenazó abiertamente, ante el silencio cómplice de los responsables de la Universidad Autónoma de Barcelona. Ni un tweet del presidente, tampoco del líder de la oposición. Silencio de la Fiscalía y del defensor del Pueblo. 

No cabe duda alguna de que, en España, hay opresiones que interesan y otras que no. Y el interés lo marca la agenda política y no la realidad. Como muestra, la falta de rotundidad con la que han despachado las declaraciones de apoyo a las valientes mujeres iraníes, auténticas valedoras del feminismo, en las que no se han atrevido a mencionar la causa de su discriminación y el instrumento de su opresión: el hijab. Ojalá fuesen capaces de mostrar la misma prudencia con los ciudadanos de a pie que con las costumbres de los ayatolás.

En lo que a mí respecta, más graves que los cánticos de los chicos del colegio mayor me parecen las declaraciones de Rita Maestre, concejal y portavoz de Más Madrid en el consistorio de la capital. La eludida se despachó ante los micros asegurando que los gritos eran violaciones. Un derrape intolerable e impropio por parte de quien ostenta un cargo público, no sólo por el desprecio y banalización de la violencia real, sino por la imputación de una conducta delictiva tan grave a unos jóvenes que en absoluto la han cometido. Ojalá decidan no dejar el agua correr y emprendan acciones judiciales contra Maestre en restauración de su honor. 

Porque miren, señores políticos: que se linchen entre ustedes y se acusen de delitos que no han sido juzgados ni sentenciados es bastante lamentable, pero que ya impliquen a los españoles en sus batallitas culturales y los involucren en sucesos artificiales con los que justificar sus discursos y derroches presupuestarios, es del todo punto intolerable. Y más aún cuando los señalan desde sus púlpitos moralizantes preñados de hipocresía, porque el que no haya pronunciado palabras como «puta » o «follar» en contextos humorísticos y/o festivos, que tire la primera piedra. Están ustedes orgullosos de que su pulsión a la politización hiperbólica se haya saldado con la expulsión de algunos de ellos. Aunque en lo que a joder la vida al prójimo se refiere, son ustedes insaciables.

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